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MATÍAS ROMERO

 

MATÍAS ROMERO AVENDAÑO (1837- 1898)

Nació en el estado de Oaxaca en 1837. En 1855, a la edad de 18 años, se trasladó a la Ciudad de México para realizar estudios superiores. Estudió en la Escuela de Leyes. En septiembre de 1857, fue admitido en la Barra de Abogados. En esa etapa de su vida inició lo que sería una larga y estrecha amistad con Benito Juárez. En 1855 ingresó al Ministerio de Relaciones Exteriores como colaborador, es decir sin cobrar sueldo alguno, en calidad de empleado suplente.

En 1858, a los 21 años, Romero participó en las negociaciones del Tratado McLane-Ocampo. Llegó a Washington en 1859 para colaborar con José Mata pero, dado que éste fue retirado al poco tiempo, durante los siguientes años desempeñó la importante función de Encargado de Negocios de México. Su misión era la de fortalecer los lazos de amistad y cooperación con el gobierno de James Buchanan, asegurar un apoyo sustancial para la causa liberal, tratar de frenar las ambiciones expansionistas de los estados sureños, promover que Washington asumiera una posición más firme frente a la intervención europea que se gestaba, favorecer la ratificación del tratado McLane-Ocampo, y obtener créditos y armamento para las fuerzas juaristas.

Romero comenzó a canalizar sus energías hacia el combate del expansionismo prevaleciente, y para ello buscó forjar alianzas con aquellos cuyos intereses fueran coincidentes con el liberalismo económico que preconizaba.

El gobierno de Juárez resultó victorioso en diciembre de 1860. Para mediados de 1861 Juárez se vio precisado a decretar la suspensión del pago de la deuda externa, por lo que Inglaterra, Francia y España firmaron en octubre de ese mismo año la Convención de Londres que dispuso el envío de una expedición punitiva para exigir el pago de las deudas pendientes. Frente a la gravedad de la situación, Romero consideró que su deber era regresar al país para defenderlo; en diciembre de 1861 solicitó a Juárez su traslado.

Después de tres años de insistencia, finalmente fue autorizado, el 23 de mayo de 1863, a dejar el puesto de Encargado de Negocios de México en Washington, al que renunció el 16 de julio. A su regreso a México, Juárez lo nombró coronel y lo asignó al estado mayor del general Porfirio Díaz.

Para sustituirlo, se designó a Juan Antonio de la Fuente. Éste le solicitó a Romero acompañarlo a la capital norteamericana en calidad de secretario de la Legación, pero Romero no aceptó. Finalmente, Romero acabó convenciéndose de que podía rendir mejores servicios a la patria como diplomático, que como militar; en septiembre de 1863 presentó sus cartas credenciales a Abraham Lincoln, esta vez como Ministro Extraordinario y Plenipotenciario de México.

Frente a la indefinición del Departamento de Estado hacia la invasión francesa debido a la guerra civil que había en norteamérica, y con la tenacidad que lo caracterizaba, se propuso tanto vencer las reticencias de William Seward, Secretario del Departamento de Estado, como crear la presión política necesaria que contribuyera a ello. Entre 1861 y 1867 Romero y Seward sostuvieron más de 50 encuentros.

Romero acompañó sus gestiones diplomáticas de un intenso cabildeo en la Cámara de Representantes, en el Senado y en las diversas dependencias del poder ejecutivo, incluida la Casa Blanca. Con asiduidad escribió cartas, publicó artículos, ensayos y editoriales, distribuyó informes, folletos, panfletos y estadísticas sobre México, para que la opinión pública pudiera comprender la justeza de la causa juarista y la importancia de que Estados Unidos la respaldara.

La labor de Matías Romero no sólo encontró eco y apoyo en la opinión pública estadounidense, sino en toda América. Perú y Chile fueron de los países que mayores contribuciones hicieron, o bien protestando por la invasión a través de sus representantes en Europa, u organizando colectas para enviar recursos a Juárez.

El drama que el país había vivido a lo largo de siete años tocó a su fin; el efímero imperio se derrumbó con la toma de Querétaro y el apresamiento de Maximiliano. Matías Romero concluía de manera exitosa su misión en la ciudad de Washington y su regreso a México se hizo inminente.

Romero regresó a México en octubre de 1867, el presidente Juárez premió sus leales servicios nombrándolo secretario de Hacienda. No fue un teórico de la economía, sino un economista ejecutivo y práctico; un administrador, por lo que con pragmatismo puso el énfasis en el desarrollo de los sectores productivos en los que el país tenía ventajas comparativas.

A Romero le correspondió ejecutar, en lo económico, lo que Juárez hizo en lo político; centralizó y robusteció el nacionalismo financiero y con ello favoreció la creación de un mercado nacional, que atrajo capital extranjero, principalmente de Estados Unidos y de la Gran Bretaña. Durante su gestión se inició la reforma económica y se comenzó a ejercer un control y una supervisión del gasto público más estrictos.

Para 1872, el peso de las responsabilidades había comenzado a hacer estragos en la salud de Romero y en su estado de ánimo, por lo que comunicó a Juárez su intención de renunciar e iniciar un largo viaje por el sureste del país.

En 1875 fue electo senador por Chiapas. Tan sólo llegó a desempeñar el cargo por un año, pues en 1876 Díaz se pronunció mediante el Plan de Tuxtepec, disolvió el Congreso y nombró a Romero nuevamente secretario de Hacienda.

Uno de los primeros problemas que el régimen de Díaz confrontó con Washington fue el del reconocimiento de su gobierno, y la tarea fue encargada a José María de Zamacona.

El activismo diplomático que propuso Zamacona, y que Díaz utilizó eficientemente a lo largo de sus 32 años de gobierno, había sido precisamente el que con éxito Romero había iniciado anteriormente para favorecer la causa de Juárez. En ese contexto, los servicios de Romero obviamente se hicieron de nueva cuenta indispensables.

En octubre de 1880 solicitó al presidente una licencia para trasladarse a Nueva York, donde permaneció por seis meses en los cuales renovó sus antiguos contactos. Restableció su vieja amistad con el general Ulysses Grant, y en 1881 inició con éste las negociaciones de un nuevo tratado comercial. Después de casi cincuenta años de haberse puesto en vigor el primero de estos acuerdos, Romero y Grant, en calidad de comisionados de sus respectivos gobiernos, firmaron el 20 de enero de 1883 un nuevo texto.

Fue secretario de Hacienda de 1876 a 1880 y de 1892 a 1893, fue ministro plenipotenciario en la capital norteamericana de 1893 a 1898.

En 1898 se elevó el rango de la representación diplomática al nivel de embajada, correspondiendo a Romero el honor de ser designado como el primer embajador de su país en Estados Unidos. Lamentablemente disfrutó poco el nuevo cargo; sorpresivamente, a la edad de 61 años, murió de apendicitis

Matías Romero sintetizó, en su vida personal y profesional, los mejores atributos que un diplomático puede poseer: patriotismo, lealtad, honestidad, alto sentido del deber y permanente dedicación. Supo adaptarse a las realidades que le tocó vivir y valerse de la oportunidades y medios que las circunstancias le ofrecieron para cumplir su misión. Fue hábil, astuto, tenaz, y estuvo dispuesto a llegar hasta el límite para cumplir las difíciles responsabilidades que el destino le asignó, pero al mismo tiempo su cautela y gran sentido de responsabilidad le fijaron el límite exacto hasta el que podía llegar.

Fuente: Matías Romero (1837 - 1898) en Instituto Matías Romero. XXV Aniversario. Editado por la SRE, México, D.F, 1999, pp. 107-140.

 
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