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FELIPE BERRIOZABAL Y SU ÍMPETU DE PATRIOTISMO

 

En el Aula Magna, recinto de ceremonias inéditas e inolvidables de la Universidad Autónoma del Estado de México, brilla el pensamiento “El hombre pasa pero la obra queda” de uno de sus grandiosos institutenses Adolfo López Mateos. Quien como Presidente de la República afirmaba que México lucha incansablemente por acrecentar el respeto a la dignidad del hombre como sujeto de la justicia social, por la libertad e independencia de los pueblos y por la soberanía de los estados con todos sus atributos como el decidir libremente respecto de sus asuntos internos y externos.

Dicho pensamiento con un matiz de investidura y de amor a la patria, bien se lo merece un personaje que participó durante la intervención norteamericana (1846-1848), la guerra de tres años o de reforma (1858-1861) y la intervención francesa de 1862, y que fue catedrático del Instituto Literario del Estado de México de siglo XIX. Una institución educativa que había adquirido su restablecimiento definitivo señalado por el decreto número 28 de 7 de noviembre de 1846,[1] así como la aprobación de su Reglamento que establecía las materias a enseñarse y el nombramiento de su Director, el abogado Felipe Sánchez Solís (1816-1880).[2]Nos estamos refiriendo al ingeniero Felipe B. Berriozábal (1827-1900), quien impartió el primer curso de matemáticas de los estudios preparatorianos en 1848.[3]

Este distinguido personaje de origen zacatecano, nació el 23 de agosto de 1827[4]. Quedó huérfano y pobre, muy joven.[5] Más su espíritu de lucha por conseguir una vida digna y honorable le llevó a trabajar arduamente con economías fructíferas y a entregarse al estudio de la escuela básica, elemental o de primeras letras, a modo que le permitieron trasladarse a la ciudad de México para incorporarse de alumno del Colegio Nacional de Minería. Este colegio ofrecía los estudios preparatorios (3 años) y las carreras de Agrimensor (4 años), Ensayador (5 años), Apartador de Oro y Plata (6 años), Beneficiador de Metales (7 años), Ingeniero de Minas (9 años), Geógrafo (8 años) y Naturalista (7 años).[6]

El espacio académico del Colegio Nacional de Minería se distinguía porque además de practicar el aprendizaje del conocimiento científico, también, inducía a la práctica de la disciplina en las actividades con la mira de formar el carácter del alumno. Entre las conductas prevalecientes del ambiente figuraba el amor a la patria con el valor cívico de defenderla.

En 1845, los alumnos del Colegio estuvieron enterados del derrocamiento y destierro del presidente tirano como le llamaban, Antonio López de Santa Anna (1795-1877), y del llamado a la presidencia del general José Joaquín Herrera (1792-1854). A igual que una multitud de personas acomodadas y de jóvenes distinguidos, ellos estaban decididos a tomar las armas en defensa de la libertad y la patria, uno fue Felipe B. Berriozábal. Ellos, los alumnos, realizaron una petición al ministro de guerra, Pedro García Conde, que el Diario del Gobierno de la República reprodujo y entre otras cosas decía:

Nuestros deseos se hubieran limitado hasta aquí si el general Santa-Anna, escuchando la voz de la razón cediera a las órdenes de los que hoy rigen por la voluntad nacional, y no nos trajera la guerra, como debemos esperarlo de su malvado carácter,… … la población entera está en el preciso caso de procurar que el tirano no entre, y para ello es necesario contar con los brazos de todos los buenos mexicanos. ¡Cuánto más honroso será morir defendiendo la libertad que arrastrar después duras cadenas!

Nosotros jóvenes en quienes el ardor sagrado del amor a la patria arde tanto, nuestros pechos están para oponerlos al fuego del Nerón mexicano. Nosotros, colegiales de Minería, juramos ante usted que si se cree que nuestra sangre puede ser útil al bien general, estamos dispuestos a derramarla en el campo y le suplicamos que acepte esta oferta que gustosos y con tal voluntad le hacemos a la causa común.

Aprovechamos la ocasión para asegurarle las consideraciones de nuestro respeto y cariño. Próspero Goyzueta, Teodoro Castillo, Gaspar Sánchez, José Salazar Ilrregui, Juan J. Sánchez, Pablo Esparza, Felipe B. Berriozábal y otros.[7]

La contestación del ministro de guerra fue pronta. Agradeció su entrega a México. La petición le enorgulleció, haciéndoles saber que se recurriría a ellos cuando el gobierno se viera obligado a usar de medios extremos.

El valor temerario de Berriozábal lo manifestó cuando se enteró que las tropas americanas del general Winfield Scott (1786-1866) desembarcaron en el puerto de Veracruz para dirigirse hacia la capital de la República Mexicana, en 1847; aunque el Congreso de Estados Unidos con el presidente James K. Polk (1795-1849), había declarado la guerra a México, en mayo de 1846. Entonces el alumno solicitó permiso al Colegio Nacional de Minería para dedicarse a organizar guerrillas, al igual que sus compañeros Juan Matute y Blas Múzquis.[8]

El espíritu de lucha del alumno Berriozábal siempre fluyó en su sangre e inteligencia, el cual lo manifestó en la batalla de agosto de 1847, en el convento de Santa María Churubusco. Entonces al ejército invasor se le dificultó rendirse de los defensores mexicanos comandados por los generales Pedro María Anaya (1795-1854) y Manuel E. Rincón. Sobre todo, porque se les unió el contingente americano San Patricio, conformado por irlandeses.

También, el haber dado la vida los jóvenes cadetes del Castillo de Chapultepec, ante el ataque del ejército estadounidense del general Winfield Scott el 13 de septiembre de 1847, fue para el alumno F. Berriozábal una tristeza y, a la vez, un orgullo de retroalimentación a su espíritu de valentía.

A principios de 1847 el edificio del Colegio Nacional de Minería fue ocupado por los bandos invasores y destinado a servir de cuartel. Más las clases continuaron abiertas y se celebraron exámenes. Esto fue muestra de la eficacia de los profesores y la sorprendente instrucción de los alumnos.[9]

Para febrero 2 de 1848 se llegó a la paz, con la firma de su tratado en la villa de Guadalupe Hidalgo, cercana a la ciudad de México. Por el país firmó don Manuel de la Peña y Peña (1794-1854), encargado de la presidencia, con el comisionado de paz estadounidense Nicholas P. Trist (1795-1849).

Para ese año 1848, Berriozábal se incorporó a los estudios de la carrera de ingeniería en agrimensura en el Colegio Nacional de Minería. Más su estrecha relación con el gobernador del Estado de México, Francisco Modesto de Olaguíbel (1806-1865), y con Ignacio Ramírez Calzada (1818- 1879), secretario de guerra y hacienda, le llevaron a colaborar en la formación de alumnos preparatorianos del Instituto Literario de dicha entidad con la enseñanza de las matemáticas en álgebra elemental y geometría descriptiva.[10]

El carácter tenaz y firme de Berriozábal, también, fue observado por los catedráticos del Colegio Nacional de Minería. Con los exámenes públicos del 8 al 13 de noviembre de 1849, este alumno obtuvo el título de ingeniero en agrimensura. Para el 17 de noviembre recibió como otros el premio de parte del Director del Colegio, José María Tornel. En la solemne ceremonia de entrega de premios, el discurso del Director fue en testimonio de gratitud al padre de la Independencia Mexicana, Hidalgo. Discurso que tenía de trasfondo la tarea de desvanecer las calumnias propagadas por elementos conservadores de los periódicos Tiempo y Universal. También, era una invitación a los jóvenes de amar y respetar a Hidalgo, y de tener siempre presente la contribución de sangre heroica de su Colegio a la insurgencia.[11]

Un profesional con iniciativa en la ingeniería, como era Berriozábal, le llevó a responsabilizarse de la ratificación de los planos geográficos del Estado de México y de Tlaxcala, con el valúo de las fincas desde 1849 hasta 1852.[12]

Otro trabajo profesional que le reconoció el Estado de México, fue su colaboración para la desecación de los lagos de Lerma y la canalización del río mismo.[13] Estos lagos para los años cincuenta de siglo XIX eran parte del paisaje panorámico o encantador, estaban cercanos a la pequeña ciudad capitalina de Toluca, y eran: (a) Chignahuapan o de Almoloya del Río; (b) Chimaleapan o Tultepec y (c) Chiconahuapan o de San Bartolo. Eran fuente de riquezas innumerables para los habitantes ribereños, al ser abasto de especies de peces como el más famoso itzamichin, ranas, ajolotes, plantas de forrajes, animales y el preciado tule para fabricar petates.[14] No cabe duda que su desecación proveyó nuevas tierras de cultivo.

A sus aptitudes y actitudes extraordinarias, Berriozábal, las encausó hacia su desarrollo militar. Empuñó las armas, filiándose en el partido liberal y al movimiento insurgente del plan de Ayutla, promovido por Juan N. Alvarez (1790-1867) e Ignacio Comonfort de los Ríos (1812-1863), que planteaba la necesidad de hacer frente nacional para destituir al gobierno de López de Santa Anna. Plan que triunfó a mediados de 1855 con la huida del país de Santa Anna y con la designación provisional de Presidente de México a don Juan Alvarez. Él y la nueva generación de liberales civiles políticos convocaron al congreso para trabajar una nueva constitución, la de 1857, expedida el 5 de febrero y promulgada el 12 de febrero.

El poder ejecutivo fue para Ignacio Comonfort y la Suprema Corte de Justicia en Benito Juárez G. Su falta de gobernabilidad y su adherencia al pronunciamiento político del conservador Felix María Zuloaga (1813-1898), el abrogar la Constitución de 1857, dio el golpe de Estado, dejando la presidencia en enero de 1858 para asumirla Zuloaga. Más los liberales reconocieron el mandato constitucional: al faltar el Presidente de la República asumirá la presidencia el Presidente de la Suprema Corte de Justicia, que recaía en B. Juárez. Así es que hubo la presencia de dos presidentes.

Ambas posturas ocasionaron enfrentamientos sangrientos y el generar estrategias jurídicas y políticas por quienes daban fluidez a la paz y a reinstaurar la nación. Juárez con las leyes de reforma, expedidas en Veracruz, logró que la iglesia careciera del deber de tomar parte en asuntos del Estado. También, al contar con un encargado de negocios de México en Estados Unidos, de firme lealtad, patriotismo, diplomacia, como Matías Romero Avendaño (1837-1898), propició a que el Presidente de Estados Unidos, James Buchanan (1791-1868), externara apoyo sustancial a la causa liberal juarista, a la regulación de la ambición expansionista de los sureños estadounidenses, a asumir una posición firme ante la intervención europea que se gestaba y a favorecer el tratado de McLane-Ocampo con México, firmado en Veracruz.

En cambio, Zuloaga a través de Juan Nepomuceno Almonte (1803- 1869), visualizó el rescate de las relaciones diplomáticas con España a través de la firma del tratado Mon-Almonte, para reclamar una respuesta firme y  legal de las convenciones pasadas avaladas por la legislación española en México de acreedores hispanos. Sin que se olvidaran las negociaciones de los representantes españoles con Francia e Inglaterra.

El ingeniero Berriozábal siendo partidario de las leyes de reforma, sabía que en los ambientes sociales citadinos de México se encontraba el clero regular dedicado a concebir aspectos fundamentales de la vida moral, así como el clero secular que defendía su poder de privilegios más los intereses de la sociedad. Y que el poder civil estaba convertido en instrumento al servicio de los cuerpos eclesiástico y militar.[15]

Berriozábal dio respuesta de defensor al ataque de la ciudad de México, en las columnas de San Cosme, octubre de 1858, por el batallón conservador de Miguel Miramón y Tenorio (1831-1867). Estuvo bajo las órdenes del general coahuilense Miguel Blanco como teniente coronel de ingenieros.[16] Fue responsable del arresto del señor obispo Espinosa en la hacienda de Jalpa de Cánovas, Guanajuato, en julio de 1860.[17] También, formó parte del ejército defensor de la plaza de Guadalajara al ataque de M. Miramón, con el general en jefe Jesús González Ortega (1822-1881).[18]

En diciembre 9 de 1860, él participó de la defensa de la plaza de Toluca, ganada por M. Miramón y sus subalternos Negrete, Mariano Miramón (hermano de Miguel), donde fue hecho prisionero junto con Santos Degollado y Benito Gómez Farías. Sin embargo, esto fue algo simple con lo que aconteció días posteriores. Se dice “el entusiasmo de los conservadores fue de corta duración. Pocos días después apareció González Ortega en el Valle de México al frente de un numeroso ejército compuesto de las brigadas de Zacatecas, San Luis Potosí, Michoacán, Guanajuato y Jalisco. Miramón esperanzado en batir al enemigo en detalle salió a su encuentro. Más el 22 de diciembre de 1860 Miramón ocupaba las lomas de San Miguel Calpulalpan, principió el combate a las ocho de la mañana, siendo la victoria para los constitucionalistas y Miramón con unos cuantos jefes tuvo que volver a la capital.”[19]

En diciembre 24 de 1860, en la noche, el ayuntamiento de la ciudad de México encargó a Berriozábal guardar el orden de esta ciudad mientras llegaba González Ortega que lo hizo en la madrugada del 25 de diciembre.[20]

Juárez entró triunfante a la ciudad de México enenero de 1861. Y la labor del ingeniero Berriozábal fue aquilatada por el Congreso del Estado de México, al nombrarlo su gobernador a partir del 21 de mayo de 1861.[21]

Inmediatamente ejerció gobierno en hacienda y guerra al dictar las providencias necesarias para sostener la Constitución de 1857, las leyes de reforma y el extinguir la guerra.[22] Al enterarse del fusilamiento del michoacano Melchor Ocampo, con el Congreso estatal y bajo el decreto número 7 de 8 de junio de 1861, le declararon Benemérito del Estado de México a este mártir de la libertad;[23] también, fue asentado que todas las autoridades, empleados y militares, vestirían riguroso luto por nueve días con la portación de un lazo de

gasa negro en el brazo derecho.[24]Asimismo fue para el general toluquense Plutarco González (1813-1857) y para el guanajuatense Santos Degollado (1811-1861), quien murió en la persecución de los asesinos de M. Ocampo.

El carácter firme del gobernador Berriozábal favoreció la realización de brindar retoque a la Constitución del Estado de México para el progreso de la sociedad y ponerla en armonía con los respetables preceptos constitucionales federales. Con el decreto 34 de 31 de octubre de 1861 se expidió la nueva Constitución de la entidad de 33 artículos. A partir del 5 de noviembre el Congreso hizo la protesta de sostenerla, cumplirla y hacerla cumplir.[25], [26]

También, estableció el reglamento para la guardia nacional y las fuerzas de seguridad pública con los decretos número 35 y 36 de 31 de octubre de 1861. Consideraba que las diferentes medidas adoptadas para la persecución de los malhechores que infestaban las poblaciones eran ineficientes, en vista de que ellos realizaban sus atentados sin mayor obstáculo. Decía que uno de los primeros deberes de todo gobierno era el dar seguridad a los habitantes.[27]

Con los decretos número 37 y 38 de octubre de 1861, el atributo de conceder facultades extraordinarias al poder Ejecutivo del gobierno estatal y la Ley Orgánica Electoral de los poderes estatales respectivamente, ejerció las leyes constitucionales.[28] Sabía que la pequeña ciudad provinciana de Toluca albergaba a cuatro órdenes religiosas: los franciscanos que habían llegado a evangelizar desde 1525, los carmelitas, los mercedarios y los juaninos.[29]

Para noviembre de 1861, Berriozábal al enterarse de la amenaza de España, Francia e Inglaterra, dijo “es probable que la nación tenga que sostener una guerra extranjera. Es un deber del Estado presentarse a sostener la nacionalidad e independencia de la República, de un modo honroso.”[30] Caso fue que solicitó subsidio de guerra.

Se retiró del gobierno del Estado de México y se unió a las fuerzas armadas del Cuerpo del Ejército de Oriente, acompañándose de un regimiento toluqueño. Sabía que a México se le consideraba como un país sin nacionalidad. De que Francia hizo falta de respeto al pacto del Tratado de Londres de octubre de 1861 y al de la Soledad cerca de Veracruz en febrero de 1862, a no conquistar territorio ni afectar el derecho de nación de elegir la forma de gobierno.[31]

El espíritu luchador de F. Berriozábal se fortaleció al enterarse, en los primeros días de enero de 1862, de la llegada de las escuadras europeas al puerto de Veracruz, y de que el Presidente Juárez haya nombrado general en jefe del ejército de oriente al general Ignacio Zaragoza (1829-1862) con sus subalternos Miguel Negrete, Antonio Alvarez, Porfirio Díaz, Juan N. Méndez, Francisco Lamadrid, Ignacio R. Alatorre, Jesús González Arratia, José María Méndez Olivares, Manuel Andrade Párraga Arriola, Mariano Escobedo y Pedro Martínez y él mismo.[32]

Activaban a la valentía de los defensores de la patria la Ley Juárez de los delitos contra la independencia y seguridad de la nación, y conforme a ella después fue juzgado y sentenciado Maximiliano de Habsburgo (1832- 1837). La esencia principal de ella está en los artículos 1o, 3o, 12o, 19o, 25o.[33]

El diálogo del ministro de relaciones exteriores, Manuel Doblado (1818- 1865), con las tres naciones favoreció la retirada de España e Inglaterra. Más las tropas francesas permanecieron tras las intenciones de Napoleón III. A esto estaba unido el conservador Juan Nepomuceno Almonte, quien se encontraba en Europa y desembarcó en Veracruz para marzo de 1862, e inmediatamente expuso el establecimiento de una monarquía con Maximiliano de Habsburgo. Pocos días después desembarcó en el puerto de Veracruz, el conde de Lorencez, Charles Ferdinand Latrille (1814-1892), con un ejército francés.

Así, el gobierno de Juárez con el decreto de abril 12 de 1862, quedaron declaradas en estado de sitio todas las poblaciones que aquél las ocupara, siendo castigados como traidores los mexicanos que permanecieran en ellas y sus bienes confiscados a favor del tesoro público, salvo que hubiese motivo legalmente comprobado.[34]

Francia empezó el primer ataque con su ejército comandado por el conde Lorencez, en abril 19 de 1862. En las cumbres de Acultzingo, Veracruz, ganó la batalla al ejército de Zaragoza, quien se retiró a Puebla, en abril 28.

Zaragoza intensificó su valor de lucha. Al arribar a Puebla, en mayo 3, procedió a dar organización a sus tropas y las exhortó a una lucha tenaz para poner en alto a México. Seleccionó las llanuras del este de la ciudad de Puebla como campo de batalla y de posición a los cerros de Guadalupe y de Loreto. Para el ingeniero F. Berriozábal estuvo la brigada de México, integrada por los batallones Fijo de Veracruz, 1o y 3o Ligero de Toluca.[35] La ciudad de Puebla fue puesta en estado de sitio para el 3 de mayo.

En cambio, el general Lorencez al saber de la preparación del ejército mexicano para resistirle, tomó la decisión de permanecer en el poblado del municipio Amozoc, Puebla, el 4 de mayo. Ahí se reunió con sus comandantes para formular un plan de ataque.[36]

A las primeras horas de luz del día 5 de mayo el ejército francés emprendió la marcha de Amozoc hacia Puebla y en las cercanías al fuerte de Guadalupe el general Lorencez dio la orden de ataque. Al observarlo el general Zaragoza, indicó se disparara un cañonazo y rápidamente ordenó que la brigada del general Berriozábal se trasladase al espacio entre los fuertes, Guadalupe y Loreto, y que la fuerza de Caballería apoyase el flanco izquierdo del dispositivo.

En el ataque, el general Rojo tenía establecida su línea y dio arribo a la brigada del general Berriozábal, rápidamente acordaron establecer su línea colocándose la brigada Rojo hacia el fuerte de Loreto y entre ésta y el fuerte de Guadalupe, la de Berriozábal.[37] Estrategia que llevó desencadenamiento de fuegos que sorprendieron a los atacantes, causándoles desorganización, cese en su ataque y replegándose en sus posiciones. Fue derrotado el enemigo.

Así, el 5 de mayo de 1862, el general F. Berriozábal al igual que M. Negrete, J. Rojo, J. Alvarez, se unieron con su general en jefe I. Zaragoza, a una sola voz resonante y llena de júbilo LAS ARMAS NACIONALES SE CUBRIERON DE GLORIA, ante el rasgo inaudito de la falta de todo escrúpulo de honra, ante una mancha tan grande en el honor que con nada se limpia.[38]

En un reporte, el general Berriozábal dice “…que todos los jefes y oficiales de la brigada de mi mando se han portado brillantemente y con verdad puedo asegurar que no he notado un solo rasgo de cobardía en ninguno de ellos”.[39]

También, el literato Víctor Hugo, escribió a los habitantes de Puebla “Tenéis razón en creerme con vosotros. No os hace la guerra Francia, es el imperio. Estoy con vosotros, vosotros y yo combatimos contra el imperio; vosotros en vuestra patria, yo en el desierto. Si sois vencedores, os ofrezco mi fraternidad de ciudadano, si sois vencidos, mi fraternidad de proscrito.[40]

Francia, tras perseverar en invadir y tomar la capital de México, reforzó su ejército con el general Federico Forey (1804-1872). En cambio, el general Zaragoza ideó un plan de fortificación de Puebla para detener al invasor el mayor tiempo posible, con nueve fuertes que rodearan la ciudad, Guadalupe, Loreto, Demócrata, Iturbe, Morelos, Hidalgo, Ingenieros, Zaragoza e Independencia.[41]

Zaragoza enfermó y murió el 8 de septiembre de 1862. Todos sus subalternos expresaron dolor y tristeza. Esto no impidió hacer sitio de Puebla, que duró 62 días desde 15 de marzo de 1863, ahora con el general Jesús González Ortega (1822-1881). La línea de los fuertes Loreto-Guadalupe- Independencia recibió órdenes del general ingeniero Berriozábal.[42]

La serie de combates en abril de 1863 dejaron en ruina las manzanas fortificadas de la ciudad de Puebla. Los primeros días de mayo faltaron víveres en forma alarmante, exponiéndose la población civil al fuego de los invasores. Gran parte de la artillería estaba completamente inútil al faltar el parque.

Así. González Ortega citó a una junta a los generales Berriozábal, Negrete, Antillón, Paz, Alatorre, Llave y Mejía, quienes después de discusiones fuertes decidieron que el general hiciera pláticas con Forey para conseguir una salida honrosa de la ciudad de Puebla.[43] Forey se negó terminantemente a aceptar las pretensiones de González Ortega. El 17 de mayo de 1863 se rindieron como sus prisioneros y a no firmar un documento remitido por el ejército francés por no menoscabar la dignidad del honor militar.

Las tropas francesas tomaron la capital del país en junio de 1863. Después el archiduque austrohúngaro Fernando Maximiliano de Habsburgo (1832-1867), fue declarado emperador de México, en abril de 1864.

Felipe Berriozábal junto con Porfirio Díaz, siendo prisioneros de los franceses y en el trayecto hacia Veracruz, escaparon. Cada uno en regiones diferentes continuó su lucha por una nación libre y soberana. Berriozábal fue gobernador de Michoacán. Quien en 1863 por decreto puso en estado de sitio a la capital estatal mudándola a Uruapan en su lucha contra el ejército imperial francés.[44]

Estuvo informado del sitio que recibió el ejército francés con el mismo emperador, en Querétaro, por el batallón del general Mariano Escobedo (1826-1902), tras que el imperialista coronel Miguel López se unió al ejército liberal. Asimismo, se enteró del fusilamiento del emperador con los generales conservadores Miguel Miramón y Tomás Mejía en el Cerro de las Campanas de Querétaro el 19 de junio de 1867, de acuerdo a la ley de enero de 1862.

Con la declaración del Congreso de la Unión de reconocer a B. Juárez Presidente de México, 1867-1871, para Berriozábal fue motivo de fortalecer sus vínculos socioeconómicos y culturales con este gobierno federal. Posiblemente se unió a Mariano Escobedo, quien tuvo la encomienda por parte de Juárez de comandar la zona norte de México. Sin embargo, al llegar a ser Presidente de México Sebastián Lerdo de Tejada (1823-1889) por el periodo 1872-1876, Mariano Escobedo fue ministro de guerra y pueda ser que Berriozábal haya estado con él para continuar desempeñándose en la política y como defensor de la patria.

Además, su identidad con el Colegio de Minería la seguía cultivando, pues, al conformarse la sociedad de alumnos, Berriozábal figuró como exalumno o egresado, participando en las comisiones auxiliares de la junta

directiva de socorros, junto con Lorenzo M. Ceballos y Javier Stávoli. Dicha sociedad para fines de 1879 e inicios de 1880, expresó su desacuerdo por escrito al ministro de Justicia e Instrucción Pública y al Presidente Porfirio Díaz (1830-1915), de que la escuela de jurisprudencia no se trasladase al edificio del colegio, así como la importancia de la minería con su proyección en el porvenir del país.[45]

Con el ministro de guerra y marina, Francisco Naranjo (1839-1908), de la presidencia de Manuel González Flores (1833-1893), posiblemente, Berriozábal llevó unas relaciones estrechas y con el expresidente Porfirio Díaz. Asimismo pudo haber sido con el ahora secretario de guerra y marina, general Pedro Hinojosa (1822-1903), quien se desempeñó de 1884 a 1896.

Felipe Berriozábal fue llamado por el Presidente Porfirio Díaz en su gobierno 1896-1900 como secretario de guerra y marina. Aunque se le presentó el camino que a toda persona le corresponde vivir, el 25 de enero de 1900 en la ciudad de México.[46] Murió alguien patriota y sin miedo, con sacro fuego de la independencia nacional.

Notas:

1 Aurelio J. Venegas, El Instituto Científico y Literario del Estado de México, Universidad Autónoma del Estado de México, 1984, p. 11.

2 Colección de Decretos del Estado de México, tomo III, 1846, pp. 55-60, Archivo Histórico de área especial del Estado de México, Centro Cultural Mexiquense del Gobierno Estatal.

3 Inocente Peñaloza García, ¿Quiénes fueron los Institutenses? Apuntes biográficos de 60 personajes del Instituto Científico y Literario del Estado de México, Universidad Autónoma del Estado de México, 2000, p. 28.

4 Ibidem p. 28.

5 Irineo Paz, Los hombres prominentes de México, editorial Irineo Paz, México, 1888, Archivo Histórico de área especial del Estado de México, Centro Cultural Mexiquense del Gobierno Estatal.

6 María de la Paz Ramos Lara, Historia de la Física en México en el siglo XIX: Los casos del Colegio de Minería y la Escuela Nacional de Ingenieros, tesis de Doctor en Historia, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM, 1996, p. 183.

7 Clementina Díaz y de Ovando, Los veneros de la ciencia mexicana. Crónica del Real Seminario de Minería (1792-1892), tomo II, Facultad de Ingeniería-Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 1998, pp. 1022-1023.

8 Ibidem p. 1073.

9 Ibidem p. 1073.

10 Aurelio J. Venegas, El Instituto Científico y Literario…op. cit. p. 12.

11 Los veneros de la ciencia mexicana…op. cit. pp. 1150-1156.

12 Los hombres prominentes de México, op. cit. p. 76.

13 Ibidem p.76.

14 Marie-Dominique Sabalcagaray, “Érase una vez Chignahuacan: La primera de las tres lagunas de Lerma, en Boletín del Archivo General del Estado de México, número 9 septiembre-diciembre 1981, pp. 69-74, Archivo Histórico de área especial del Estado de México, Centro Cultural Mexiquense.

15 Leopoldo Zea, El positivismo en México. Nacimiento, apogeo y decadencia, Fondo de Cultura Económica, México, 1988, p. 79.

16 Los hombres prominentes de México, op. cit. p. 77.

17 Agustín Rivera, Anales Mexicanos. La Reforma y el Segundo Imperio, Cámara de Diputados, México, 1972, p. 62, Archivo Histórico de área especial, Centro Cultural Mexiquense.

18 Ibídem p. 65.

19 Ibidem p. 67.

20 Ibidem p. 68.

21 Decretos de los Congresos Constituyente y Constitucional del Estado de México de mayo de 1861 a octubre de 1868, tomo VI, p. 7, Archivo Histórico de área especial, Centro Cultural Mexiquense.

22 Ibidem p. 19.

23 Ibidem p. 11.

24 Ibidem p. 12.

26 Ibídem pp. 40-68.

27 Ibidem pp. 73-77.

28 Ibidem 77-92.

29 Mílada Bazant, “La desamortización”, en Historia General del Estado de México. Independencia, reforma e imperio, tomo núm. 4, Gobierno del Estado de México y El Colegio Mexiquense, A. C., 1998, p. 339.

30 Decretos de los Congresos Constituyente y Constitucional… op. cit. pp. 108-125.

31 Anales Mexicanos. La Reforma y el Segundo Imperio, op. cit. p. 88.

32 Anales Mexicanos. La Reforma y el Segundo Imperio, op.cit. p. 95.

33 Ibidem pp. 96-97.

37 Ibídem p. 127.

38 La reforma y la guerra de intervención… op. cit. p. 114.

39 A cien años del 5 de mayo de 1862… op. cit. p. 179.

40 Ibidem p. 431.

41 La Reforma y la Guerra de Intervención, op. cit. p. 136.

42 Ibidem p. 139.

43 Ibidem p. 168.

44 http://mapserver.inegi.org.mx/geografia/espanol/hypertext.cfm?s=geo&c=1219&e=16

45 Clementina Díaz y de Ovando, Los veneros de la ciencia mexicana. Crónica del Real Seminario de Minería (1792-1892), tomo III, Facultad de Ingeniería-UNAM, 1998, pp. 2631-2632 y 2562.

46 Los hombres prominentes de México, op. cit. p. 77.

Fuente: Colegio de Cronistas de nuestra Universidad. Congreso de Cronistas de Ciudades Mexicanas, A.C., Saltillo, Coahuila, del 15 al 17 de julio de 2009. Ponencias en el boletín del mes de septiembre de 2009, Dirección de Identidad Universitaria. Felipe Berriozabal (1827 – 1900) y su Ímpetu de Patriotismo. De la M En E.S. Elena González Vargas, Cronista de la Facultad de Química. Víctor Sánchez M., Profesor de la Facultad de Química y del Ing. José Yurrieta Valdés, Decano de la Universidad Autónoma del Estado de México. Imagen: Colección de fotografías del área especial del Archivo Histórico del Estado de México.

 
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