historia.jpg

Joomla extensions and Joomla templates by JoomlaShine.com
LA PROFESA. BASES PARA UNA NUEVA NACIÓN

 

ADJUNTO SE ANEXA UNA NARRACIÓN HISTÓRICA QUE ES LA PRIMERA PARTE  DE CUATRO QUE HABLAN DE EDIFICIOS HISTÓRICOS DE LA VIDA NACIONAL

LA PROFESA

Entre las calles de Madero e Isabel la Católica, en el centro histórico de la ciudad de México, una de las ciudades más pobladas del mundo, cientos de gentes pasan a diario, sin percatarse de la presencia majestuosa de una construcción virreinal que los observa, con sus pilares y campanarios absortos al paso del tiempo, y durante casi dos siglos ha guardado secretos de conspiraciones e intrigas que dieron forma al México actual, en el que hoy vivimos y que pocos mexicanos conocen. Durante las últimas décadas ha sido un celoso guardián de las obras de los principales artistas del virreinato, y es comúnmente llamada la iglesia de La Profesa.

La iglesia de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús, se llamó simplemente La Profesa, porque era el templo de residencia de los jesuitas profesos. A raíz de la expulsión de los jesuitas el templo quedó a cargo del Colegio de San Ildefonso y, hacia 1771, fue adquirido por los padres del oratorio de San Felipe Neri, y quedó bajo el nombre de San José el Real.

BASES PARA UNA NUEVA NACIÓN, LA PROFESA (1820)

Principios del siglo XIX, corre el año de 1816, todo es paz y tranquilidad en la nueva España, el Virrey Félix María Calleja, Conde de Calderón, vencedor de los insurgentes, vencedor de Hidalgo, Allende, Morelos, Jiménez, y todos aquellos que vertieron su sangre por la causa insurgente, ha logrado pacificar el virreinato, ha logrado pacificar a la Nueva España, ahora puede irse a descansar tranquilamente, su labor ha terminado como soldado leal a la corona de su amada patria.

Es hora de que tome las riendas del Virreinato el Conde del Venadito, Juan Ruiz de Apodaca, que obtuvo ese ornamental título, al vencer a Javier Mina en la hacienda que por nombre lleva el de ese ciervo pequeño, ya sólo queda un insignificante brote de insurrección en el sur, al mando de un insurgente llamado Vicente Guerrero, −muy local nada de que preocuparse­− la vida de la Nueva España debe continuar.

En la Madre patria, Fernando VII fue obligado a jurar nuevamente la constitución de Cádiz, promulgada durante la festividad de San José, por lo que fue conocida como “La Pepa”, documento de carácter liberal que lesionaba seriamente los intereses de los españoles criollos en las Colonias y de la Iglesia misma.

En la Iglesia de La Profesa, edificio dedicado al culto y a la oración, personas de alta posición social dentro de la Nueva España, entraban y salían, llevándose a cabo reuniones secretas que debían definir la historia de México, siendo estas reuniones coordinadas por el canónigo de la catedral, Matías de Monteagudo, antiguo rector de la universidad de México y encargado del oratorio de San Felipe de Neri (La Profesa) y se dice −sin haberse comprobado− que el mismo conde del Venadito asistía a aquellas íntimas reuniones.

La iglesia de La Profesa era testigo y fiel guardián de los secretos tratados en las juntas que celosamente mantenían ocultas quienes participaban en ellas, en la casa de ejercicios anexa a la nave mayor, un grupo de personajes oscuros, decidían el destino de nuestro país y redactaban El Plan de La Profesa en 1820, a favor del absolutismo y contra la Constitución de 1812 que juró Fernando VII de España, la famosa Pepa.

Entre el grupo de conspiradores de aquellas juntas secretas, surgió el nombre de un joven Coronel de 36 años, perteneciente al Ejército Realista, quien se encontraba en el retiro y que había sido acusado de malversación de fondos durante la lucha en contra de los insurgentes, siendo propuesto como el hombre idóneo para llevar la causa de La Profesa a su culminación, su nombre Agustín de Iturbide, cuyo nombre se encontraba entre los denunciantes de la conspiración de Querétaro, aquella que había dado origen a la guerra indómita y dolorosa que tanto trabajo había costado reprimir, Él era el hombre que combatió enérgicamente a los insurgentes defendiendo lealmente los intereses de la corona española, Él era el hombre que requería la causa, Él era el hombre de acción que se necesitaba, Él devolvería los beneficios del absolutismo a la clase acomodada, a la gente de bien, nada podía fallar, ¿y las acusaciones que se le imputaban?, ¡puras calumnias! ¡Gente envidiosa!, Él era un católico ejemplar, dicen que rezaba el rosario a diario, hasta en campaña, entonces de qué preocuparse.

Se rumoraba por aquellas épocas que una hermosa dama, cortesana en las altas esferas políticas y sociales, llamada María Ignacia Rodríguez de Velazco y Osorio Barba y que era mejor conocida como la Güera Rodríguez, fue la responsable de dar a conocer el nombre de aquel joven militar apodado el Dragón de fierro, en las intrigas de ese recinto de oración llamado La Profesa, y que fue ella también, la que se encargo de convencer a aquellos conspiradores de que Él era el hombre que los llevaría al triunfo de sus intereses, aquella bella mujer, que impresionó por su belleza a tantos personajes de la época, como a Von Humboldt y a Simón Bolívar, era también una dama muy activa en la política. ¿Güerita, que hubieran hecho los conspiradores sin el héroe que les ofreciste?

Fue nombrado por el mismísimo virrey Juan Ruiz de Apodaca, comandante general del sur y ascendido al grado de General Brigadier, con la misión de buscar un acercamiento a Vicente Guerrero, que mantenía la insurgencia en aquellos territorios, convencerlo de unirse a Él y declararse en rebeldía en contra del gobierno constitucional español, para devolver la corona absolutista a Fernando VII.

Con el apoyo económico de los obispos de Guadalajara y Puebla, de los comerciantes españoles y de los terratenientes criollos opuestos al liberalismo (posiblemente influidos por los conspiradores), logró equipar un ejército numeroso y, tras llegar a un acuerdo con Guerrero donde se dieron el abrazo de Acatempán, el 24 de febrero de 1821 en la población de Iguala, publicó un programa político que pasó a denominarse Plan de Iguala (o de las Tres Garantías), en el que proclamaba sus objetivos: religión, independencia y unión; ¿Independencia? Su misión era rebelarse contra el gobierno constitucional español y devolverle la corona absolutista a Fernando VII ¿Qué pasó? Ese no era el plan original por lo que se le había mandado, esa no fue la orden de los conspiradores de La Profesa, ¡Güera Rodríguez! ¿Qué pasó con tu hombre idóneo para la causa?

Durante aquellos alborotados días de principios del Siglo XIX, un ambiente nuevo se respiraba por las calles de aquella colonia española, eran los aires de libertad, y el joven Agustín, el Dragón de fierro, el hombre que combatió a los insurgentes bajo el mando del Conde de Calderón, el hombre idóneo para la causa, no cumplió con los planes de los conspiradores, era un movimiento ajeno a lo estipulado en La Profesa, ¿Qué había pasado? ¿Dónde quedaron todos los planes? ¿Dónde quedaron las órdenes recibidas? ¿Y todo el apoyo recibido por los conspiradores? ¿Y todas las ilusiones? ¿Sólo aprovechó el apoyo para su propia causa o fue obligado por las circunstancias? ¿Qué fue lo que paso? ¿Qué podían hacer?

Nada se podía hacer, lo hecho, hecho estaba, en pocos días se difundió la noticia por toda la Nueva España, una nación en la que no había muchos caminos, en una nación con poblaciones casi incomunicadas, la noticia se extendió como reguero de pólvora, desde Nuevo México hasta los territorios de Guatemala, Honduras y El Salvador, superando a cualquier sistema de correos de la época, en poco tiempo todos los habitantes de la colonia conocían y apoyaban el Plan de las Tres Garantías.

Pronto esos habitantes hablaban del General Agustín De Iturbide, al mando del Ejército Trigarante, todos se preguntaban ¿Independencia? ¿Libertad? ¿Igualdad? ¿Unión? y de pronto por todos los rincones de la Nueva España se escuchaba a viva voz ¡Viva Agustín de Iturbide!, ¡Vivan las tres garantías!, ¡Viva la independencia!

¿Qué podían hacer los conspiradores?, habían fracasado en sus planes, habían creado a un héroe, casi todos en la capital lo esperaban con júbilo, excepto ellos, unas cuantas personas conservadoras y parte del ejército realista que quedaba y que no se había unido al Ejército Trigarante,

En poco tiempo y tras breves enfrentamientos con los realistas, y una vez depuesto el Conde del Venadito de su cargo de virrey, se firmaron los tratados de Córdoba con el nuevo Jefe Político Superior y Capitán General de Nueva España, Don Juan O´Donojú, donde se estipulaba la independencia de la Nueva España; El Dragón de fierro, entra en la ciudad de México al mando del Ejército Trigarante, el 27 de Septiembre de 1821.

¿Qué había pasado? Se llegaron a preguntar los conspiradores de aquel oratorio comúnmente llamado La Profesa. Aquellos personajes que seguían siendo los más influyentes dentro de la nueva nación que se quería formar, debían encontrar la manera de deshacerse del traidor a su causa, del traidor a sus intereses, el ser que los había traicionado que no merecía más consideración que la más vil de las serpientes. Pero era imposible tocarlo, él era el héroe del pueblo, el hombre que de la noche a la mañana y gracias al apoyo que ellos le habían concedido, se había convertido en el personaje más popular y respetado de aquella nación recién nacida, y que todavía no tenía nombre ni forma.

Era Agustín de Iturbide, el que le había dado al pueblo, la libertad e independencia por la que habían derramado su sangre. Era Él, quien sin derramar más sangre de la necesaria, les había otorgado la ilusión de una nación completamente nueva; lo que Hidalgo, Allende, Aldama, Morelos, Mina y todos aquellos insurgentes buscaron con las armas y no consiguieron, Iturbide se los brindaba a manos llenas, ¿Cómo neutralizarlo? si tenía el apoyo y respeto de la población de la antigua colonia española. Fue nombrado por aclamación misma del pueblo Generalísimo y Almirante.

Después de la firma de los tratados de Córdoba se formó una regencia para gobernar el nuevo imperio, en espera de un soberano de la Casa Borbón de España, como lo estipulaban los propios tratados y el plan de las tres garantías, integrándose posteriormente un congreso constitucionalista. Todo estaba listo. Dentro de la regencia y del congreso había gente influyente de carácter conservadora, que simpatizaba con los personajes que habían tramado la conspiración de La Profesa dos años antes, había que ir sacando de la vida política poco a poco a aquel personaje que tanto los había decepcionado.

Todo era serenidad la noche del 18 de mayo de 1822, después de varios meses de oposición del congreso y de la regencia para otorgarle a Iturbide fondos para la organización del ejército y obstaculizar por todos los medios sus movimientos, esa noche de mayo una manifestación encabezada por el sargento Pio Marcha, hombre leal y cercano a Iturbide, rompió el silencio de la ciudad y al grito de ¡VIVA AGUSTÍN I, EMPERADOR DE MÉXICO! se dirigió a la casa de Iturbide, que se ubicaba en la calle de Plateros, donde se le fue uniendo gente de la población y altos jerarcas del ejército, para ofrecerle el trono del imperio Mexicano.

¿Quién podía evitar que el pueblo aclamará a su libertador como Emperador?, ¿Quién podía evitar que el héroe de México, el libertador de la Nueva España, se convirtiera en su primer gobernante?

México se convirtió en un imperio independiente, con un flamante emperador, el fracaso de los Conspiradores de La Profesa, se dio desde el momento mismo de la elección de su caudillo, ya que este tenía otros planes. ¿Cuales fueron los verdaderos planes fraguados en ese lugar de oración? ¿Cuál hubiera sido el destino de México en caso de haberse llevado a cabo lo planeado en La profesa? ¿Qué hubiera pasado si la Güera Rodríguez no hubiera propuesto a Iturbide?, sólo los conspiradores lo sabían, solo ellos conocían los planes que fraguaron con tanto sigilo y celosamente se lo llevaron a la tumba, con la plena seguridad de que su secreto quedaría para siempre entre los fríos muros de piedra de aquel oratorio, que fue un testigo mudo de lo que en su interior se planeó durante aquellas íntimas reuniones, que la historia hoy en día casi olvida, sólo las capillas y sacristía de aquella iglesia en la actualidad repletas de pinturas y obras de arte del virreinato, sólo sus pilares de cantera blanca y granito, sólo sus vitrales y retablos saben cuál era el destino que aquella gente le tenían planeado a la antigua colonia española, hoy México; sólo la iglesia de La Profesa fue testigo.

SOLDADOS DE LA FE, LA REBELIÓN DE LOS POLKOS (1847)

La Profesa con sus muros de cantera roja, sus altos campanarios, sus pilares de blanca piedra, sus grabados esculpidos por canteros mexicanos de ascendencia indígena y remodelada por el mismo Manuel Tolsá, aquel arquitecto español que terminó la catedral metropolitana e hizo del palacio de minería una obra de arte.

Este oratorio dedicado al culto y meditación durante años ha seguido de cerca los acontecimientos de la vida de la nación de la que forma parte. Veinticinco años han pasado desde aquellos turbulentos días en que la joven nación Mexicana se vio involucrada en su violento nacimiento; corre el año de 1846 y desde entonces, y a su temprana edad, sufre los males de una nación añeja.

Ha pasado por un imperio fallido, una república centralista, una república federalista, luchas intestinas de imperialistas contra republicanos, federalistas contra centralistas, conservadores contra liberales, una guerra de reconquista española, una guerra contra Tejas (con J, posteriormente comenzaría a escribirse con X); una intervención francesa llamada guerra de los pasteles, luchas de poder entre logias masónicas, luchas ideológicas por todas partes.

¡Pobre México!, todavía no ha terminado de germinar entre sus habitantes la semilla de la independencia, y ya presenta una serie de males que la han sumido en una miseria y degradación, que casi se han quedado en el olvido aquellas épocas de bonanza, cuando al auspicio de la corona Española, era considerada como una de las colonias mas ricas y poderosas de América; Han quedado en el olvido aquellas épocas en la que los jóvenes hidalgos paseaban por la alameda acompañados de bellas damas, épocas en que los carruajes se veían por doquier con hombres y mujeres elegantemente ataviados, los mercados resplandecían de productos traídos de nuestros campos, las marchantas y vendedores ofrecían sus mercancías en cada esquina de las ciudades más importantes; esas épocas de bonanza, la gente ya no las conoce, sólo conocen la pobreza y miseria, el hambre, el miedo a salir por los constantes asaltos, la leva forzada del ejército, el miedo a la guerra, sólo conocen el dolor y la muerte.

Las relaciones internacionales están cada vez más tensas sobre todo con el vecino país del norte, la nación se encuentra en banca rota con las continuas guerras externas e internas, la presión de los Estados Unidos de América, para la modificación de las fronteras y la compra de Nuevo México y la Alta California, es continua y constante, La guerra es inminente, los tambores de guerra suenan por doquier, las voces de los norteamericanos gritan ¡GUERRA!, ¡GUERRA!, ¡GUERRA!, declarándola el 13 de Mayo de 1846; México, por su parte, lo hizo el 7 de julio de 1846, casi dos meses después; la nación no está en condiciones de sostener una guerra con un país como los Estados Unidos, sin embargo el patriotismo de muchos mexicanos es imponderable −¡GUERRA, GUERRA SIN TREGUA AL QUE INTENTE DE LA PATRIA MANCHAR LOS BLASONES!− ya lo diría años después el propio González Bocanegra, en la letra del himno nacional.

Sólo un hombre sabe como actuar ante tal situación, sólo un hombre es capaz de traer serenidad a las almas de los atormentados, se considera que sólo un hombre tiene la fuerza de aplacar las facciones en pugna, sólo un hombre ha sido capaz de ser un asiduo imperialista y al mismo tiempo proclamar la república federalista, ser un defensor de la república centralista, ser un acérrimo conservador y al otro día un liberal de hueso colorado, sólo un hombre es comparado con los más grandes estrategas de la época, nuestro Napoleón del Oeste, el Escipión Mexicano, el héroe de Tampico, el incomprendido de San Jacinto, el que vertió su sangre perdiendo una pierna contra los franceses en la guerra de los pasteles, el que siempre está listo al llamado de su amada nación y dispuesto a pagar con su vida la defensa de su patria, su nombre es Antonio López de Santa Anna.

¿Dónde está el héroe de Tampico?, ¿Dónde está cuando la patria lo requiere? Se encuentra en el exilio en la bella isla de Cuba, se encuentra lejos de sus seres queridos, de su tierra amada, ¿Será posible que abandone a su patria cuando más lo necesita?, sólo por que algunos mexicanos lo consideran traidor, y que no le perdonaban lo de San Jacinto, no le perdonaban lo de Tejas y los tratados de Velasco donde perdimos a nuestra amada Tejas, no le perdonaban sus cambios constantes de bando, no le perdonaban la dictadura y sus constantes abandonos de gobierno, para refugiarse en su hacienda Manga de Clavo (El Encero, Ver.), no le perdonan el despilfarro de la hacienda Pública y del erario nacional ¿Que son unos cuantos errores?, por todo lo que él dio por la patria, él, que le dio forma a esta nación, él que siempre supo aprovechar las coyunturas políticas en su propio beneficio, ¿Quién va a venir a poner el orden político? ¿Quién es capaz de organizar al ejército para enfrentar la guerra que se aproxima? ¿Cómo va a venir a ayudar a su patria su salvador si las fronteras están cerradas y hay un bloqueo marítimo impuesto por el enemigo?

¡El héroe de la patria volvió! burló el bloqueo naval impuesto por los Estados Unidos de América, donde ni una pequeña goleta o la más humilde de las chalupas pesqueras hubiera podido pasar, ha engañado a todos los destacamentos militares en el camino a la capital, para ponerse a las órdenes de los mexicanos ¿Cómo habrá podido pasar?, ¿Cómo ha logrado engañar a los enemigos? ¡eso que importa¡ es justo el hombre que necesitábamos, justo el hombre que vino a quitar a los funcionarios del mal gobierno e imponer el suyo, él es el único que en dos meses puede armar y organizar un ejército capaz de hacer frente a los norteamericanos.

Había que organizar al ejército, había que movilizar a la nación, había que pasar de tiempo de paz a tiempo de guerra, todos los mexicanos a las armas, hay que defender la nación, ya lo cantará posteriormente el himno nacional “… Más si osare un extraño enemigo profanar con su planta tu suelo, piensa ¡OH PATRIA QUERIDA! que el cielo, un soldado en cada hijo te dio…” La leva forzada en cada población de México es activada, todo hombre, joven, niño, que pueda cargar un fusil es integrado al ejército, las escuelas y templos son convertidos en cuarteles militares, (excepto algunos estados como Yucatán que se declara neutral y Jalisco que decide no enviar apoyos por tener problemas más urgentes que atender, solo 7 estados de los 18 que conformaban la republica envían apoyos)

El país es un desastre económico, los únicos que tienen dinero y pueden salvar a la nación son la aristocracia y la iglesia, esta última que no se tocará el corazón con tal de defender con hierro sus pertenencias, aquellas pertenencias terrenales que tienen la obligación de cuidar y proteger de los hombres malvados enemigos de Dios.

La guerra ha comenzado, gracias a Dios nuestro salvador el Héroe de Tampico logró conseguir un pequeño préstamo de la iglesia y con recursos propios −que obtuvo con el sudor de su frente− ha conseguido organizar al ejército, para enfrentar al enemigo que ya ha entrado por el norte del país, desafortunadamente ni él con su ejército cansado y con hambre por el largo viaje desde San Luis Potosí, pudo vencer a un ejército bien adiestrado, con armamento moderno, y bien alimentado, trayendo consigo derrotas como la de La Angostura, ¿Qué paso con nuestro Napoleón del Oeste? Los norteamericanos casi son vencidos en el norte, pero Santa Anna decide retirarse y ceder la victoria al enemigo, solo él comprendió lo sucedido.

Valentín Gómez Farías, que es designado como presidente interino en ausencia de Santa Anna y cuyo nombre es sinónimo del mismísimo demonio, es un liberal de hueso colorado, solo se dedica a legislar y hacer leyes en pro de la democracia y buscar la manera de obtener fondos para solventar una guerra tan costosa. Preguntándose algunas gentes de aquella época ¿Y las cosas de Dios que? ¿Cómo se atreve a publicar la ley del 11 de enero y el decreto del 4 de febrero de 1847? ¿Cómo se atreve a disponer de las pertenencias de Dios para la guerra? ¿Cómo se atreve a incautar las propiedades de la Iglesia? aquellas que están destinadas para el culto divino, quién se cree ese Valentín, la guerra es culpa del mismo gobierno, ¿Por que no accedió a las peticiones de los norteamericanos? es su culpa ¡Que se las arreglen ellos solos!

¡OH, Templo de La Profesa­!, en antaño la gente se postraba ante sus altares y retablos ¿En qué se ha convertido? Ahora en 1847 eres un cuartel militar, ahora te toca cumplir con tu deber a la patria, ahora te toca albergar a un batallón de cívicos llamado Batallón Victoria, un batallón que forma parte de la guardia nacional, y que está formado por médicos, abogados, comerciantes y aristócratas en general, gente de bien, gente acomodada y bien educada que no osará profanar sus altares ni capillas, gente de la cual no se duda que demostraran su patriotismo en defensa de la nación y cuando llegue el momento darán la vida misma, para evitar verla profanada por el enemigo.

¡Los norteamericanos ya vienen!, vienen por Veracruz, vienen por la ruta de Cortés. Hay que mandar al ejército a su encuentro, hay que mandar a todos los leales ciudadanos a la defensa del país, ¡Gómez Farías! cumple con tu deber como presidente y moviliza a toda la población en defensa de la patria, hay que detenerlos antes de que se internen más en territorio nacional.

Gómez Farías le ordena al batallón independencia que forma parte de a la Guardia Nacional, que defienda la nación y se presente a encontrar al enemigo a Veracruz ¿Pero cómo mandar al frente a la gente de bien? Gente rica ¡Eso es injusto!, que manden a la plebe, la población común, gente que no tiene nada que perder, indígenas reclutados por la leva en poblaciones insignificantes. La guardia nacional es sólo para defensa de último momento, para defensa de la ciudad y de los intereses personales y de la iglesia, como se atreve Gómez Farías a semejante orden.

Los cuerpos de la Guardia Nacional estaban formados por la gente acomodada de la ciudad: los batallones Independencia, Bravos, Victoria, Mina e Hidalgo, entre otros; Eran gente conservadora y tenían influencia en la Guardia Nacional o formaban parte de ella, tenían influencia en la política, en el ejército y en la Iglesia, hombres como: Pedro María Anaya, Vicente García Torres, Mariano Salas, Luís Herrera, José María Lafragua, Mariano Otero y Lucas Balderas, entre otros. También los mayordomos de los conventos tenían participación en la Guardia Nacional.

¡OH iglesia de La Profesa!, otra vez en tu seno se fraguan conspiraciones secretas y reuniones para definir la dirección del país, otra vez eres protagonista muda de la historia nacional, otra vez gente influyente entra y sale de tu interior con secretos e intrigas que sólo tu guardas.

Con el fin de que la guardia nacional no entrara en combate, El 27 de febrero de 1847 se pronuncia en contra del gobierno de Gómez Farías, El general Matías de la Peña y Barragán, siendo nombrado general en jefe del Ejército Salvador de la Independencia y la Libertad, integrado por los batallones que formaban parte de la guardia nacional incluyendo el Batallón Victoria, que tenía su cuartel general en la iglesia de La Profesa, había que unirse a la causa, bajo pretexto de defender las cosas de Dios, las cosas divinas, hay que hacer una cruzada, hay que hacer una guerra santa si es necesario.

De la peña y Barragán publicó un Plan en donde pedía la desaparición de los Poderes Legislativo y Ejecutivo, reconocía el sistema federal y al general Santa Anna como general en jefe del Ejército Mexicano, convocaba a un nuevo Congreso para reformar la Constitución de 1824 y pedía la derogación de las leyes del 11 de enero y 4 de febrero sobre la ocupación de los bienes de la iglesia, ¿y la guerra? ¿Cómo desaparecer los poderes federales cuando hay un conflicto internacional? ¡Eso que importa!, lo importante es defender las cosas divinas, las cosas de Dios, ya se nos recompensará en el cielo por cumplir con el mandato divino.

Toda la ciudad era un campo de batalla, las balas que se disparaban por doquier e iban a impactarse sobre los edificios públicos, eran balas perdidas que podían haber servido en combate contra el invasor, era sangre derramada sobre las calles de la ciudad, mientras se requerían hombres para combatir al enemigo que entraba en las entrañas de la nación, ¡Tú Iglesia de La Profesa! Llena de barricadas y hombres parapetados sobre tus muros, ¡Tú fuiste testigo de esta egoísta revuelta! el Congreso dejó de sesionar en esta situación. Los polkos como fueron llamados estos insurrectos (por ser la polka el baile de moda entre la aristocracia del país), no tuvieron el éxito que esperaban.

El gobernador interino del distrito el Sr. Juan José Baz, emite un decreto en nombre del gobierno de la república, donde faculta al gobierno para utilizar todos los medios que estime pertinentes para acabar con la insurrección, se ofrece indulgencia a los amotinados si se unen al gobierno en defensa del país. La división comenzó a cundir entre las filas de los polkos y el gobierno contaba con elementos suficientes para combatirlos. El paso del tiempo debilitaba a los polkos y favorecía al gobierno.

Los diputados conservadores adeptos a esta revuelta, vieron como único recurso para salvar a los polkos, pedir al general Santa Anna que interviniera en el asunto. Los insurrectos se estaban debilitando con el paso del tiempo y el plan de los pronunciados se reducía a dos puntos: destituir a Valentín Gómez Farías del poder ejecutivo y derogar las leyes sobre ocupación de los bienes de la iglesia.

Inicialmente, el Napoleón del Oeste tuvo un gran disgusto por la asonada militar y ofreció enviar cuatro mil hombres a marchas forzadas para apoyar al vicepresidente y castigar a los sublevados. Pero como siempre el héroe de Tampico cambiaba de opiniones como cambiaba de calzón y el 9 de marzo desde San Luís Potosí, Santa Anna le informa a Gómez Farías que sería destituido y que con grandes sacrificios, él estaba dispuesto a tomar las riendas del gobierno, para quitar el pretexto en que se habían apoyado los revolucionarios para atacar al régimen, otra vez era mandado llamar por el pueblo, sin él haberlo buscado, era un sacrificio que tendría que hacer y que la patria requería.

Qué decepción había tenido otra vez Gómez Farías, el General Santa Anna lo traicionaba, como en 1834, el líder de los liberales escribió al caudillo unas palabras que reflejaban su resentimiento: −Con asombro y disgusto general de los fieles servidores de la patria se ha visto con profundo sentimiento, que con una mano ha levantado U. a los que estaban casi vencidos y con otra ha deprimido a los vencedores. No es la primera ocasión que U. se engaña ni ha logrado U. hacer amigos suyos a los que no lo son, ni pueden serlo; y se ha enajenado a muchos de sus verdaderos amigos−

El derrotado de San Jacinto y redimido en la guerra de los pasteles, su Alteza Serenísima como se haría llamar posteriormente, fue a México para tomar el cargo que tanto sacrificio le costaba, pero que era necesario por el bien de la nación, pero no podía entrar a la capital, pues era una humillación para él, después de sendos combates, los sublevados debían deponer las armas y el congreso mandar una comisión para que él jurara como presidente en la basílica de Guadalupe, sin entrar a la ciudad, dirigiendo estas palabras a la nación: −He tomado posesión de la primera magistratura, porque he visto que era el único medio legal de dar término a los sucesos de esta capital, y porque espero que así se podrá facilitar la prosecución de la guerra, y salvar la independencia y el honor mexicano, que deseo presentar ileso y brillante delante del mundo que nos contempla−

Otra vez iglesia de La Profesa, fuiste testigo de acontecimientos ingratos y egoístas para la nación, otra vez fuiste sede de planes e intrigas para definir la dirección de la nación, como en aquella época de 1820 en que se formaba la joven nación mexicana, otra vez tus muros son fieles guardianes de las intrigas planeadas en tu seno, pero como siempre impenetrable y herida por la metralla de las rebeliones, te mantienes firme en tus cimientos, guardando los secretos que han acontecido en tu interior y en espera de lo que le depara a la nación.

Fuente: Historia: Articulo autoría de Rodrigo Nava Amezcua. La Profesa - Testigos Mudos 1/a. parte.mexicanos.bicentenario.gob.mx

 
Joomla extensions and Joomla templates by JoomlaShine.com
Agregar a Favoritos      Ligas de Interes     Mapa del Sitio      Miembro Honorable     Fuentes/Creditos      Contacto/Buzon de Sugerencia