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VICENTE JOSÉ MARÍA SANTA MARÍA Y MARTÍNEZ

 

Nació en la ciudad de Valladolid el 7 de septiembre de 1755. Sus padres fueron Felipe Santa María y doña Rosalía Martínez. Fue bautizado en la parroquia del Sagrario Metropolitano el 9 de septiembre, siendo su padrino Antonio Guitubay. Inició su formación en su ciudad natal, donde cursó gramática. Ahí ingresó a la orden de los franciscanos; en Celaya realizó estudios de filosofía; nuevamente en Valladolid, se especializó en teología. Su talento y dedicación lo llevaron a ser maestro de estudiantes aun antes de profesar, lo que ocurrió en 1772 en el Convento de San Buenaventura; en 1780 se le nombró lector de artes para el mismo convento en Querétaro; entre ese año y el siguiente obtuvo su ordenación sacerdotal.

Además de desempeñar varios cargos eclesiásticos, entre 1790 y 1809 realizó diversos viajes en los que recorrió la costa del Seno Mexicano y la provincia del Nuevo Santander, con la encomienda de consultar sus archivos para escribir la historia de la conquista de esas tierras realizada por el primer conde de Sierra Gorda. Fruto de esos viajes fue la publicación de su Relación histórica de la colonia de Nuevo Santander y Costa del Seno Mexicano; además, complementó su investigación con el levantamiento de mapas de regiones que no contaban con ninguna clase de descripción geográfica. En esa época, por orden del obispado realizó recorridos por la Huasteca y la provincia de Sierra Gorda, con la intención de determinar claramente los límites jurisdiccionales de la mitra que se planeaba erigir en aquellas provincias.

Pese a haber alcanzado importantes logros en su carrera, Santa María, al igual que muchos de los criollos de su tiempo, se sentía frustrado por las limitaciones que el sistema imponía a los hombres de su origen; por eso se unió a la conspiración de Valladolid fraguada por José Mariano Michelena y el capitán José María García Obeso, pero el apasionamiento con que hablaba en público sobre los temas políticos lo hizo sospechoso de infidencia, hecho que precipitó que las autoridades descubrieran la conspiración. Al igual que sus compañeros, se benefició de la benevolencia del virrey Lizana y pronto recuperó su libertad; sin embargo, al ocurrir la insurrección de Miguel Hidalgo, fue nuevamente aprehendido y confinado al convento de San Diego de donde logró escapar, en 1813, con destino a Tlalpujahua, a donde se unió a Ignacio López Rayón; en agosto del mismo año, se trasladó al puerto de Acapulco y se puso a las órdenes del cura Morelos; lamentablemente, murió el 23 de agosto, pocos días después de su llegada.

Fuente: Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México - Unidad Bicentenario.

 
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