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LERDO DE TEJADA DESCRIBE EL RECORRIDO POR DURANGO Y CHIHUAHUA

 

 

Chihuahua, octubre 16 de 1864.

Sr. don Matías Romero

Washington

Muy estimado amigo y señor mío:

Escribí a usted el 14 de agosto anunciándole nuestra salida de Monterrey, que se verificó a las tres de la tarde del día siguiente.

Después escribí a usted el 29 o 30 del mismo mes, desde la villa de Viesca, llamada antes Álamo de Parras.

Para enviar esta carta me valí de un conducto particular, recomendando a un amigo del Saltillo que aprovechase la ocasión de remitirla.

Luego escribí a usted desde la ciudad de Nazas, estado de Durango, desde 22 o 23 de septiembre, remitiendo esa carta con un propio que fue a Mazatlán para que de allí la dirigiesen por la línea de vapores del pacífico.

En aquellas cartas referí a usted los pormenores de nuestro viaje hasta sus fechas.

Sin embargo, por el temor de algún extravío, referiré a usted lo más sustancial en ésta que va a llevar el que ha tenido el título de cónsul americano en esta ciudad, quien sale de aquí mañana para El Paso del Norte y Santa Fe de Nuevo México.

Desde ese último punto nos ha ofrecido enviar con seguridad, llevando el encargo de poner a usted allí un parte telegráfico para avisar a usted la llegada del señor presidente a esta ciudad, donde queda por ahora establecido el gobierno.

El 16 de agosto resolvieron los Grales. Negrete y (González) Ortega que se retirasen de la Angostura y el Saltillo nuestras fuerzas, en vista del mayor número de las del enemigo que estaban ya a la vista del primer punto.

Por esta circunstancia no creyeron conveniente hacer la retirada por el camino directo para Parras, que durante algunas leguas va a muy corta distancia del que llevaban los franceses sobre la Angostura.

Así, pues, en la noche del 16 se retiraron nuestras fuerzas hasta cinco leguas más allá del Saltillo, en el molino de Santa María, donde pasó esa noche el señor presidente y desde donde continuó la marcha el día 17 por el camino de Monclova.

El objeto de esto fue hacer creer al enemigo que se alejarían nuestras fuerzas hasta Monclova para seguir por una parte del desierto a este estado de Chihuahua y que, con tal creencia de aquél, se facilitara que en algún punto de dicho camino para Monclova retrocedieran tomando otro para Parras, en que era necesario pasar a una corta distancia como de doce o trece leguas del Saltillo.

Así se verificó y, cuando los franceses tuvieron noticia del movimiento, ya no tenían tiempo para enviar del Saltillo una fuerza considerable con la violencia necesaria.

Por esto se limitaron a mandar una sección ligera de cosa de 800 hombres al mando del Gral. Aymard.

El señor presidente, con una escolta de 200 y tantos hombres, iba a una jornada adelante del grueso de nuestras fuerzas y tres jornadas antes de que éstas llegasen a Parras, estuvo ya a cuatro o cinco leguas de distancia de ellas el Gral. Aymard, que se redujo a seguir guardando igual distancia en observación de las mismas.

Cuando llegaron a Parras continuaron al día siguiente para Viesca y, algunas horas después de su salida, entró a Parras en el mismo día la sección del Gral. Aymard, que salió de allí a las pocas horas regresando para El Saltillo.

El señor presidente permaneció unos días en Viesca y otros en la hacienda de Santa Rosa, primer punto que tocamos del estado de Durango, para arreglar la organización que se hizo del cuerpo de ejército de occidente, que quedó compuesto de un poco más de tres mil hombres, con 18 piezas de batalla y 10 de montaña.

La retirada de la Angostura y las primeras jornadas siguientes no sólo se hicieron con el mejor orden, sino que en ellas casi no hubo deserción ninguna.

Como algunas de las jornadas posteriores fueron por caminos en que había grande escasez de víveres y pasturas, se sufrió ya alguna deserción que subió al total de cosa de 600 hombres, hasta la llegada a Santa Rosa.

En ese punto, uniéndose a las fuerzas que venían con el gobierno, las del Sr. Gral. Patoni, en número de 700 a 800 hombres, se formó dicho cuerpo de ejército con algo más de tres mil, quedando el señor presidente con una sección de 250 hombres, formada con un cuerpo de infantería de 220 y un piquete de caballería.

Mientras avanzaba ese cuerpo de ejército, fuimos a Mapimí, de donde retrocedimos hasta la Noria Pedriceña, a 30 y tantas leguas de la ciudad de Durango.

A casi igual distancia de ésta y a un lado de la Pedriceña, como a 12 leguas, está la ciudad de Nazas, a donde fuimos en seguida.

El día 21 de septiembre fue la acción de Majoma, cerca de la Estanzuela, cuyos pormenores están sustancialmente referidos en las tiras que acompaño a usted del periódico de esta ciudad.

Sabido el resultado de esa acción, salimos de Nazas para acá el día 25 y, después de permanecer un día en la villa de Allende -valle de San Bartolo- y tres en la ciudad de Hidalgo -Parral-, llegamos aquí el 12 del actual.

Dije a usted en mi carta anterior que el señor presidente fue recibido en Nazas con el mayor entusiasmo y otro tanto ha sucedido en todas las poblaciones de Chihuahua.

Aquí es poco o casi nulo, el elemento reaccionario.

Ha habido diversos círculos opuestos con grandes diferencias acerca de los asuntos interiores de este estado; pero todos ellos están conformes y unidos en sus actuales demostraciones de patriotismo.

Hasta las señoras han tomado parte en esas demostraciones que, sin ninguna exageración, han sido tan generales y entusiastas como más pudiera desearse.

Por desgracia no son grandes los elementos de este estado; pero, al menos, hemos visto que el señor presidente y la causa de la república tienen aquí en todo el estado las mejores simpatías.

En el camino de esta ciudad recibió el señor presidente una carta del Sr. Pesqueira, gobernador de Sonora, invitándolo en los términos más afectuosos y más patrióticos para que vaya a aquel estado, donde le asegura, además de las ventajas de la distancia y extensión del territorio, contará con la cooperación de todos los sonorenses para la conservación del gobierno y para continuar la defensa nacional.

Cuando se ve este espíritu público y se nota que, si bien ha habido muchas traiciones personales, ni los estados ni las poblaciones han abandonado espontáneamente en ninguna parte la causa de la república, no puede desesperarse de que se salvará, por muchas que sean ahora sus desgracias y de que, "con un poco de tiempo, sucumbirán o abandonarán la empresa sus enemigos.

El mismo día de nuestra llegada aquí, llegaron 970 fusiles que acababa de comprar el Gral. Trías y que se lograron introducir por cerca de El Paso del Norte.

Cerca de ese punto, esto es, a 18 leguas de allí, están depositados otros mil fusiles, cuya adquisición se está tratando con el dueño y quedará ciertamente arreglada en estos días.

No es mal augurio para nuestra causa, haber encontrado aquí esas armas.

Estamos procurando facilitar nuestras comunicaciones con el interior, de las que carecemos ahora.

Dije a usted, desde Monterrey y Nazas, que se sirviera enviarme sus cartas por la vía de Panamá a San Francisco de California, recomendando que desde allí las dirigieran a Mazatlán o al punto que se creyera mejor de nuestras costas del pacífico.

Sin perjuicio de esto, creo que tal vez podremos comunicarnos con mayor prontitud y seguridad por Santa Fe de Nuevo México.

Además de la ventaja del telégrafo para cualquier cosa importante, el señor cónsul americano que lleva estas cartas, ha ofrecido informarnos del tiempo que tarde el correo entre Santa Fe y Washington y sobre la seguridad y los períodos en que podamos enviar pliegos por allí.

Suplico a usted que cuando reciba ésta, se informe también para ver si emplea esa vía aun antes de que reciba usted nuevas cartas nuestras.

También suplico a usted dirija la adjunta a Mr. Simpson, que es para el Sr. Terán.

Voy a escribir otra para el amigo Navarro y, si acaso no tengo tiempo para escribir al Sr. Mariscal, sírvase usted saludarlo afectuosamente de mi parte, diciéndole que tenga ésta por suya.

Desea a usted buena salud y felicidad, repitiéndose su afectísimo amigo muy atento servidor que besa sus manos.

(Sebastián) Lerdo de Tejada

Se respeta ortografía de origen.

Fuente: Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.

 
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