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VICENTE GUERRERO: INSURGENTE, MILITAR Y PRESIDENTE AFROMEXICANO

 

Desde los libros clásicos de Gonzalo Aguirre Beltrán [1989] y Luz María Martínez Montiel [1994], muchos son los trabajos que buscan recuperar la historia de los afronovohispanos y afromexicanos y las representaciones de los mismos [Naveda, 2005]. Los archivos oficiales y eclesiásticos, los comentarios de intelectuales de la época, las obras de artistas nacionales y extranjeros hablan de la presencia de la población de origen africano y de su activa participación en la economía, la política y la sociedad novohispana. No obstante, con la Independencia y la abolición del sistema de castas, se dificulta la búsqueda de información sobre el quehacer de los afromexicanos anónimos y la visión que los contemporáneos tenían de los mismos. Una forma de superar esta limitación es conocer las representaciones que se hacían en la época de los afromexicanos más conocidos, como Vicente Guerrero.

Insurgente bajo las órdenes de Morelos, miembro del ejército nacional tras la Independencia, representante del grupo de los yorkinos en las elecciones de 1828 y presidente de la República, la labor polifacética de Vicente Guerrero marcó el ámbito social, militar y político de la primera mitad del siglo XIX. No obstante, sus contemporáneos no siempre reconocieron el papel del general. En las representaciones escritas, Guerrero es admirado y respetado por algunos, así como despreciado y objeto de insultos por sus capacidades intelectuales y su origen racial, por otros. En las representaciones visuales aparece como persona de claro origen africano, así como un miembro más de la élite decimonónica de piel clara y pelo liso, ignorando su aspecto físico real. En este ensayo se recuperarán las representaciones cambiantes y contradictorias que intelectuales y artistas del momento realizaron sobre Guerrero.

La representación escrita y visual

La representación "es el resultado de un acto cognitivo por medio del cual se produce un signo o símbolo que se instaura como el 'doble' de una presunta 'realidad' o de un 'original'". Es decir, la representación se da "a través de un proceso de percepción e interpretación de un referente, el objeto (en un sentido amplio) representado" [Victoriano y Darrigrandi, 2009: "representación"]. Esta percepción e interpretación puede realizarse en distintos soportes. En este ensayo se analizarán únicamente las representaciones verbales y visuales que se hicieron de Vicente Guerrero por parte de algunos intelectuales y artistas del siglo XIX.

En estas representaciones se juega con la pertenencia de Guerrero a la élite política y su exclusión de la misma. Como señala Silvana Rabinovich, la "frontera entre el Mismo y el Otro está custodiada por la ilusión de identidad pura, cercada por la 'experiencia interior' en su afán de definir al Yo" [Ravinovich, 2009: Alteridad]. Así, los observadores comparten la ilusión de pertenencia a una "identidad pura" en oposición al "Otro", en este caso, Vicente Guerrero. Como señala Tomás Pérez Vejo 2009, dentro de sus "esquemas conceptuales las élites mexicanas decimonónicas se definían a sí mismas y a México como una nación de raza blanca, latina y española, en lo físico, en lo moral, en lo social y en lo cultural" y Guerrero no parecía responder a esa definición [2009: 154]. De esta forma, las obras producidas por estos observadores son espejos del "mirador-mirado, el interrogador-interrogado" [Hartog, 2002:29]. Con el análisis de estas representaciones no conoceremos al general, sino a sus observadores y la visión que tenían del mismo, en ocasiones considerándole parte de su identidad, en otras como una alteridad.

Así, algunas de estas representaciones son contradictorias. Como sugiere Alfonso Mendiola, cuando existen "diferentes [...] descripciones de la realidad, se vuelve indispensable pasar por el que habla para acceder a lo real" [Mendiola, 2005:513]. Cuando Carlos María de Bustamante deja de alabar a Guerrero por su papel como defensor de la patria y comienza a insultarlo, no es Guerrero el que cambia, sino la visión que Bustamante tiene del mismo. Para comprender las diferentes apreciaciones de los intelectuales y artistas sobre Vicente Guerrero —para entender las observaciones—, debemos conocer a los observadores y su contexto.

Finalmente, además de conocer qué percepción se tenía del general, en las palabras y en los pinceles de estos observadores se descubre la percepción de la población de origen africano en la época, de esos "Otros" con los que convivían. Aunque, legalmente todos los mexicanos habían sido declarados iguales con la Independencia —a excepción de los esclavos—, en la mentalidad de algunos de los intelectuales y artistas los prejuicios raciales coloniales seguían vigentes.

Representaciones escritas de Vicente Guerrero

Como recuperan en sus trabajos Juan Ortiz Escamilla y Ben Vinson III, durante el periodo virreinal, la población de origen africano formó parte de las milicias en distintas regiones de México lo que les posibilitó la obtención de ciertos privilegios como "la exención de contribuciones", el goce del fuero militar, el derecho a "portar armas de uso exclusivo del ejército", el "afianzar su posición social y política" o "redefinió el sentido del color y permitió a un selecto grupo de milicianos revisar su posición en la sociedad colonial [2004: 326; 1995:180]. Con el estallido del movimiento insurgente, estos milicianos y la población de origen africano en general, como el resto de los habitantes de la Nueva España, tomó posiciones en el conflicto. Los trabajos de Van Young y Tutino o de intelectuales contemporáneos, explicitan que la reacción de la población de origen africano al movimiento insurgente dependió de las condiciones sociales, económicas y personales de los mismos [Van Young, 2006; Tutino, 1990; Alamán, 1852].

Aunque aún quedan muchos silencios sobre su vida, las circunstancias que llevaron a Vicente Guerrero a apoyar el movimiento insurgente son conocidas [Huerta-Nava, 2007; Vincent, 2001]. Sobre su oposición a la Constitución de Cádiz, Mier recupera en sus escritos una anécdota: el virrey "envió a brindar por la Constitución a Guerrero, el más prepotente general de los insurgentes, y según ha contado él mismo a los diputados de Cortes, oyó con sorpresa su respuesta de ser mulato y no poderse avenir con una Constitución que lo privaba de los derechos ciudadanos" [Mier, 1985:277 [1821]]. Esta resistencia a la constitución, entre otros motivos, le llevó a servir en las filas de Morelos y, tras el asesinato del mismo, a seguir la lucha en las montañas del sur.

Intelectuales contemporáneos al general, como Carlos María de Bustamante, destacaron el papel fundamental de Guerrero en la lucha por la Independencia. En enero de 1823, Bustamante critica en su diario la detención de Guerrero y sus hombres por parte de Iturbide, que "lo tenía despojado del mando, siendo así que con él únicamente contó cuando dio la voz en Iguala; le debía sus sueldos y 20 mil pesos con que contribuyó para que se hiciese la independencia" [Bustamante, 2001: 6 de enero de 1823]. Lo describe junto a Bravo como "ilustres caudillos" de la libertad de América y critica a los escritores que lo califican de patán, argumentando que "ha trabajado por hacerlo [a México] libre y feliz de muchos años atrás" [ibíd., 29 de enero de 1923]. De hecho, Bustamante ensalza la figura de Guerrero como héroe sin par:

¿Y podrá compararse [Iturbide] con un Guerrero, que jamás rindió parias a sus enemigos; que cuando toda la América sucumbió, él se mantuvo solo en la sierra de Xallaca, en Jonacatlán, en Cerro de Barrabás y en mil otras, sin ceder ni a la fuerza, ni a la seducción de empleos de Apodaca?[...] A este hombre (repito) ¿Quién podrá comparársele, cuando él solo conserva en sus manos victoriosas la tea hermosa del fuego patrio, y con ella abrasa a todo el Anáhuac para que consume la obra de su Independencia? [ibíd., 29 de enero de 1923].

Con estas palabras, Bustamante eleva la figura de Guerrero a héroe de México y de toda América por su defensa de la Independencia.

Sin embargo, tras su participación en el movimiento de insurgencia y en la consumación de la Independencia, Guerrero permaneció en las filas del ejército nacional y adquirió un papel protagónico al ser el candidato del grupo de los yorkinos a la presidencia en las elecciones de 1828. Su opositor, Manuel Gómez Pedraza, era el Ministro de Guerra y Marina y el líder de los escoceses. Periódicos como El Sol lanzaron una campaña favoreciendo la imagen de Gómez Pedraza y destacando sus principales atributos como sus "facultades intelectuales", su capacidad de elección de los mejores ministros, "su conocimiento exacto y profundo de [las instituciones mexicanas]", sus "virtudes morales", "sus costumbres austeras, su horror a la dilapidación, el juego, a la embriaguez, al libertinaje". Como Laura Solares señala, al destacarse esas cualidades de Gómez Pedraza se hacían "evidentes las carencias de su rival" [Solares, 1996:72-73].

Incluso los amigos del propio Guerrero, dudaban de sus capacidades para ser presidente. Zavala consideraba que "ningún general creía que este caudillo tuviese capacidad para dirigir grandes masas, ni la suficiente instrucción para estar a la cabeza de la nación" [Zavala, 1969:351]. Zavala reconocía que si la decisión de quién debía ser presidente se atenía "a los antiguos servicios, al nombre histórico, a la popularidad, a la pureza de intenciones, ninguno debía vacilar en que Guerrero debía ser nombrado pero si se consideraban las conveniencias sociales, las disposiciones morales, la energía y capacidad mental, era inconcusamente preferible Pedraza" [ibíd.: 355]. Así, la capacidad de Guerrero como político enérgico, inteligente y guiado por la moral era cuestionada por sus propios amigos.

Sus opositores no sólo enfatizaron las cualidades de su contrincante y las carencias del propio Guerrero, sino que emplearon su origen racial como arma para atacarlo. Cuando Guerrero se convirtió en su contrincante político, Carlos María de Bustamante cambió su percepción del "héroe insurgente". Ya en junio de 1824 empezó a criticar en sus diarios la opinión del general en cuanto al perdón de ciertos militares, pero no será hasta el periodo previo a las elecciones que sus críticas a Guerrero se agudizarían. Bustamante escribe, el 23 de enero de 1828, en sus diarios sobre los rumores de que Montes de Oca pedía "la expulsión absoluta de gachupines", acompañado de una armada de mil negros en la costa de Acapulco [Bustamante, 2001:23 de enero de 1828]. Unas semanas después, Bustamante señala que el señor don Ignacio Macaco marchó contra los mismos ya que "el negro Guerrero" no quiso "porque la sangre de las morcillas toda es negra, homogénea, etcétera. Veremos que sale de este gran pastel" [ibíd.:16 de febrero de 1828]. Además de referirse al origen racial de Guerrero como un insulto, el escritor supone que Guerrero se opone a intervenir por su consanguineidad con los miembros de la armada y no porque comparta las ideas que éstos defendían.

En otra ocasión, Bustamante se burla del aspecto físico del general. Describe a Guerrero como "un puerco cuino en lo gordo y lucio, lleno de canas y muy propio para servir de espantojo en un chilar" y en la misma línea, describe su cara como "efigie prieta y más gorda que un cuino", y a su persona como "un hombre que debiera ser porquerizo" [ibíd.:14 de febrero de 1829 y 18 de junio de 1829]. La admiración que le había rendido desaparece y al encontrarse en bandos opuestos de la política del momento, el primer elemento al que Bustamante recurre para el ataque es el origen racial de Guerrero.

Incluso, vincula este origen racial con su "maldad". El 20 de abril de 1828 recupera una conversación con Nicolás Bravo en la que aseguraba que Guerrero fingiría estar enfermo hasta que Bravo saliese del país. Bustamante consideró cierto el juicio de su coetáneo, añadiendo que "este negro cada día multiplica las pruebas de la ruindad de su alma tan negra como su tez" [ibíd.:20 de abril de 1828]. En la línea de este comentario, afirmaba el autor que "el negro Guerrero ha pasado por todos los grados de humillación y bajeza propios de su ruin cuna y de sus vicios" [ibíd.:1 de septiembre de 1828]. Así, Bustamante repite los argumentos sobre lo irredimible de la sangre africana y los vicios asociados tan comunes en los escritos de ciertos intelectuales del siglo XVIII [V., O'Crouley, 1975].

Por si los insultos a su persona fuesen poco, Bustamante no dejó escapar la oportunidad de atacar a la familia de Guerrero. El dos de noviembre de 1829 recordaba: "esta noche se ha dado un espectáculo con todas las negras que componen su familia en la plaza, donde le pusieron un tablado" al que dos centinelas "no permitían acercarse a observar aquellos monstruos de negricia", mientras que la gente que "cargó" a observarlos no "cesaba de admirar aquellas monas, pero sin quitarse el sombrero ni hacer la menor expresión de respeto" [ibíd.: 2 de noviembre de 1829]. Finalmente, acusa a la esposa de Guerrero de robar los muebles del palacio presidencial y maldice a la "familia de negrícia" [ibíd.: 26 de diciembre de 1829]. Así, aunque se declarase la igualdad ante la ley de todos los mexicanos sin importar el origen racial, éste seguía siendo considerado un factor que determinaba para algunos, el carácter de las personas y un arma a la que recurrir a la hora de atacar a los rivales políticos.

Si el origen racial de Guerrero era un problema para ciertos observadores, el apoyo que recibía de la población de origen racial mixto también fue criticado, como le ocurrió a otros libertadores americanos, tal es el caso de Simón Bolivar [Lynch, 2006]. Bustamante comentó que "mucha gente de 'color quebrado' estaba asombrada por la llegada a la presidencia de Vicente Guerrero, pues lo consideraban uno de los suyos" [apud Ávila, 2004: 62]. Según Silvia Arrom, las clases bajas podían identificarse con Guerrero por "su contexto social, su complexión oscura y la irrisión que recibía de la alta sociedad" [Arrom, 1988:258]. Asimismo, la autora considera que representaba la posibilidad de ascensión social [ibíd.:258]. Así, tanto algunos observadores de la época como historiadores actuales, coinciden en que el origen racial mixto de Guerrero hacía que ciertos grupos se sintiesen identificados con el mismo y lo apoyasen.

Tras la retirada de Guerrero de la presidencia por "ineptitud moral", no hubo otro presidente con sus características raciales, hasta la llegada al poder de Juan Álvarez, otro militar de origen racial mixto [Pavia, 1999]. A ambos se refiere Bustamante en sus diarios cuando se lamenta por la petición de Juan Álvarez de tres mil pesos para su tropa —amenazando con el saqueo—, y por la necesidad del ministro de Guerra, Francisco Moctezuma, de pedir a Guerrero negociar con los mismos. El escritor se pregunta "¿quién creería que unos negros despreciables del sur, que ni figura tienen de hombres, vendrían un día a imponer al gobierno de México y a formidar a esta ciudad [la ciudad de México]?" [Bustamante, 2001:25 de enero de 1829]. Asimismo, al igual que Vicente Guerrero, Álvarez contaba con enemigos en la prensa que criticaban a sus seguidores, los cuales fueron denominados "los pintos de Álvarez" (refiriéndose a su color de piel oscuro). En el periódico La Sociedad, del 17 de marzo al 7 de septiembre de 1858 fueron publicadas noticias sobre las ciudades tomadas por los pintos y los daños causados por los mismos.

Entre éstas, destaca la del 25 de marzo en la que se afirma que "las tres garantías de los pintos son dinero, caballos y mujeres, a quienes tratan brutalmente" y se comparan los daños efectuados por los pintos a los de las "langostas"; la noticia del 1 de abril en la que un corresponsal poblano del Mexican Extraordinary "cree ver el principio de una guerra de castas en la República" en la ocupación de Matamoros por los pintos y en las de agosto en las que mencionan los robos y desórdenes de los pintos en Maravatío. Finalmente, el 7 de septiembre se narra la reacción de los capitalinos a la entrada de los pintos en México. Ésta, "hizo aso- mar una sonrisa burlesca a los labios de los más indiferentes en política, y la grana del rubor a los frentes de los mismos liberales, y la farsa que comenzó a representarse en el palacio presidencial no tuvo más aspecto serio que las circulares de D. Juan Álvarez" [La Sociedad, 7 de septiembre de 1858:1, editorial]. De esta manera, uno de los periódicos conservadores de la época tachó a la población de origen racial mixto que apoyaba a Álvarez de ser dañinas para el país como una peste, de robar, de provocar desórdenes y de ser la raíz de un nuevo conflicto étnico.

Así, aunque el sistema de castas desapareció de la legislación, no así el racismo. Actores políticos como Guerrero y Álvarez y sus seguidores fueron atacados y señalados por su origen racial. Puede que la legislación hubiese cambiado, pero algunos observadores seguían creyendo que la sangre africana era irredimible. Cuando Bustamante quiso resaltar las virtudes de Guerrero en oposición al despotismo de Iturbide, enfatizó su papel en la insurgencia, como una de las principales figuras políticas del momento, como luchador incansable y defensor de la Independencia, ejemplo a seguir y figura opuesta al emperador. Sin embargo, en el momento en que se convirtió en su opositor político, el primer insulto al que recurrió fue su origen racial. Con ello, Bustamante parece querer convertir a Guerrero en el "Otro", diferenciándolo de la élite política de la capital y atribuyéndole maldad simplemente por su origen africano.

Lo mismo ocurre con las referencias a los seguidores de Vicente Guerrero y Juan Álvarez. Por su rivalidad política, los conservadores representaron a los afromexicanos que apoyaron a Guerrero y a Álvarez como individuos malvados que allá donde iban sembraban violencia y destrucción. En lugar de referirse al grupo por sus ideales políticos o su origen geográfico, los definieron por su origen racial: los pintos. Así, los convierten en una alteridad, en un elemento ajeno a la realidad mexicana —siendo ésta la realidad de la élite de la capital— y caracterizado únicamente por sus acciones negativas. De esta manera, aunque el sistema de castas había desaparecido, en la mentalidad de la élite conservadora capitalina, el origen africano seguía siendo un insulto, una explicación de la maldad y la violencia y un elemento ajeno a lo mexicano.

Las representaciones de Guerrero y de la población general del México independiente por parte de artistas mexicanos, refuerzan la identidad nacional que los liberales y conservadores querían construir. En lugar de representar la variedad racial —tan dominante en las obras de artistas extranjeros de la misma época—, insistieron en la homogeneidad de la población mexicana, blanqueando a Guerrero para hacerlo uno más de la élite. En su México imaginado, la presencia de la población de origen africano era incómoda, un problema para la homogeneización racial del país, una alteridad que despreciaban y condenaban.

Se respeta ortografía de origen.

Agradecimientos: Agradezco al INAH y, especialmente, a la doctora María Elisa Velázquez su gran apoyo.

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Fuente: María Dolores Ballesteros Páez. Instituto de Investigaciones doctor José María Luis Mora. Imagen: Ramon Sagredo, Vicente Guerrero. Presidencia de la Republica, Oficinas del Palacio Nacional.

 
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