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LA GRAN DERROTA DEL USURPADOR

 

El 23 de junio de 1914 tuvo lugar la toma de Zacatecas, batalla memorable de la Revolución mexicana, cuando la División del Norte, bajo las órdenes de Francisco Villa, propinó una derrota categórica a las tropas del usurpador Victoriano Huerta; triunfo que despejó el camino para los revolucionarios. El ejército federal tenía el espinazo partido.

Días antes, el 15 de junio de 1914, sale de la ciudad de Torreón rumbo a Zacatecas la cabeza de la División del Norte. Eran cinco trenes cargados con artillería. Días después, en la estación La Calera (a 25 kilómetros de Zacatecas), montan el cuartel general y ahí Ángeles, Urbina y Villa elaboran el plan de operaciones.

Según el maestro Carlos Betancourt Cid, director de Investigación y Documentación del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, el plan de acción era este: “desde el 16 de junio, Urbina se dirigiría hacia las goteras de la ciudad para colocar a sus leales en posición bien guarnecida y esperar en los días próximos la llegada de la artillería, que era comandada por Ángeles. En las jornadas subsecuentes, conforme se acercara el 21 o 22, se incorporarían las demás brigadas, con el propósito de emplazar frente el enemigo un contingente castrense que superara los 22,000 hombres, apoyados por 50 cañones. El método de ataque conjunto de esta impresionante potencia bélica se ejecutaría a partir del 23, tal y como aconteció”.

Días antes, el 20 de junio, llega el general Antonio C. Olea a Zacatecas con refuerzos para sostener la plaza. Se mantienen ahí a cerca de 17,000 soldados. “Zacatecas representa todo para Victoriano Huerta”, dice Víctor Ceja Reyes en su libro Francisco Villa, el hombre.

En esta gesta destaca un hombre al que Huerta apodaba despectivamente El Napoleoncito. Nos referimos al general Felipe Ángeles, quien fue el cerebro de esta acción militar, cuando ya no bastaba con decirle a los artilleros que movieran “dos cuartas pa’ allá” y “cuatro dedos pa’ abajo”, mientras se mostraban las manos sobre el cañón con los dedos abiertos como dibujando en el horizonte. Villa, dueño de una inteligencia endemoniada, también lo sabía, por eso el general Felipe Ángeles dirigió la artillería.

Pero los huertistas han tenido tiempo de atrincherarse bien. Establecen sus baterías en el Cerro de la Bufa, en los cerros de La Sierpe, El Grillo, Los Clérigos y Loreto.

A las diez de la mañana del 23 se escucha el primer tiroteo. Se ha abierto la puerta del infierno. Villa con su caballería avanza por el lado derecho del teatro de operaciones, a un costado del cerro de Loreto, mientras el general Ángeles machaca las posiciones enemigas. Sus cañones, que han sido “emplazados entre Veta Grande y Zacatecas, estremecen el suelo”. Se trata de “una tempestad de disparos como seguramente no se había registrado antes en ningún lugar de la república”.

“A las doce del día —continúa Ceja Reyes con su relato— la lluvia de balas que cae sobre las calles de Zacatecas comienza a picar de viruelas el piso. ¡Y son apenas las balas perdidas!”

Cae el Cerro de la Bufa entre el atronar de los cañones y las docenas de soldados muertos que ruedan por las faldas. La guerra nunca ha sido un oficio fácil. Al conocer la noticia, los villistas manifiestan su algarabía: los gritos y las dianas de los clarines llenan el espacio. Mientras, los soldados huertistas huyen por las faldas de las montañas.

Escribe el maestro Betancourt: “Alrededor de las cinco y media de la tarde (...) cerca de ocho mil soldados federales buscaron frenéticos una vía libre para emprender la huida. Empero (...) bajo el fuego revolucionario terminaron su existencia”.

Al respecto, Ceja Reyes relata: la huída se generaliza, “por el camino a Guadalupe muchos soldados federales arrojan sus armas y los oficiales hacen lo mismo con espadas, pistolas; todo. Otros más se disfrazan de mujer para evitar la captura y el paredón...”

Después de nueve horas, todo indica que el usurpador ha sido derrotado. Felipe Ángeles le manda decir a Villa: “General, ya ganamos”. Esto, hace 100 años.

Fuente: Articulo autoría de Ricardo Pacheco Colín. Jun 23, 2014. eleconomista.mx. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

 
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