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FUSILAMIENTO DE PASCUAL OROZCO, PADRE

 

POR GILDARDO MAGAÑA

Julio 19, 1913

Hemos dicho antes que el proceso que se estaba instruyendo al coronel Pascual Orozco, padre, siguió su secuela con las dificultades inherentes a la campaña que se recrudeció y con las que trajo el ataque a Huautla. Dijimos también que algunos de los procesados lograron escapar y que otros fueron puestos en libertad, habiéndoseles entregado copias de los documentos que conocemos.

El día 19 los revolucionarios iniciaron su retirada de la zona, que no pudo haberse dejado antes porque fué necesario proteger la salida de los vecinos pacíficos hacia los Estados de Puebla y Guerrero. Esta salida fué lenta y difícil, por el número y condiciones de quienes se movieron aprovechando las sombras de la noche o el fuego de los revolucionarios que no tenían sobre sus atacantes sino la superioridad de su perfecto conocimiento del terreno.

Cuando la soldadesca de Juvencio Robles, ebria de sangre y extremando él cumplimiento de las órdenes recibidas, incendiaba sin miramientos los pueblos de esa región; cuando salvajemente se estaba aplicando la pena de muerte a todo el que cayera en manos de los federales; cuando sin tregua y para proteger la salida de los vecinos pacíficos, se había combatido durante varios días; uno de ellos, en que el general Zapata hacía un recorrido por: el rumbo de "Las Escobas", encontró a los custodios de Orozco y sus compañeros de cautiverio.

En presencia de varias mujeres que huían -algunas heridas, embrazando sus pequeños hijos para salvarlos y salvarse de las tropas enfurecidas-, el general Zapata, dirigiéndose a Orozco Merino y señalándole aquellos cuadros de dolor, le dijo:

-Vea usted a esta pobre gente que sufre por culpa del Gobierno; a esta gente que trabaja para ganarse la miserable vida que lleva; a esta gente a la que se persigue porque quiere lo suyo, lo que le han arrebatado los hacendados en complicidad con los malos gobernantes; y vea usted cómo nos combate el gobierno... quemando los pueblos y los sembrados, asesinando a los pacíficos sin respetar a las mujeres. ¿A este gobierno que usted representa, quiere usted -que se llama revolucionario-, que yo me rinda?

Ordenó entonces que los prisioneros fueran pasados por las armas.

Y con el coronel Pascual Orozco, padre, fueron fusilados Luis Cajigal y Emilio Mazari, mientras densas columnas de humo, al ascender, pregonaban la obra de los federales que habían convertido aquella región en una inmensa pira.

Referencias a este documento, en: Gildardo Magaña. Emiliano Zapata y el Agrarismo en México. Tomos I a V.; Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. México, 1a ed. 1937. Edición facsimilar 1985. Tomo III. p. 286-287.

 
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