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LAS RUINAS DEL FUERTE DEL SOMBRERO

 

Don Pedro Moreno González nace en Santa María de los Lagos, provincia del reino de Nueva Galicia en 1775; es el hombre que habrá de darle apellido definitivo a aquél lugar; Pedro será la piedra sobre la que se refunde la ciudad, siendo ya, a partir de 1829: de Moreno. Y es de Moreno debido a la epopeya vivida por él y los suyos en el Fuerte del Sombrero, durante la época de resistencia de la Guerra de Independencia.

Luego de la captura y fusilamiento de don José María Morelos, se verán múltiples deserciones y la aceptación del indulto por parte de muchos insurgentes a quienes se glorifica al máximo hasta el día de hoy. Moreno, conocido como “El Toro”, rechaza el indulto que hubiera salvado su vida y la de los suyos, una y otra vez, según consta en la comunicación epistolar que llega a tener con distintos jefes realistas, en la que muestra su grado de heroísmo, preparación e inteligencia. Él había renunciado a una vida llena de comodidades en pos de una patria independiente. En sus viajes con pretextos comerciales con rumbo a Apatzingán, conoce los Sentimientos de la Nación escritos por Morelos y, convencido de ellos, trepa con los suyos con rumbo al cerro del Sombrero, en donde se apertrecha, instala, talleres, fundición, hospital y hasta cementerio, todo ello en compañía de los que tienen fe en una nueva patria, por la que demostrarán ser capaces de ofrendar la vida misma en grado heroico. Por más de tres años, se convertirán en flama de resistencia imperturbable, dentro del corazón mismo de la Nueva España.

Víctor Ceja Reyes escribe en su obra Pedro Moreno El Guerrillero: “Allá, en aquel crestón de extraña, rara forma, que se antoja un sombrero –que la sierra también sabe vestirse gallarda, hombruna y retadora-, un reducto que se irá haciendo famoso, que se irá haciendo una obsesión; y en el reducto ha de anidarse la esperanza de los desheredados, de los humildes que aún cargan a su espalda la pesada losa de la esclavitud, tinta en sangre y en sudor.” [1]

En el lugar se pueden ver despeñaderos enormes bordados de paisaje agreste, protegiendo los alrededores de la que fuera inexpugnable fortaleza, misma que no podría ser vencida sino a fuerza de un vil cerco de hambre y de sed.

Escribe Agustín Rivera en su Viaje a las Ruinas del Fuerte del Sombrero: “…y observé detenidamente todos los sitios de los alrededores: la hermosísima Barranca de Barbosa; el declive en la ladera de este lado, en donde estaba el cementerio y por donde salió Moreno; la alta Mesa de los Borregos, y sobre todo la falda de este cerro, que forma la ladera opuesta de la Barranca de Barbosa, en donde creía ver todavía las huellas de mi padre.”[ 2]

Xavier Mina desembarca cerca de Tampico, teniendo por objeto llevar su guerrilla hasta las montañas del sur; sólo que la Nueva España no es Navarra, y acaba guareciéndose en el Fuerte del Sombrero que hasta esa fecha funcionaba bajo el mando de Moreno, quien perderá la dirección de su gente a manos de Mina, por mandato de la Junta de Jaujilla, y verá desmoronado su esfuerzo tan sólo en tres meses, tiempo en que toda la furia del ejército realista se concentrará alrededor del Sombrero, debido a los agravios vertidos por Mina en contra de Fernando VII, y por el riesgo que representaba la traición a la corona, por parte de los criollos, que finalmente, cuatro años después, confirmaría la consumación de nuestra independencia.

Así dará inicio el terrible sitio que reúne a muchos miles de soldados alrededor del Fuerte del Sombrero, ocupado sólo por algunos cientos de personas, en su mayoría civiles, entre quienes figuran un gran número de niños, mujeres y ancianos.

Agustín Rivera escribe: “Estuve parado dentro del foso de la muralla del norte, abierto, como he dicho, en la peña viva, más poderoso que el comandante realista Liñán.” [3]

Mariano Azuela visita El Sombrero a inicios de los años treinta, para trazar el esbozo de la biografía que habrá de escribir de Moreno, imaginando ya escenas trágicas: “De los pechos más empedernidos suben sollozos y de los ojos resecos manan lágrimas de fuego, cuando en el silencio de la medianoche solemne y fúnebre, el cortejo deposita los cadáveres en el pétreo camposanto del Sombrero.” [4]

Antonio Rivera De la Torre escribe en su Monografía Histórica Mina y Moreno: “Los habitantes del fuerte seguían soportando con angustia la falta de agua que, de cuando en cuando, les distribuían las nubes como por caridad del cielo. Éste fue el mayor inconveniente del sitio, por no poder aprovecharse el líquido elemento que arrastraba un arroyo a cerca de ochocientos pasos de la fortificación.” [5]

Describe Azuela esta escena luego de una fatigosa victoria, por parte de los defensores del fuerte: “Todavía aquellos brazos temblorosos tienen alientos para tocar las campanas. Trágico repicar en que los desmayados hurras de la victoria se juntan con los alaridos de doña Nicanora Moreno, abrazada al cuerpo yerto de su esposo, a quien alcanzó una de las últimas balas. Cesó el fuego. El coronel Young, (segundo de Mina), subido en un parapeto, comenta con indignación y menosprecio la conducta de los generales enemigos, cuando una bala de cañón, disparado quizás al acaso, le separa la cabeza del tronco.” [6]

Respecto a la muerte de Young, Rivera escribe:” Los antiguos reyes de Egipto levantaban inmensas pirámides para que les sirvieran de sepulcro inmortal. La tumba de Young es más alta que las egipcias: el Cerro del Sombrero”. [7]

En la biografía del héroe Azuela escribe: “Reina un silencio trágico por los ámbitos de la montaña. Hombres como esqueletos de grandes ojos dilatados y caídas las quijadas ambulan paseando sus propios fantasmas de condenados a muerte.” [8]

“Llegó la última noche –nos escribe Rivera-. Era la última vez que Moreno vería a su amada y digna esposa y a sus tiernos hijos… con la aparente indiferencia, los ojos enjutos y el corazón patriota hecho pedazos.” [9]

Respecto al intento de rompimiento del sitio sigue detallando Rivera: “Al aproximarse a la línea de centinelas, algunos niños comenzaron a gritar; los centinelas dieron el “¿quién vive?”; no respondieron los que rompían el sitio; los sitiadores, por medio de cohetes de luz, conocieron lo que pasaba; comenzó la fusilería, los cañonazos y la carnicería en medio de la oscuridad, los alaridos de las mujeres, los gritos de los niños, la vocería de triunfo de los vencedores, los ayes de los moribundos y el ruido de la lluvia. Todo fue confusión: unos trataron de pasar al otro lado de la Barranca de Barbosa; otros se volvieron al Fuerte, entre ellos doña Rita, con sus niños…”[10]

Prosigue Rivera: “El día veinte, luego que se disipó la niebla con que estaba velado El Sombrero, como una inmensa pira, Liñán, a la cabeza de la compañía de Zaragoza y de la de Navarra, ocupó el Fuerte, no sin recibir algunos tiros de algunos de los doscientos que quedaban en él: defensa enteramente inútil e hija únicamente de la desesperación y que, sin embargo, tiene la grandeza de la última protesta de la Independencia y Libertad. [11]

“Cuando el ejército de Liñán comenzó a subir la cumbre del Sombrero precedido por las trompetas, la matrona (doña Rita), sentada en su casa, rodeada de sus cuatro hijos, dos criados y dos criadas, esperaba con ánimo varonil el destino de la Providencia.” [12]

Luego nos dice: “Un oficial condujo a doña Rita (quien se encontraba embarazada) y a sus hijos para León. Todos iban a pie, a excepción de los soldados, que iban a caballo, la niña Luisa en los brazos de una criada, y Severiano y Prudenciana en los brazos de los soldados.

“Días después fueron conducidos para Silao. A consecuencia de los muchos padecimientos físicos y morales, al día siguiente de haber llegado a Silao murió la niña Prudenciana. A los dos días abortó doña Rita. Dos días después murió el niño Severiano, que era la esperanza y el dulce alivio del pobre corazón de su madre, dejándola sumida en el dolor…” [13]

Doña Rita había perdido ya a su hijo, el joven Luis Moreno, y unos días después perdería a su esposo. Este es el cuadro trágico que debemos recordar por siempre, de la que probablemente sea la máxima heroína de toda la Guerra de Independencia, doña Rita Pérez de Moreno.

Sergio López Mena escribe: “Allí fueron fusilados doscientos hombres de Moreno, luego de que el jefe realista los obligó a demoler su fuerte. Muchos otros murieron al caer a los precipicios, cuando trataron de huir. Las desgracias de los insurgentes y la crueldad de los vencedores nos calaron muy hondo. En el lugar en el que estábamos se había derramado muchísima sangre; en realidad caminábamos sobre un sepulcro gigantesco.” [14]

Escribe Azuela: “De aquellas fortificaciones de calicanto sólo quedan huellas, derruidas por los realistas ha más de un siglo, después de su vergonzoso triunfo y de los viles asesinatos del puñado de valientes que pudieron capturar vivos, ya sucumbiendo de hambre y de sed. Un obelisco blanco, levantado por vecinos de León y de Lagos, al borde del despeñadero, rememora la gloriosa hazaña.” [15]

Del sitio del Fuerte del Sombrero, Moreno pudo salir junto con Xavier Mina, quedando separado ya para siempre de su esposa e hijos, por el interés superior de la patria. Luego de algunas pocas acciones militares, serán traicionados al pernoctar en el rancho El Venadito. Al amanecer se encuentran totalmente rodeados por los soldados realistas. Mina de inmediato es aprehendido sin oponer ya resistencia. En cuanto a Moreno, escribe Azuela: “Sobre la miseria y la bancarrota de las cosas, el espíritu soberano realiza íntegra su tragedia. Comprende que llegó su hora y da dos pasos al frente.

“Los que ambicionaron la gloria de cogerlo vivo se encuentran con una hoja de acero resplandeciente al sol, que comienza a dorar las peñas.

“Todo fue como un relámpago: una nube roja que le fulgura los ojos; que es ocaso y es aurora.” [16]

Escribe el doctor Rivera sobre la muerte de Moreno: “Los soldados quisieron coger vivo a Moreno, pero, no habiendo podido, porque él se defendió con su espada, le dieron un balazo en la cabeza (señal que conservaba ésta), cayó, le cortaron la cabeza, fueron a presentarla a Orrantia, y dejaron tirado el tronco.”

Prosigue:

“Mexicanos, no lloréis la muerte de Moreno”

“Nadie me honre con lágrimas

ni erija noble aparato funeral;

yo vivo,

y por la voz de los que existen vuelo.

“La muerte de los héroes no es entre las cataplasmas y los quejidos de la debilidad, sino entre las rocas del campo, o rodeados de la luz del cadalso.

La muerte de Moreno no pide llantos mujeriles ni cipreses funerarios, sino cien cañonazos, el sonido de las trompetas de la patria y una columna de mármol mexicano, coronada con la estatua del héroe, y con esta inscripción:

MORENO

DEFENSOR DEL SOMBRERO

DEGOLLADO POR LA PATRIA

1817” [17]

Entre quienes reposan en el mausoleo ubicado bajo la Columna de la Independencia, recordemos que Pedro Moreno es el único que muere peleando, espada en mano.

Con motivo de los festejos por nuestros centenarios, es hora de razonar y valorar el sacrificio de él y de todos los defensores del Fuerte del Sombrero, llevándolo al plano histórico nacional del que han sido injustamente borrados.

Óscar González Azuela, marzo de 2009.

Notas:

1.- Víctor Ceja Reyes.- Pedro Moreno El Guerrillero, p. 7 México, D. F. Popugráficos La Prensa. 1958

2.- Agustín Rivera.- Viaje a las ruinas del fuerte del sombrero, p. 91 México, D. F. Propaganda y Diseño, S.A. de C.V. 1999

3.- Agustín Rivera.- Op. Cit., p. 91

4.-  Mariano Azuela González.- Obras completas, tomo III p. 325 Fondo de Cultura Económica. México, D.F. 1976

5.-  Antonio Rivera De la Torre.- Mina y Moreno; monografía histórica, p. 93 editorial desconocida.

6.-  Mariano Azuela González.- Op. cit, p. 325

7.-  Agustín Rivera.- Op. Cit., p. 58

8.-  Mariano Azuela González.- Op. cit, p. 331

9.-  Agustín Rivera.- Op. Cit., p. 63

10.-  Agustín Rivera.- Op. Cit., p. 64

11.-  Agustín Rivera.- Op. Cit., p. 65

12.-  Agustín Rivera.- Op. Cit., p. 75

13.-  Agustín Rivera.- Op. Cit., p. 76

14.-  Sergio López Mena.- Participación en Radio Universidad de Guadalajara, campus Los Lagos, 104.7, FM, programa Los malpensantes, 27 de junio de 2008, 9:55 a 10:00 hrs.

15.-  Mariano Azuela González.- Op. cit, p. 1103

16.-  Mariano Azuela González.- Op. cit, p. 335

17.-  Agustín Rivera.- Op. Cit., pp. 70, 71

Se respeta ortografía de origen.

Fuente: Articulo autoría de Óscar González Azuela. . 100 años de la Revolución Mexicana.  200 años de del Inicio del Movimiento de Independencia Nacional. México 2010.

 
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