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CARTA DE RODOLFO NERVO A CARRANZA CON LA TRADUCCIÓN DE UN ARTÍCULO PUBLICADO POR LE TEMPS, PARIS

 

Carta del Lic. Rodolfo Nervo, Ministro de México en Suecia, adjuntando a D. Venustiano Carranza traducción de un artículo publicado por "Le Temps", de Paris, escrito por el Sr. L. Guilaine, sobre la Doctrina de Monroe y la Sociedad de las Naciones. [F9-826. A.I.F.]

Estocolmo, agosto 30 de 1919.

Señor Presidente de la República,

General Don Venustiano Carranza.

México, D. F.

Señor de mi alta consideración:

Me complace enviar a usted con la presente un interesante artículo que acaba de aparecer en el "Temps", de París, acerca de la Doctrina de Monroe, artículo que sin duda nuestra Legación en París habrá ya remitido a la Secretaría de Relaciones.

En dicho artículo aparece de tal manera clarividente y justificada la patriótica declaración de usted, del mes de abril próximo pasado, desconociendo tal Doctrina, que no puede menos de impresionar la intuición política que revela tal declaración, hecha mucho antes de que el Senador Knox lanzara en el Senado Americano su alarmante definición.

Me permito presentar a usted mis respetuosas felicitaciones por su acierto, con las reiteradas seguridades de mi muy alta y distinguida consideración.

Rodolfo Nervo

(Traducción.)

(Artículo que apareció en "Le Temps" de París, escrito por el señor L. Guilaine.)

La Doctrina de Monroe y la Sociedad de las Naciones.

La oposición que suscita el Pacto de la Liga de las Naciones en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado Americano, se refiere especialmente a la definición que da el "Convenant" (Pacto) a la Doctrina de Monroe que califica de "entente régionale" (convenio regional o continental). Los enemigos del Pacto no aceptan esta definición y no toleran, tampoco, que ningún otro país interprete esta Doctrina intangible ni aun para proclamar su validez.

El Senador Knox, antiguo Secretario de Estado y premotor de la política "del Dollar", así como el Senador Lodge, se han constituido ante el Senado Americano los órganos o portavoz de la siguiente opinión ultra americana:

"La Doctrina de Monroe", dijo el Senador Knox, no es un Convenio Internacional ni una inteligencia (entente) Internacional, es una política de los Estados Unidos que éste país aplica cuando y como lo juzga conveniente y sin pedir permiso a nadie. Si se aprueba el Pacto de la Liga de las Naciones, será entonces una "entente" que podrá ser interpretada por la Liga... Aceptar el Pacto equivale a quitarle a la Doctrina toda su virtud (valor) y ya no podremos controlar los destinos de América. La Doctrina de Monroe, lo repito, es una política de los Estados Unidos, cuyo carácter exacto, alcance, método y casos de aplicación, así como los medios para hacerla respetar, sólo dependen de la libre voluntad de los Estados Unidos, siendo éstas sus prerrogativas supremas. Hacemos uso de dichas prerrogativas en la medida que lo exigen las necesidades; no están sometidas a otras reglas que nuestra necesidad, nuestra voluntad y la fuerza de nuestras armas."

Esta definición categórica de la Doctrina de Monroe en el Senado Americano, opuesta a la que le da el Pacto de la Liga de las Naciones, dio origen a las enmiendas y reservas que los enemigos de dicho Pacto pretenden hacerle. Dicha definición ha conmovido hondamente los países de la América Latina, pues, habiendo proclamado la misma doctrina protectora, la consideran como un principio de las leyes fundamentales del continente americano y no como un principio arbitrario y exclusivo de la política de los Estados Unidos.

El señor Alvarez, jurisconsulto chileno y secretario general del Instituto Americano de Derecho Internacional, nos dijo, hablando del Senador Knox:

El Senador Knox da a la Doctrina de Monroe un origen y un alcance que no pueden pasar sin protestas por parte de todos los países, especialmente por parte de los de la América Latina. Estas tres afirmaciones:

1. Que la Doctrina de Monroe es únicamente una doctrina de los Estados Unidos.

2. Que es prerrogativa exclusiva de los Estados Unidos interpretar y determinar su alcance, y,

3. Que a ellos únicamente toca velar por su aplicación, tienden a establecer una verdadera autocracia en las relaciones internacionales, puesto que un país se reserva para sí, exclusivamente, el derecho de crear, aplicar e interpretar una línea de conducta internacional. Esto es demasiado e inaceptable.

El principio esencial que constituye la Doctrina de Monroe, de que el continente americano una vez independiente no deberá volver a ser objeto de conquistas coloniales, ocupaciones e intervenciones por parte de las potencias europeas, fue proclamado por los mismos estadistas de América, antes de 1823, fecha del famoso mensaje del Presidente Monroe. Los primeros que emitieron dicho principio fueron el estadista chileno Egana, en 1810 y el gran libertador Bolívar, en 1811.

Cuando fue formulada la declaración de Monroe, en 1823, casi todos los Gobiernos latinoamericanos volvieron a adherirse a dicho principio y quisieron proclamarlo solemnemente en el Congreso de Panamá 1826. Durante el siglo XIX todos estos Gobiernos mantuvieron dicho principio, y si, en 1910 la Conferencia Panamericana celebrada en Buenos Aires, no dio curso a la proposición de proclamar la doctrina definitiva y colectivamente, es porque los delegados de algunos países manifestaron el deseo de condenar al mismo tiempo la política imperialista y la supremacía, que en nombre y so pretexto de la Doctrina de Monroe, ejercen los Estados Unidos en el continente americano.

En 1917, presenté en La Habana, como Secretario General del Instituto Americano de Derecho Internacional, un proyecto encaminado a la proclamación del principio de Monroe como una doctrina continental, reemplazando la expresión "Doctrina de Monroe" por la más exacta de "derechos fundamentales del continente americano".

En pocas palabras, el punto de vista clarísimo de los países latinoamericanos es, que la doctrina, llamada de Monroe, en lo que se refiere a la intervención de los países europeos en el Nuevo Mundo, es un principio de derecho público continental americano y que, por consiguiente, es una "entente régionale" (convenio o inteligencia regional o continental) como la llama el Pacto de las Sociedades de las Naciones. Resulta de ello que dicha "entente" debe considerarse como formalmente incorporada al Derecho Internacional y que, como regla de carácter continental, su aplicación interesa a todos los Estados de América, y, su interpretación, a todos los países del mundo.

No le hablo a usted del otro principio de la Doctrina de Monroe, según el cual los Estados Unidos no deben intervenir en los asuntos de Europa, pues la participación de dicho país en la guerra europea ha reducido dicho principio a la nada (lo ha invalidado). Esta es una cuestión entre los Estados Unidos y Europa. En cuanto a la aplicación de la Doctrina de Monroe en América, entendemos que es de la incumbencia de todos los países de dicho continente.

El antiguo Presidente Taft justifica esta protesta en la crítica que hizo de la definición de la Doctrina de Monroe que le dan los enemigos del Pacto de la Liga de las Naciones. Dice:

"Si esta doctrina tuvo algún objetivo egoísta, si dicho objetivo fue, en la mente de algunos, hacer del hemisferio occidental una caza (presa) reservada para los Estados Unidos únicamente, estas intenciones no deberían aceptarse". Y el ex Presidente Taft concluye que el punto de vista de los que se oponen al Pacto, revela una sospecha lamentable hacia los amigos y aliados de los Estados Unidos, quienes han probado su fidelidad a toda la América por medio de sus sacrificios y que no es (el punto de vista) compatible con el deseo sincero y la esperanza razonable de una Liga de Naciones para asegurar la paz y la justicia.

México, octubre 22 de 1919.

A. G. Conde

Traductor

Se respeta ortografía de origen.

Fuente: Documentos Históricos de la Revolución Mexicana. XX. Fundador: Isidro Fabela. Las Relaciones Internacionales en la Revolución y Régimen Constitucionalista y la Cuestión Petrolera. 1913-1919. Tomo II. Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de Josefina E. de Fabela. Coordinador: Roberto Ramos V. Investigadores: Luis G. Ceballos, Miguel Saldaña, Baldomero Segura Garcia, Humberto Tejera. Editorial Jus, S. A. México, 1971. pp.278-281.

 
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