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SARA PÉREZ “EL SARAPE”

 

Sara Pérez se casó con Francisco I. Madero en  1803 con quien después sostendría a huérfanos, becaría a estudiantes, crearía escuelas elementales y comerciales, instituciones de caridad, hospitales y comedores populares. Siempre se le veía al lado de su esposo por lo que se le mereció el apodo “El Sarape” porque el Presidente la “llevaba a todos lados”.

La fiel Sara

Sara Pérez Romero nació un 25 de agosto de 1870 en San Juan del Río, Querétaro. Hija del hacendado Macario Pérez y Doña Velina Romero, recibió educación en casa y en 1893 fue enviada a San Francisco a estudiar en el Colegio de Notre Dame donde conoció a Mercedes y Magdalena Madero que después le presentarían a Francisco Ignacio que también se encontraba en California para mejorar su inglés e instruirse en técnicas agrícolas. Se casaron en 1903 y al año siguiente Madero comienza su vida política lanzando su candidatura por la presidencia municipal y después por la gubernatura de Coahuila. Al perder en las dos ocasiones, traza un plan para democratizar México en el cual Sara se convirtió en su aliada acompañándolo por 22 estados de la República en sus giras por fundar asociaciones anti-reeleccionistas contra Porfirio Díaz. En diciembre de 1909 llegó al natal Querétaro de Sara, donde buscaba difundir sus ideas y el principio de “Sufragio electivo no reelección”. Ahí gran cantidad de personas se reunieron en la Alameda Hidalgo para escuchar su discurso.

Madero realizó 5 giras por el país en una de las cuales lo apresan en Monterrey junto con su fiel esposa con la que compartió celda y fue su defensora cuando días después fue trasladado a la prisión de San Luis Potosí en octubre de 1910. Sara huyó con él a San Antonio Texas donde desde su exilio proclama el plan de San Luis que había redactado en su cautiverio y que convocaba al pueblo a tomar las armas, desconocer a los poderes federales y exigir la restitución de terrenos y la libertad de los presos políticos. Así la Revolución estalla el 20 de noviembre de ese año. Con órdenes de arresto, Madero decide esconderse en Nueva Orleáns donde en diciembre de 1910 le escribe a su esposa que tenía el pseudónimo de Juana P. de Montiú: “¿Crees tú que nuestros actos puedan tener sobre nosotros consecuencias dolorosas? No, eso no puede ser; es posible que nos vengan algunas contrariedades, pero no serán sino aparentes. Elevándonos un poco las apreciaremos debidamente, veremos su poca importancia y recobraremos la serenidad a que tenemos derecho, porque tenemos la conciencia tranquila, porque sabemos que obramos bien, que estamos cumpliendo con nuestro deber.”

De regreso en Texas antes de volver a tierras mexicanas, Madero renta una máquina de escribir para pasar en limpio Comentarios del Baghavad Gita, libro en el que encontró esperanza y fuerza. En febrero de 1911 le escribe de nuevo a Sara y le transmite su fe en la Revolución: “¡La suerte está echada! Me siento llevado por el destino, guiado por un deber, alentado por lo noble de nuestra causa y por el indómito valor de sus defensores. Tengo fe en el triunfo porque creo en la patria Divina y es que nuestra causa es justa y también porque considero que el movimiento ha asumido proporciones formidables. Sé que a donde quiera que vaya irán conmigo tus tiernas y fervientes oraciones y esos pensamientos, así como los de todos los seres queridos, formarán a mi rededor una atmósfera de bienestar que me protegerá siempre. Tengo la intuición de que mi vida no peligra. Pero si sucede lo contrario iré a la tumba con la satisfacción del deber cumplido. Con el licenciado te mando mi Baghavad Gita; quiero que me lo guardes cuidadosamente, así como las notas que de él saqué. Hasta pronto cielo mío. Sabes que tu amor lo llevo siempre en mi corazón. Recibe un beso muy cariñoso de tu amante esposo.”

En mayo de 1911 Porfirio Díaz renunció a la presidencia poniendo fin a la dictadura de alrededor de 30 años. El 7 de junio Madero hace su entrada triunfal en la ciudad de México donde lo reciben 100 mil personas después de un temblor en la madrugada y por medio de elecciones libres subió a la presidencia en noviembre. Su gobierno duró 15 meses  donde tanto él como su esposa recibieron un sinfín de críticas. A él se le acusó de ingenuo por conformar un gabinete tan heterogéneo como opuesto y se le criticaron sus prácticas personales como el ser vegetariano, espiritista y masón. A Sara por ser más sencilla, se le comparaba duramente con Doña Carmelita Romero Rubio de Díaz quién era considerada una mujer muy elegante.

El general Victoriano Huerta traiciona a Francisco I. Madero en febrero de 1913 y con la ayuda de Félix Díaz da un golpe de Estado en el que lo confina junto con su vicepresidente Pino Suárez en el Palacio Nacional. Sara Pérez buscó la ayuda del embajador norteamericano quien burlonamente le respondió: “El Presidente Huerta me ha pedido mi opinión acerca de que si sería mejor mandar a su marido fuera del país o colocarlo en el manicomio. Yo le contesté que no podía entrometerme en asuntos ajenos a mi país, por lo que consideraba que debía hacer lo que fuera mejor para la paz del país” Camino a lo que iba a ser el exilio a Cuba, Madero y Pino Suárez fueron asesinados dejando de esta manera a Sarita viuda y sin cobrar pensión alguna por los servicios que su marido prestó a la Patria, falleció en 1952 en el Distrito Federal.

Bibliografía: Historia mínima de Querétaro. Instituto Nacional para la educación de los Adultos. Querétaro, Qro. 1993.; Místico de la libertad: Francisco I. Madero. Enrique Krauze. Fondo de cultura Económica. México D.F. 1987.; Querétaro Inédito. Volumen I. David Rafael Estrada Correa. Editorial Estrada.

Fuente: Articulo autoría de Mariel Ibarra. periodismoinvest.wordpress.com. 2010/10/29.

 
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