historia.jpg

Joomla extensions and Joomla templates by JoomlaShine.com
LOS "RENOVADORES"

 

DESPUÉS DE JURAMENTADOS, los "Renovadores" decidimos lanzar el guante al Gobierno del Gral. Victoriano Huerta, resueltos a todos los extremos: obstruccionar la marcha del Gobierno, provocar un golpe de Estado, ir a la cárcel o a la muerte con tal de acabar con aquel régimen de oprobio derivado de una deslealtad militar y dos magnicidios; crímenes que, de un tajo, descabezaron al Gobierno legítimo, pensando matar, así, en su cuna, toda idea de legalidad.

¡Como si las ideas se pudieran amputar! ¡Como si Madero asesinado no fuera mucho más poderoso que Madero vivo, confiado y perdonador!

El Presidente Mártir, inexperto estadista, culpable de ingenuidad política, al ser sacrificado, resucitó el mismo día de su muerte transformado en santo laico de la Revolución. Y entonces fue invencible: sus partidarios se multiplicaron, trocáronse en soldados, héroes o mártires; su credo político adquirió un formidable impulso y una fe corajuda y pasional alimentada por la justicia, la venganza y el patriotismo, esa fe ciega y arrolladora que tienen los pueblos cuando renuevan las raíces de su vida social.

Los "Renovadores" decidimos revelar públicamente nuestra actitud. Nos pareció necesario que todo el país supiera que la Revolución estaba en pie dentro de la Cámara.

El comisionado para interpretar nuestros sentimientos en la tribuna fue el Lic. Francisco Escudero, a la sazón presidente de nuestro grupo, y uno de los cinco atrevidos congresales que no quisieron, con abundantes razones y acerada dignidad, aceptar la renuncia forzada del Presidente y del Vicepresidente de la República. Los otros cuatro valientes fueron: Leopoldo Hurtado y Espinosa, Luis Manuel Rojas, Manuel F. Méndez y Alfonso Alarcón. (Yo, en esa fecha no había ocupado mi curul; estaba en Veracruz con mis padres.)

El resto de los Diputados maderistas, unos por temor explicable, aunque no justificado, y otros creyendo de buena fe que la aceptación de la renuncia del Presidente le salvaría la vida, estuvieron conformes con aquella dimisión que nunca debió ser suscrita ni tampoco aceptada.

Desventuradamente, el Lic. Escudero llegó un tanto excitado a cumplir su trascendental encargo. Al darnos cuenta de su pasajera enfermedad, nos quisimos oponer a que hablara. Proponíamos y discutíamos sobre quién debía substituirlo: si Urueta, Palavicini, Rendón o yo; cuando Escudero, dándose cuenta de que no lo dejábamos entrar al salón de sesiones, se sobrepuso al grupo que le obstruccionaba el paso, y dándonos un aventón con sus fornidos brazos se coló en la sala, y gritando, que no hablando, dijo:

Pido la palabra para una moción de orden.

Y con la venia del Presidente de la Cámara, el talentoso e intrépido representante por Jalisco pronunció su mejor discurso parlamentario. Dijo cosas como éstas:

"El negocio que nos trae aquí, tiene una trascendencia mayor de lo que a primera vista parece, puesto que se trata de definir cuál es la verdadera situación constitucional en este momento histórico de la República Mexicana.

Yo siempre he creído que hay cosas que se excluyen, y que es necesario tener el valor suficiente para arrostrarlas: señores, o hay dictadura o hay Cámara; no pueden compadecerse las dos cosas.

Yo comprendo, señores, que en determinados momentos de la vida de los pueblos, sea necesaria la dictadura... pero jamás los romanos ni nadie han creído que esa magistratura extraordinaria y anormal pueda coexistir con la Representación Popular y Soberana de la Nación, constituida por las Cámaras Legislativas.

Señores, yo sé que en las galerías -y no digo que en las Cámaras- habrá muchísimas personas que estén en desacuerdo con lo que voy a manifestar aquí, no dudo que muchísimos también me sisearán... pero yo manifiesto por anticipado, también, que las catorce mil personas que vinieron a ovacionar a los Diputados del Bloque Renovador me tienen, por anticipado, pagado y descontado, de todos esos siseos. El día primero de mayo, catorce mil obreros del Distrito Federal desfilaron por el vestíbulo de la Cámara y depositaron en manos de los Diputados liberales unos memoriales, y nos dijeron 'Vosotros sois los verdaderos representantes de las tendencias democráticas de la Nación'.

El señor Madero, cuya herencia tenemos nosotros: el señor Madero, que no ha sido un símbolo, sino que tendrá que figurar, traducido a los sentimientos del pueblo mexicano, al lado de Morelos, al lado de Hidalgo, se adelantó a su época; pero nos ha dejado a nosotros la herencia de hacer eficaz el anhelo nacional de una mejoría social y política para el país...

Yo le decía a Vuestra Soberanía, se lo decía a la Nación entera, desde esta tribuna: Vamos ayudando al señor Madero; vamos supliendo las deficiencias que él pueda tener por su inexperiencia; vamos procurando que las obstrucciones que se le pongan en su camino cesen desde el momento en que él es el trasunto, es la expresión del voto popular, y entonces de aquellos escaños, y de los otros, y de allá, vino la oposición tremenda y vino la excitación en el país, que acabó en los trágicos momentos que vosotros conocéis.

Ahora, señores, ha llegado el momento en que yo os pida un juicio de residencia. ¿Habéis mejorado al país? ¿Qué habéis conseguido con lo que hicísteis? Vosotros derrotásteis este régimen, vosotros sacrificásteis a Madero, vosotros habéis querido detener las tendencias renovadoras del país, y ¿qué nos dáis en cambio? ¡Dificultades, guerra intestina, desprestigio horrible, señores!

Ya es tiempo de que la nación despierte de esta pesadilla...

Señores, hoy en un periódico se ha hablado de la herencia de Madero; sí, señores, nosotros somos los herederos de Madero, y yo tengo el alto honor de tomar esa bandera y enarbolar ese pendón rojo, y si acaso las gotas de mi sangre salpican mi bandera, esa sangre sería la mejor herencia que dejara a mis hijos." (1)

Con la viril requisitoria de Escudero quedó declarada la guerra a muerte entre el usurpador del poder público y los "Renovadores" que estábamos convencida y decididamente con la revolución libertadora que encabezó en Coahuila el Gobernador Venustiano Carranza.

El éxito de Escudero fue estupendo; lo abrazamos con fuerza, lo felicitamos con entusiasmo; pero comprendiendo que desde aquellos instantes quedaba expuesto a la venganza del tirano, le sugerimos que se escondiera o escapara cuanto antes. No hizo aprecio de nuestro apremiante consejo y se fue a su casa.

Al día siguiente, mi buen amigo el Ing. Félix Palavicini y yo visitamos a Pancho en su modesto domicilio de la Colonia de Santa María, para reiterarle nuestras congratulaciones por su magnífico discurso de la víspera, y para decirle que el objeto principal de nuestra visita era prevenirlo contra el inminente peligro que estaba corriendo de ser aprehendido y asesinado.

Al cabo de algunos meses, ya incorporados ambos a la Revolución, supe, por el propio Escudero, que aquel mismo día de nuestra visita, disfrazado con ropas de obrero, abandonó la Capital para marchar a Acapulco, donde embarcóse en un pequeño vapor que lo condujo a los Estados Unidos; para presentarse oportunamente al Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, que entonces estaba en Hermosillo, Sonora.

Don Venustiano Carranza, conociendo el prestigio de Escudero dentro del Partido Liberal, informado de su discurso desafiante en la Cámara de Diputados, y habiendo tenido ocasión de conocerlo y tratarlo, le cobró, justificadamente, gran estima, lo que lo indujo a otorgarle el doble nombramiento de Secretario de Relaciones y Hacienda en el primer Gabinete de la Revolución Constitucionalista.

Pero volvamos atrás para continuar nuestro relato.

 Nota: (1) Tomado del Diario de los Debates.

Fuente: Mis Memorias de la Revolución. Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de Josefina E. de Fabela. Coordinador: Roberto Ramos V. Investigadores: Luis G. Ceballos, Miguel Saldaña, Baldomero Segura García. Editorial Jus, S. A. México, 1977. pp.69-72.

 
Joomla extensions and Joomla templates by JoomlaShine.com
Agregar a Favoritos      Ligas de Interes     Mapa del Sitio      Miembro Honorable     Fuentes/Creditos      Contacto/Buzon de Sugerencia