camino.jpg

BEATO ANACLETO GONZÁLEZ FLORES

La Ciudad de Guadalajara está consternada. La angustia y la impotencia ahogan sus gargantas. Un murmullo, como rezo, recorre las calles. Aquella tarde del viernes primero de abril de 1927 llegaba al Cuartel Colorado un piquete de soldados empujando violentamente a cuatro jóvenes que habían sido aprehendidos unas horas antes.

Ellos eran: Anacleto González Flores, dos hermanos Vargas y Luis Padilla. Habían escapado de esa redada los jóvenes acejotaemeros (miembros de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, ACJM) Antonio Gómez Robledo -posteriormente un brillante Humanista y Diplomático- y Agustín Yáñez Delgadillo -con el tiempo, gran Literato, Gobernador del Estado y Secretario de Educación Pública-, gracias a las influencias de sus padres y amigos con el Gobierno de José Guadalupe Zuno Hernández.

Luego de ser maltratados los prisioneros, los esbirros se ensañaron con Anacleto, lo colgaron de los pulgares y lo acosaron con groserías y preguntas para que delatara el sitio donde se encontraba oculto el Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez.

Le pedían, además, que diera los nombres de los dirigentes de la Unión Popular. Ante su silencio, Anacleto fue herido por la espalda a bayoneta calada. Y, ya a punto de muerte, fue arrastrado al patio del Cuartel para ser fusilado junto con sus compañeros. Pronto, los cuatro cuerpos yacerían en medio de un charco de sangre.

Lo que siguió fue un cuadro de lo más desolador: El Cuartel Colorado se teñía de rojo, rememorando la roja tierra de Tepatitlán, tierra natal del Mártir. El crepúsculo de ese día canicular también enrojecería a jirones el cielo.

Fuente: Luis de la Torre Ruiz / El Semanario de Guadalajara. 1 de abril. Archivado en Iglesia católica en México, Cristianismo.

 
Joomla extensions and Joomla templates by JoomlaShine.com
Agregar a Favoritos      Ligas de Interes     Mapa del Sitio      Miembro Honorable     Fuentes/Creditos      Contacto/Buzon de Sugerencia