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EL GRAN CRÁTER ORIENTAL, LA CICATRIZ DE LA GUERRA DE ASTEROIDES QUE CREÓ LA LUNA

Dos estudios publicados hoy en Science han reconstruido la estructura de este gran mar lunar formado tras el impacto de una enorme roca, para entender cómo se formaron los planetas y las lunas del Sistema Solar.

Durante mil millones de años, el Sistema Solar estuvo sufriendo una furiosa guerra en la que rocas y planetas enteros chocaban unos con otros. El proceso liberó al espacio rocas para más impactos, y en los cuerpos más grandes los minerales se fundían y se producían tremendas erupciones. Pero con el tiempo, las masas se agregaron, y nacieron planetas y satélites. Poco a poco, sus órbitas se ajustaron y se fueron pareciendo a las actuales.

La Luna misma apareció cuando uno de esos furiosos impactos desgarró la Tierra. Durante millones de años, justo después de nacer, este «bebé» lunar siguió sufriendo el bombardeo de rocas y asteroides, hasta que su piel quedó cubierta por cicatrices y su corteza quedó deformada del modo más drástico. Con la intención de saber qué ocurrió entonces, un par de artículos publicados este jueves en Sciencehan explorado el gran cráter más reciente y mejor conservado de la Luna, el cráter Oriental.

«Los grandes impactos como los que crearon la llanura Oriental son los agentes más importantes de cambio en las cortezas planetarias de los comienzos del Sistema Solar», ha explicado en un comunicado Brandon Johnson, geólogo en la Universidad Brown (Estados Unidos) y autor de uno de los estudios. Por eso, gracias a esta investigación, Brown ha dicho que tienen «una idea mucho más completa sobre cómo se forman esas llanuras, que podemos aplicar a las grandes llanuras formadas de otros planetas y lunas».

De hecho, Oriental se ha convertido en un modelo de laboratorio inigualable para estudiar en profundidad la formación de cráteres con muchos anillos en el Sistema Solar, y que hoy se pueden encontrar también en Marte y en otros planetas.

Para lograrlo, los científicos han recurrido a los datos del «Gravity Recovery and Interior Laboratory» (GRAIL), de la NASA, un par de satélites que exploran el campo gravitatorio de la Luna. Gracias a ellos, los científicos han podido analizar la gravedad en las cercanías de este cráter, para tratar de averiguar cómo es la estructura del terreno debajo de él, y así averiguar cómo se formó.

Oriental es un cráter formado por un gran círculo de 933 kilómetros de diámetro y otros dos anillos concéntricos menores. Se encuentra en la parte suroeste de la Luna, y está en el límite de la cara visible del satélite.

Tal como ha dicho a ABC Maria Zuber, investigadora en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) y primera autora del otro estudio, «Oriental es el mar de impacto más joven de la Luna, y además el mejor preservado». Estos mares son planicies formadas tras grandes colisiones, y normalmente son de colores más oscuros que los alrededores porque después de los impactos se produjeron erupciones y salida de basaltos.

La furia de los elementos

De hecho, Oriental se formó tras un gran impacto no mucho después de la Luna se formara. ¿Qué pasó después? Según ha explicado Zuber, «los grandes impactos liberaron masivas cantidades de energía cinética (movimiento) en la superficie y las profundidades más someras, durante el comienzo de la historia de los planetas». Y luego, toda esa energía puede generar varias consecuencias: crear un gran agujero, expulsar más material al espacio, fundir y vaporizar al objeto que impacta y a las rocas que se encuentre, generar ondas sísmicas, fracturar la superficie y, por último, reorientar al planeta (o luna).

Según las estimaciones de los científicos, el cráter Oriental fue creado por un objeto de 64 kilómetros de ancho que viajaba a una velocidad de apenas 50 kilómetros por hora en relación con la Luna. En origen, creó un gran cráter de entre 320 y 460 kilómetros, pero la tensión creada en el impacto y la fusión de las rocas enseguida lo deformaron y crearon el patrón de anillos concéntricos que pueden verse hoy en día, y que llegan a los 930 kilómetros de diámetro.

«Fue un proceso muy intenso», ha dicho Johnson en un comunicado. «Esas colinas de varios kilómetros de longitud y el anillo central que se ven hoy en día se formaron minutos después del impacto inicial».

Gracias a los modelos informáticos realizados y a las observaciones de los satélites GRAIL, por primera vez los investigadores han podido reproducir el proceso de aparición de los anillos. Gracias a esto, se podrá entender mejor la geología de otros planetas, como Marte, donde hubo procesos posteriores más complejos.

Fuente: Gonzalo López Sánchez - GonzaloSyldavia Madrid. abc.es.

 
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