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REPÚBLICA ITINERANTE, LA RUTA DE JUÁREZ

 

Hace más de 150 años se escribió una de las épicas de la historia de este país de la que poco se habla en los libros de texto. El 17 de mayo, la ciudad de Puebla había caído ante el ejército francés y era inminente la invasión a la Ciudad de México. Benito Juárez decidió que era necesario salir de la ciudad rumbo al norte del país.

Durante cuatro años tuvo que combatir un ejército invasor, y a mexicanos imperialistas, encabezando un gobierno en bancarrota. Cruzó sierras, desiertos, se detuvo en ciudades, pasó por rancherías, llevó a cuestas el Archivo de la Nación, perdió hijos, tragó tierra de las sierras, de desierto, polvo de mares desaparecidos, cruzó cañones y se mantuvo firme, inflexible ante el intento de establecer un imperio en México, entre 1863 y 1867.

Su paso hacia el norte ha sido marcado con placas de mármol o de metal. Los sitios donde durmió, donde estuvo sólo unas horas para comer, donde se detuvo para firmar algún decreto, para tratar de reconstruir la hacienda pública, para reorganizar al ejército, para repartir tierras, para pedir favores a campesinos que se convirtieron en héroes, son señalados con letras talladas en piedra o fundidas en hierro.

En honor al Benemérito, se erigieron monumentos, se han fundido bustos y esculturas de cuerpo entero, se pintan de dorado efigies en yeso, se han erigido columnas, se esculpió su rostro en cera, se bautizaron plazas, calles, avenidas, ciudades; se han montado museos, se ha puesto su nombre a oficinas, salones y despachos.

Hermenegildo Benítez, en Tepeji del Río, cuenta que al carruaje se le rompió una rueda y se detuvo a repararla durante dos semanas. Lo real es que sólo durmió una noche en ese pueblo.

José Velázquez, cronista de San Juan del Río, relata que al ser pro imperialista, el hombre que tenía la mejor casa no le permitió a Juárez pasar la noche ahí. El Presidente, en venganza, sí pernoctó cuando regresó triunfante cuatro años después.

Eduardo Rabell, maestro en historia, asegura que la casa que ocupo Juárez en Querétaro era la de José María Arteaga, contigua a la que fuera de La Corregidora, ya anexadas ambas. A su regreso, en 1867, Juárez se hospedó una noche en el edificio del actual Archivo Histórico de Querétaro. Cerca de la medianoche bajó al mezzanine a contemplar el cuerpo embalsamado de Maximiliano.

“Era flaco, era alto, más bien era feo”, habría dicho Juárez en el único momento en que estuvo frente a su enemigo, al que no perdonó la vida.

En el Palacio de Gobierno de San Luis Potosí, Anabel, quien está a cargo de los recorridos por las habitaciones que ocupó Juárez, relata que los visitantes entran como si fuera una iglesia, en silencio.

La joven Ileana, en Congregación Hidalgo, antes Gatuño, es sucesora de los campesinos que guardaron el Archivo de la Nación, y mantiene por su esfuerzo personal y el de su familia el Museo Juarista, donde guarda una importante colección de fotos, óleos, muebles de la época, y dos reliquias de Juárez: una foto autografiada y una cartera.

Cerca de ahí, en la sierra, se localiza la Cueva del Tabaco. Cuando Benito Juárez y su comitiva sentían que el ejército francés acechaba al Presidente, decidió abandonar al que llamaba su “tesoro”; lo encargó a los campesinos para que lo escondieran en las montañas y siguió su camino. Los campesinos soportaron torturas del ejército francés pero no traicionaron a Juárez.

En Chihuahua, donde permaneció casi dos años (con idas y vueltas a Paso del Norte, hoy Ciudad Juárez), se montó un museo donde Lizdebeth relata la estancia del Benemérito.

De Juárez se veneran sus retratos en óleo, las reproducciones de fotografías, se rinde culto a las copias de su máscara mortuoria, se replican las carrozas negras en un intento de imaginar aquel recio vehículo en el que cruzó Juárez el país que aún no era una nación sino un enorme territorio semiabandonado.

La República era, durante aquellos años, una fina línea de polvo que levantaba la caravana presidencial cruzando planicies, flanqueando cañones, atravesando puentes, entrando en rancherías, llegando a ciudades y escuchando discursos de adhesión mientras en el centro del país, se afianzaba el intento imperial. Era un territorio casi desierto, marcado por el Camino Real Tierra Adentro.

Con su viaje, su estancia en todas estas ciudades, Juárez logró, tal vez sin proponérselo, crear el concepto de la nación mexicana.

Tepeji, el inicio de la aventura

La caravana encabezada por Benito Juárez salió de la Ciudad de México el 31 de mayo de 1863 rumbo al norte del país. Su primera parada ocurrió en el pueblo de Tepeji del Río, a 67 kilómetros de la capital de la República, en el actual Hidalgo.

Hermenegildo Benítez, ex profesor de primaria ya jubilado, relata una historia que ha sido transmitida desde hace varias generaciones.

“Cuentan los abuelos que a Benito Juárez se le rompió una rueda del carruaje y tuvo que detenerse a repararla en el pueblo de San Ildefonso, en Tepeji del Río. Estuvo varios días visitando comunidades, conociendo las condiciones de pobreza de los pobladores y de las rancherías.

“Platicó con las autoridades de aquel entonces y le recomendaron que se hospedara en la casa de la señora Matías, persona con recursos. Era donde podía este seguro porque tenía paredes de cantera, de tepetate y cal”, platicó Benítez en su casa de la calle Juárez del poblado.

Al paso del tiempo, la dueña de la casa la heredó y fue demolida hace años.

Actualmente, las escuelas primarias del poblado se llaman Benito Juárez y 21 de Marzo. En el patio hay un busto de yeso del Benemérito pintado de dorado.

En realidad Juárez sólo pasó una noche en Tepeji, rumbo a San Juan del Río.

Desairado en San Juan del Río

José Velázquez, cronista de San Juan del Río, cuenta que cuando Juárez llegó a ese poblado rumbo a Querétaro pretendía hospedarse en la mejor casa del lugar ubicada en el Camino Real, propiedad de un hombre apellidado Uribe; sin embargo, su dueño era pro imperialista por lo que no le permitieron pernoctar ahí.

Juárez tuvo que pasar la noche en una casa de la actual calle 16 de Septiembre y proseguir su camino al día siguiente.

“Cuando regresa ya triunfante ahora sí, dice, me quedo aquí; el señor Uribe tuvo que salir rumbo a Querétaro durante el sitio a Maximiliano”, explicó Velázquez, quien dirige el estudio de fotografías más antiguo de San Juan del Río.

Juárez salió del pueblo a través del puente que cruza sobre el río San Juan y que según Velázquez es uno de los sitios más históricos del país.

Al ser un poblado de paso desde la Ciudad de México hacia el norte, el puente era el único paso sobre el río San Juan, por lo que por ahí cruzaron el Ejército Insurgente, el ejército de Estados Unidos, Juárez y su caravana en su gobierno itinerante, y los ejércitos revolucionarios.

Llega a un Querétaro dividido

Cuando Juárez ingresa en Querétaro fue recibido en la casa de José María Arteaga. Los queretanos estaban divididos entre imperialistas y republicanos, explicó el investigador Eduardo Rabell, lo que no ofrecía las mejores condiciones para resistir al ejército francés.

Juárez sólo se quedó durante una noche en la casa de Arteaga que actualmente ha sido anexada a la que fuera casa de los corregidores Miguel Domínguez y Josefa Ortiz. De esa casa no quedan huellas ni placas conmemorativas. En medio del patio de la casa fue erigido un ascensor.

Querétaro, relata, “estaba profundamente dividida, pues mientras había padres de familia que eran imperialistas, sus hijos eran republicanos”.

Tras salir de Querétaro, Juárez se dirigió a San Miguel de Allende y Dolores.

Se establece en San Luis Potosí

El 7 de mayo de 1863 Juárez llegó a la ciudad de San Luis Potosí. Ahí reacomodó su gabinete y nombró a Manuel Doblado, Felipe Berriozábal, Ignacio Comonfort, Miguel Negrete, Sebastián Lerdo de Tejada, Jesús Terán y José María Iglesias como ministros de su gobierno itinerante. Inició la edición del Diario Oficial del Supremo Gobierno, y Francisco Zarco arrancó la publicación del periódico La independencia mexicana.

Durante seis meses se intentó reorganizar al Ejército Republicano, se inició la leva y se comenzó la planeación de la resistencia contra los franceses, lo que, sin embargo, tardó en fructificar.

Tras seis meses de estancia en San Luis Potosí, Juárez se vio obligado a retirarse hacia el norte ante el avance del ejército francés que toma la ciudad el 27 de diciembre de 1863.

Entra a un Monterrey convulso

Tras su paso por Saltillo, se dirigió a Monterrey, donde el gobernador Viadaurri se negaba a apoyarlo abiertamente. Vidaurri fortificó la ciudad y recibió al Presidente de manera fría de tal forma que tuvo que regresar a Saltillo para planear su estrategia. El 3 de abril retornó a Monterrey tras haber determinado la división de los estados de Nuevo León y Coahuila y destituir a Vidaurri.

Se mantuvo en la ciudad hasta el 15 de agosto en el edificio ubicado en el cruce de las actuales calles Mariano Escobedo y Morelos, que fue demolido para construir otro inmueble donde actualmente se encuentra una farmacia.

Cuando decidió abandonar la ciudad rumbo a Chihuahua, su ministro de Guerra lo cuestionó a lo que Juárez le explicó que la vida, desde su niñez, lo prepararon para ese tipo de hazañas. Negrete se cuadró y le dice: “Señor Presidente, con usted iremos hasta el fin del infierno”.

En Monterrey nació un hijo de Benito Juárez, además de que su hija Manuela contrajo matrimonio. Su esposa Margarita Maza y sus hijos fueron enviados a Estados Unidos.

Los héroes anónimos

Gatuño era una ranchería cercana a la cabecera municipal de Matamoros, Coahuila.

La caravana de Juárez llegó a ese caserío el 4 de septiembre de 1864 mientras escapaba del ejército francés, que ya había ocupado las ciudades donde tuvo sus dos estancias prolongadas previas, Monterrey y Saltillo.

Al llegar a Gatuño, Juárez pidió que le llevaran al hombre que conociera mejor la comarca. Le fue presentado Juan de la Cruz Borrego, a quien solemnemente le encargó la responsabilidad de tomar las 11 carretas que contenían el Archivo de la Nación y lo escondieran en la sierra.

Juan de la Cruz convenció a Julián Argumedo; Ángel, Vicente, Cecilio y Andrés Ramírez; Diego de los Santos; Epifanio, Ignacio, Telésforo y Jerónimo Reyes; Mateo Guillén; Francisco, Julián y Guillermo Caro; Guadalupe Sarmiento; Jerónimo Salazar; Pablo y Manuel Arreguín y Marino Ortiz de ayudarlo a esconder el archivo al que Juárez llamaba su “tesoro” en una gruta en la sierra llamada la Cueva del Tabaco.

Tras elegir el lugar, las carretas fueron desarmadas, los bueyes que las jalaban fueron repartidos entre los ranchos cercanos y se montó una guardia que se mantuvo permanentemente vigilando la gruta que fue escondida con rocas y arbustos. Los guardias soportaron el calor agobiante de la sierra, las heladas, nevadas, y el miedo a la tortura.

El ejército francés llegó a Gatuño, sabían que Juárez había dejado el Archivo de la Nación en esa zona. Apresaron a los hermanos Pablo y Manuel Arreguín y a Marino Ortiz.

A los hermanos los torturaron y mataron. A Ortiz le arrancaron la planta de los pies y lo hicieron caminar sobre brasas ardientes. Ninguno reveló el escondite del Archivo. Los tres fueron asesinados.

Al acercarse el triunfo de la República, Juan de la Cruz Borrego, acompañado de sus amigos campesinos fueron a retirar el “tesoro” de la cueva y lo llevaron a San Luis Potosí, para entregarlo a Juárez, quien ya esperaba el triunfo del Ejército Republicano en Querétaro.

Juárez le obsequió a Juan de la Cruz una fotografía que se hizo tomar en un estudio de San Luis Potosí, que iba acompañada de su firma.

Un descendiente de De la Cruz la donó a Luis Treviño, quien durante 50 años había estado reuniendo en una casa de Gatuño un museo creado hace 50 años en memoria de Juárez.

Actualmente se llama Congregación Hidalgo. Sigue siendo un caserío en medio del desierto, cercano a Torreón.

Ileana Treviño, hija de Luis, mantiene abierto el museo a pesar de no contar con presupuesto, de encontrarse en una zona de alta violencia, y alejada a unos 30 kilómetros de Torreón en un poblado carente de calles pavimentadas

Chihuahua lo acoge

Aligerado del peso de las carretas que trasladaban el Archivo de la Nación, Juárez siguió su camino hacia Durango, y posteriormente se internó en Chihuahua.

Arribó a la capital del estado el 12 de octubre de 1864, y se instaló en una casa junto con su gabinete. Ahí acuñó moneda, reorganizó la resistencia y recibió el apoyo incondicional de los chihuahuenses.

En las ciudades donde tuvo estancias de varios meses se dio tiempo para salir a las plazas para caminar en compañía de sus ministros; solía comer en lugares públicos, platicaba con los pobladores y recibía la adhesión hacia su gobierno.

En Chihuahua incluso se llegaron a organizar bailes en la que es ahora la Casa de Juárez, donde se montó un museo con objetos de mediados del siglo XIX, y donde se ambientan las habitaciones, la sala de estar, el despacho y la secretaría particular de la Presidencia.

Los chihuahuenses acostumbran reproducir la caravana por Chihuahua utilizando una reproducción de una carroza similar a la que usó Juárez, y actores. Debido a la inseguridad en el estado, la caravana se ha reducido en los últimos años.

Senito Juárez tuvo que salir rumbo a Ciudad Juárez el 5 de agosto de 1865, debido a la cercanía del ejército francés.

El entonces Presidente regresó a la capital de Chihuahua en los periodos del 20 de noviembre al 9 de diciembre de 1865, y del 7 de junio al 10 de diciembre de 1866.

La vuelta

El 21 de febrero de 1867 Juárez regresó a San Luis Potosí encabezando el Ejército Republicano que dirigía Mariano Escobedo.

Es en esta ciudad donde permanece mientras se realiza el sitio de Querétaro, última y definitiva batalla de la Guerra de Intervención. Al ser aprehendido Maximiliano es en San Luis Potosí donde recibe cartas pidiendo el perdón y en donde Agnes Elizabeth Winona Leclerc, conocida como la princesa de Salm-Salm, pide clemencia para el efímero emperador.

La escena es reproducida en un pequeño museo acondicionado en el segundo piso del Palacio de Gobierno, junto con un despacho que fuera ocupado por Juárez. El sitio es visitado por turistas de todo el mundo. En recuerdo de su estancia en la puerta principal del Palacio de Gobierno se colocó el Águila Republicana que identificaba a su gobierno.

En la casa de Cultura Francisco Cossío se exhibe una calesa que uso en su estancia en esa ciudad.

Es en esta ciudad donde le es devuelto el Archivo de la Nación y en retribución le regala a los campesinos de El Gatuño una fotografía autografiada. El 1 de julio sale rumbo a Querétaro.

Un instante con Maximiliano

“En 1867, Juárez regresó a Querétaro, ya triunfante de la guerra, Maximiliano ha sido fusilado y su cuerpo yace en el mezzanine del edificio que ocupa actualmente el Archivo Histórico de Querétaro.

“Venía con una compañía de avanzada, el carruaje donde estaba peregrinando y un batallón de soldados de toda índole. Se le hospedó en esta ala (oriente) por ser la de mejor clima. Después de discursos de rigor, para darle la bienvenida, donde se calificaba a Querétaro como ciudad maldita, Juárez dijo: ‘Ni traidora ni maldita, Querétaro es una ciudad que brilla por sí sola’”, comentó Rabell, investigador en historia.

Tras conversar con algunas personas, alrededor de las 11 de la noche, relató Rabell, Juárez “bajó con el ministro Lerdo de Tejada, otras dos personas y un joven que sostenía una lámpara para alumbrar. Ahí estaba el cuerpo de Maximiliano. Lo contempló en silencio unos minutos, con la mano midió la longitud del cuerpo y dijo que ‘era alto, era flaco y más bien feo’. Salieron, cerraron, fue a dormir y temprano, a las 7 de la mañana, partió rumbo a la Ciudad de México”.

La primera ocasión que Juárez pasó por Querétaro lo hizo “con la férrea decisión de sostener a la República”, la otra “con una convicción más grande todavía”.

Querétaro había sido sometida a 71 días de sitio por parte del Ejército Republicano; la ciudad estaba hundida en el hambre. Maximiliano estaba cansado, hambriento como todos en la ciudad. El efímero emperador de México logró escabullirse hasta el Cerro de las Campanas. Tomó una sábana de una tienda de campaña, la enarboló y se entregó. Presuntamente pactó con Mariano Escobedo que se le llevara a presidio bordeando la Ciudad. Fue encerrado en los conventos de Santa Cruz, Teresitas y finalmente en Capuchinas, de donde salió rumbo al patíbulo la mañana del 19 de junio de 1867.

Arribo triunfal

El lunes 15 de julio de 1867, Juárez ingresó a la Ciudad de México desde Chapultepec, donde el día previo hubo una cena de gala con su Estado Mayor. Ingresó por la Puerta de Belén y recorrió el Paseo de Bucareli.

Hizo una pausa en la esquina que hoy forman Bucareli y Reforma, donde unas niñas le entregaron unos laureles de oro, y luego se dirigió hacia las calles de la Alameda, San Francisco (hoy Juárez) y Plateros (hoy Madero) hasta el Palacio Nacional, donde escuchó salvas de honor, observó un desfile militar, le fue entregada la bandera del asta, mientras en las calles había una multitud bulliciosa que llenaba las calles y se vivía la fiesta más grande que se recordara en la capital.

En su discurso ante el Congreso, Juárez agradeció a los mexicanos por resistir y luchar contra la invasión francesa y asegurar que se había alcanzado “el mayor bien que podíamos desear, viendo consumada por segunda vez la independencia de nuestra patria” y pronunció la frase que lo inmortalizaría: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

Se respeta ortografía de origen.

Fuente: El Informador de Baja California. se publicó en: Excelsior. Ciudad de México, 26 de Mayo 2013.

 
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