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ARTÍCULOS QUE PRESENTAN LA ACTITUD DE WOODROW WILSON ANTE LA SITUACIÓN POLÍTICA DE MÉXICO. III y IV

 

Revolución y Régimen Constitucionalista. Documento 206 A. Artículos que presentan la actitud de Woodrow Wilson ante la situación política de México, escritos por Ray Stannard Baker y publicados en Excélsior. Capítulos III y IV.

Serie de artículos que presentan la actitud de Woodrow Wilson ante la situación política de México, desde el final de la dictadura del del general Díaz hasta el desembarco de marinos en el puerto de Veracruz, escritos por Ray Stannard Baker y publicados en Excelsior, del 29 de noviembre de 1931 al 6 de diciembre del mismo año.

WILSON ENFLAQUECIÓ POR LA SITUACIÓN DE MÉXICO

LA VOLUBLE ACTITUD DE VICTORIANO HUERTA NO DEJABA DORMIR AL PRESIDENTE

JOHN LIND HACIENDO ESFUERZOS NOTABLES

EL REPRESENTANTE AMERICANO HALE RECOMENDABA UNA DURA LECCIÓN OBJETIVA

Capítulo III

Disciplina y labor

Woodrow Wilson se veía abrumada por sus deberes en esa época. Estudiando cualquiera de las luchas que entonces sostenía, como el asunto de las tarifas, las dificultades con México, para no decir de otros problemas de menor importancia, parecería que el Presidente no podía tener tiempo para otras cosas, y sin embargo, si examinamos los hechos consignados en su correspondencia y en los diarios de la Casa Blanca, no encontramos en ellos signo de precipitación, ni de esfuerzo excesivo. En el fondo había calma, todo estaba en orden.

Nos maravilla el ver cuánto tiempo dedicaba cada semana al golf, al automóvil, al teatro. Poseía el don, disciplinado por una inteligencia bien preparada, de la exactitud, de evitar las confusiones, de no hacer nunca una sola cosa dos veces. Pero en su tarea estaba solo. En carta dirigida a su amiga, la señora Mary A. Hulbert, deja vislumbrar íntimamente su vida de ese tiempo:

"No creais lo que leeis en los periódicos, según los cuales todo está bien embrollado y enmarañado aquí. En realidad no hay embrollo que no pueda ser arreglado fácilmente, si no me equivoco. Parecería que tuviera uno que estar constantemente en el trabajo. No se puede apartar la atención de los negocios ni por una sola hora. Se espera en general, y él también espera, que nadie sino el Presidente vele por los intereses del país. Todos los demás son consejeros especiales de una localidad o de algún grupo de personas o industrias, todos menos él tienen que atender alguna cosa particular. Sólo él tiene el reconocido deber de estudiar el sistema de los negocios como un todo, y vivir entretanto en sus pensamientos, con el pueblo de todo el país. En la tarea está solo. Necesita compañía. ¿Dónde va a encontrarla? ¿En Washington? Sus amigos son sus electores, en ese asunto difícil y de responsabilidad...

Estoy muy bien... Juego diez u once hoyos de golf todos los días, haga calor o frío, y en una pista adecuada y tan irregular como puede desearse por el atractivo y la diversión, y dos veces a la semana voy al teatro, vestido de blanco y con un aspecto (me gustaría imaginarlo) tan sereno y despreocupado como con frecuencia estoy en tales ocasiones. Por dicha, tengo el don de solazarme y divertirme pero aun entonces me siento solo, muy solo, y es cuando tengo tiempo de echar de menos a mis amigos y desear su compañía..."

Wilson no descansaba ni los días festivos

Una semana más tarde completa el cuadro así:

"He ido al templo, un bello templo a la vieja usanza, tal como el que solía yo visitar cuando era un muchacho, en medio de una congregación de gente sencilla, para la cual es del todo indiferente que haya temporada o no en Nueva York, o Washington, o Bermuda, o en cualquier otro punto de la Tierra. Los domingos está conmigo mi fiel ayudante y compañero, el doctor Grayson. Tumulty (Joseph Tumulty, su secretario particular) ha enviado su pequeña familia a la costa del mar, a Avon, cerca de Seagirt, en el litoral de Jersey, y se planta allá de un salto los viernes, para pasar el fin de semana con los suyos. ¡Feliz mortal!

Yo no me levanto de la cama los domingos sino a eso de las 10 de la mañana, a tiempo de tomar un ligero desayuno e ir al templo, y cuando en la tarde he escrito mi correspondencia, el doctor y yo salimos a dar una vuelta en el automóvil, a menos de que como esta tarde, sobrevenga una tormenta de pura desesperación de que el día ha sido caluroso. Parece desencadenarse después de tal día, exactamente como si estuviese de mal humor, para expulsar el caldeado aire, al cual persigue con su poderoso aliento, rugiendo entretanto como una bestia feroz en la caza.

"El escribir mi correspondencia en la tarde del domingo renueva deliciosamente mis pensamientos y sentimientos normales, los que me pertenecen, no como Presidente que trata de arreglárselas con un imposible Presidente de México, sino como un amigo y un compañero apegado al hogar, que nunca está más satisfecho que cuando habla con aquellos a quienes ama y respeta, a los que comprende y lo comprenden sin explicación de ninguna especie.

"Sí, estoy perfectamente bien, con tranquilidad en la mente y en mis designios"...

Aunque recibido a regañadientes, John Lind presentó a Huerta las proposiciones de Wilson y encontró al general infinitamente fecundo en evasivas. Hale informó desesperado al secretario Bryan:

"Huerta suave con Lind, habla a sus amigos de hacer marchar el ejército hasta San Luis Missouri sin tropezar con oposición...

"Vuelvo a exponer la opinión de que no se cederá a nuestras sugestiones mientras no se haya hecho entender a Huerta que los Estados Unidos están decididamente resueltos y dispuestos a imponerlas... Lind ha agotado todos los recursos de la cortesía. Propongo una lección objetiva de distinta índole."

Victoriano Huerta, un divertido bruto

La impresión íntima de Wilson acerca de estas gestiones y especialmente hacia ese "bribón de Huerta" es muy notable y exhibe una fase del carácter de Wilson que rara vez se ha expuesto.

Gustábale un buen luchador no menos que una buena pelea. Por eso escribía a la señora Hulbert el 24 de agosto de 1913:

"Nuestro amigo Huerta es un divertido bruto. Se halla perfectamente en su carácter siempre. Es tan falso, tan socarrón, tan jactancioso (con la jactancia de la ignorancia principalmente) y, también tan valiente, tan resuelto, que forma una rara mezcla de debilidad y de fuerza, de ridiculez y de respetabilidad. En un instante se ansía su sangre, como simple acto de justicia por lo que ha hecho, y al siguiente momento se sorprende uno mismo de abrigar una secreta admiración por su temple.

No cejará hasta que no derribe toda la casa con él. Sólo quiere a los que le aconsejan lo que él quiere hacer y tiene frío plomo para los que le dicen la verdad. Es casi cuerdo y siempre imposible, y sin embargo ¡qué luchador tan indomable por su propia fuerza! Cada nuevo día las noticias de la ciudad de México echan por tierra a las del anterior. Todo el asunto se asemeja a una masa de mercurio. No me atrevo a acabar mi mensaje al Congreso, para el martes, mientras no lleguen las noticias de ese día, por temor de que lo que diga en ese mensaje pueda ser falso de hecho. A cualquier hora del día o de la noche puedo tener que considerar más juicio acerca de lo que sería mejor hacer. ¿Os maravilláis de que haya yo perdido un poco de carne?

"No obstante, para hablar con verdad, estoy bastante bien y me regocijo de ser un sujeto muy resistente. No veo cómo podría sobrevivir a su misión un Presidente de los EE. UU. si cumple los deberes de su puesto como deben ser cumplidos, si no es resistente en todas sus fibras, tanto de espíritu como de cuerpo."

Los primeros pasos en contra de Huerta

Habiendo demorado las cosas todo cuanto pudo, en espera de que tuviera algún resultado la misión de Lind, Wilson decidió exponer el problema en su integridad ante el Consejo y el pueblo. El 21 de agosto se desarrolló una acalorada discusión acerca de México, y el senador Penrose había sometido una iniciativa para que se ordenase prácticamente al Presidente enviar tropas al otro lado de la frontera sur de los EE. UU.

Wilson compareció ante el Congreso el 25 de agosto. El público que llenaba las galerías, y los aplausos que siguieron a su presentación, fueron prueba de la popularidad de que disfrutaba en esa época. Fue breve el discurso en que Wilson expuso los métodos que estaba planeando, y además publicó íntegramente sus instrucciones a John Lind. No proponía ninguna acción severa contra Huerta. Estaba seguro de que todo lo que se necesitaba era paciencia, de que los mexicanos mismos impondrían el retiro de Huerta.

Luego propuso recomendar a todos los norteamericanos residentes en México que abandonaran el país, y que se les ayudara a salir de él, "no porque pretendamos aminorar en lo mínimo nuestro empeño de salvaguardar sus vidas y sus haciendas, sino porque es preciso que no afronten riesgos innecesarios".

Anunció, además, que prohibiría la exportación de armas de los Estados Unidos a México, a fin de que ninguno de los bandos rivales recibiese ayuda de los norteamericanos y terminó con una característica profesión de fe:

"La continua presión de la fuerza moral derrocará antes de mucho las barreras del orgullo y el prejuicio, y entonces triunfaremos como amigos de México más pronto que como sus enemigos..."

Una de las frases de su discurso cuya sustancia debía repetir en una época mucho más importante (en el discurso pronunciado el 10 de mayo de 1915 en Filadelfia, cuando dijo: "Somos demasiado orgullosos para ir a la lucha"), hizo que su hermano le enviara una carta, la cual deja vislumbrar las arraigadas influencias de la herencia y la educación que había en el fondo de su conducta:

"Una cosa que dijiste me hizo pensar en nuestro amado padre. Me refiero a estas palabras: Podemos ejercer la facultad de dominio propio de una gran nación, que comprende su fuerza y desdeña el hacer mal uso de ella..."

Solía decirme el que, a menudo se requiere más valor para mantenerse fuera de la lucha que para intervenir en una prueba de fuerza física.

El discurso mereció la aprobación general del país, aunque como era natural, fue censurado acremente por el ex embajador Henry Lane Wilson, el cual deseaba "algo más que simples dosis de democracia altruísta". Se le llamó: "otro paso hacia la nueva diplomacia de la generosidad..." de la cual habían dado ya ejemplos en la política de la "puerta abierta", de Hay, la devolución de la indemnización Boxer y el retiro de las tropas norteamericanas que estaban en Cuba y que había sido prometido.

La famosa política de vigilante espera

La respuesta del país no sólo complació al Presidente, sino que renovó su confianza en la tentativa para resolver el problema por medios pacíficos. Al general W. F. Sadler, de Nueva Jersey, que ofreció sus servicios para el caso de guerra con México, le escribió de su puño y letra una especie de declaración de propósito diciéndole:

"No va a haber guerra."

El Presidente se dedicó a desarrollar una táctica de neutralidad, en la cual concurría Bryan.

"Estoy de acuerdo con la opinión expresada por el Presidente esta mañana, acerca de que debe ser una táctica de espera la nuestra", escribía Bryan a Tumulty, y agregaba: "hemos cumplido nuestro deber, ahora les toca a ellos dar el siguiente paso".

Al acercarse las elecciones (habían sido fijadas para el 25 de octubre) la situación empeora a gran prisa. En realidad, Huerta no había prestado atención a John Lind, ni a las proposiciones de Wilson y se estaba aclarando que pretendía conservar el poder pasara lo que pasara.

"Su plan, evidentemente, consiste en manejar de tal manera los asuntos que se vea obligado a continuar en el puesto", escribía Lind a Bryan.

Por si se necesitara una nueva prueba de las intenciones de Huerta, se tuvo el 10 de octubre. Los miembros de la Cámara de Diputados habían objetado los métodos del dictador, y en acuerdos aprobados en tal fecha, insinuaron vehementemente que su Gobierno había sido responsable de la misteriosa desaparición de un senador que se atrevió a protestar contra su despótico mando. Huerta contestó disolviendo inmediatamente el Congreso y empleando la fuerza para arrestar a 110 diputados. Surgieron entonces graves temores de que los prisioneros corrieran la misma suerte que el presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez, y sus familias pidieron la intervención del Gobierno de los Estados Unidos.

Nota conminatoria par el cuartelazo

El día 13, O'Shaughenessy, encargado de Negocios de los Estados Unidos, recibió órdenes de entregar la siguiente comunicación al Gobierno provisional:

"El Presidente horrorizado ante los métodos ilegales empleados por el general Huerta, y como un amigo de México está profundamente afligido por la presente situación. Le es imposible al Presidente considerar la conducta del general Huerta al disolver al Congreso y arrestar a los diputados, como otra cosa que no sea un acto de mala fe hacia los Estados Unidos. No sólo representa una violación de las garantías constitucionales, sino que descarta toda posibilidad de que haya elecciones legales y equitativas. Cree el Presidente que una elección celebrada en este momento y en las condiciones existentes, no contaría con ninguna de las sanciones con que la ley rodea a los comicios, y que, por lo tanto, sus resultados no podrían ser considerados como la representación de la voluntad popular. El Presidente no creería obrar justificadamente aceptando el resultado de tal elección o reconociendo a un Presidente elegido en esa forma."

El día 10 de octubre Lind había telegrafiado a Bryan:

"Probablemente, los Estados Unidos se verán obligados a desembarcar tropas en México antes de mucho."

Para aumentar la irritación, Wilson y Bryan entendían que la Gran Bretaña, al enviar a México como embajador a Sir Lionel Garden, seguía dando esperanzas y estimulando a Huerta. Lind telegrafió al secretario de Estado para decirle que estaba persuadido de que Lord Cowdray dominaba completamente al Gobierno provisional. A una vez, recibía instrucciones en el sentido de que "había que convencer a Garden, con toda la fuerza posible, acerca de nuestra actitud hacia Huerta y todo lo que él representa, actitud que no ha cambiado ni cambiará. Exigimos una base, así moral como material, para el Gobierno allá".

En Londres, el embajador Page trataba de hacer ver a los ingleses la justicia y prudencia de la política de Woodrow Wilson, pero lograba poca satisfacción.

"He hablado con... muchas clases de personas esta semana acerca del malhadado asunto mexicano -escribía el diplomático- y no he conocido ni oído una alusión a cualquiera de los principios morales involucrados, ni una palabra de interés hacia el pueblo mexicano. Sólo se trata de quién es el más fuerte, Huerta o cualquier otro bandido, y de la necesidad de los intereses financieros. Nadie nos reconoce ningún principio moral...

"...ni aun de él [Grey] ha surgido una palabra acerca de la base moral del Gobierno, ni sobre el bienestar del pueblo mexicano..."

Es evidente que llevaron la indignación de Wilson y del secretario de Estado al colmo los informes de Lind y O'Shaughenessy respecto a la política de Carden y de Inglaterra, juntamente con la manifiesta indiferencia de las naciones europeas. Se dijo que el embajador británico en México había hecho declaraciones públicas que Wilson juzgó por demás ofensivas.

El Presidente y Bryan pensaron en mandar a los gobiernos extranjeros una nota que expusiera vigorosamente el modo de sentir de la administración norteamericana acerca de lo que consideraba como una tentativa de los grandes financieros extranjeros para dominar al Gobierno de México ¡y de incluir en esa nota la extraordinaria demanda de que retirasen su reconocimiento a Huerta! Bryan redactó dos diferentes comunicaciones y ambas fueron estudiadas y revisadas por Wilson, pero ninguna fue enviada a la postre.

Como se esperaba, las elecciones del 26 de octubre fueron una burla y Huerta fue elegido, a pesar de su reiterada afirmación de que no sería candidato y de que legalmente no podría conservar la Presidencia si fuese elegido. (Había congregado al Cuerpo Diplomático el 23 de octubre para comunicárselo así.)

Del 26 de octubre en adelante, Wilson renunció a la esperanza que pudiera abrigar de hacer algo con Huerta. Éste debía marcharse.

Emprendiendo la tarea con la mejor de las intenciones, con elevadas declaraciones de principios y con la resolución de volver la espalda a lo pasado. Wilson debía encontrarse frente a frente del "pasado inmutable".

Debía ver sus móviles puestos en tela de juicio y se vio impelido irremisiblemente a adoptar líneas de conducta que, al parecer, no eran muy distintas de las de sus predecesores y que se prestaban a interpretaciones semejantes.

Las fuerzas que determinan la política exterior de los Estados (así el nuestro como de los demás) son bajo el actual orden social y económico, poderosas y hondamente arraigadas. Wilson estaba ya empeñado en una lucha para librar al mundo de ellas y orientar a éste hacia "las grandes alturas donde brilla sin estorbo la luz de la justicia divina". Y era una lucha en la cual, más de una vez, había de resbalar bajo la poderosa influencia de esas fuerzas y que, a la postre debía aniquilar su corazón.

 

WILSON ASUMIÓ UNA ENÉRGICA ACTITUD RESPECTO A HUERTA

EXPULSARLO DEL PÓDER ERA LA ÚNICA OBSESIÓN DEL PRESIDENTE

UNA INTROMISIÓN FRANCA Y TENAZ

SE DIRIGIÓ A LOS PAÍSES EUROPEOS PARA QUE DIERAN SU APOYO

Capítulo IV

A principios de noviembre de 1913, Woodrow Wilson transformó francamente en un problema su determinación de expulsar a Huerta del poder. La táctica de neutralidad que había adoptado en agosto no era eficaz: era preciso desarrollar una acción más positiva. Entonces, Wilson no sólo envió a Huerta lo que podía considerarse como un ultimátum, sino que se anunció a los gobiernos extranjeros en términos inequívocos:

"... Su clara conclusión [del Presidente] es: que su deber inmediato consiste en exigir que Huerta se retire del Gobierno de México... que el Gobierno de los Estados Unidos debe proceder a emplear los medios que juzgue necesarios para lograr tal resultado, y que, además, el Gobierno de los Estados Unidos no mirará como obligatorio para el pueblo mexicano nada de lo que haya hecho Huerta desde que asumió las facultades dictatoriales, ni nada de lo que pueda hacer la fraudulenta Legislatura que él está a punto de convocar."

Una instancia a los países europeos

Al mismo tiempo trató de ganar a las naciones europeas a su modo de ver respecto de Huerta y les pidió expresamente que "persuadieran a éste de la prudencia de retirarse en favor de la paz y del Gobierno constitucional".

Sin embargo, su recomendación no fue recibida con entusiasmo, aunque era evidente que las naciones europeas no estaban dispuestas a oponerse abiertamente a Wilson, ni a la dirección norteamericana en los negocios del Hemisferio Occidental. Page hacía todo lo posible en Londres, pues simpatizaba plenamente con la política de Wilson. Escribía al Presidente:

"Tiene gracia la manía del orden, del orden puro, del orden por el orden... y por el comercio. Sencillamente, no entienden que haya una cosa antes que el orden, ni que necesite haber otra después de él. Están estupefactos ante vuestra preocupación por cualquiera otra cosa que no sea el orden en México."

Empero, Sir Edward Grey estaba evidentemente impresionado, como nunca, por la determinación de Wilson, y mediaban otros factores de gran influencia también para ello.

Los ingleses se mostraban notablemente solícitos en lo que se refería a la derogación de la ley acerca de las cuotas de tránsito en el Canal de Panamá, que el Presidente patrocinaba vehementemente, y quizá la oposición de Inglaterra a los Estados Unidos en el problema de México podría serle perjudicial en ese asunto de las tarifas, más importante aún. La supresión de las cuotas de tránsito en el canal representaría más para las empresas mercantiles británicas que la influencia sobre un Gobierno vacilante en México.

La farsa de las elecciones

La farsa de las elecciones del 26 de octubre debe de haber convencido aun a los diplomáticos europeos más endurecidos, de que Huerta era un tirano sin escrúpulos, y sin duda esta consideración hizo que los ingleses enviaran a Washington a Sir William Tyrrell, secretario de Sir Edward Grey, con el ostensible objeto de visitar al embajador de Inglaterra; pero en realidad para discutir con el Gobierno el asunto de las cuotas del Canal de Panamá y el problema de México.

Era indudable que Wilson había llegado a un punto en que sentíase dispuesto a ir a grandes extremos con tal de eliminar a Huerta. Acerca de esto hacía confidencias a su amiga, la señora Hulbert:

"Resiento bastante en estos días el agobio de los negocios, pues todo indica una crisis en México. En esta situación llena de perplejidad, hay involucradas muchas funestas perspectivas. Permanezco despierto en las noches, rogando al cielo que se evite lo más terrible. Nadie puede decir lo que puede suceder, cuando tratamos con un bruto desesperado como ese traidor de Huerta. ¡Dios nos salve de lo peor! No necesito exponeros cuáles son mis sentimientos y mis inquietudes."

¿Y qué podía ser lo peor, si no la intervención armada, o en una palabra, la guerra? Es claro que Wilson podía pensar aún en ella ¡Dios nos libre! con tal de no abandonar su propósito.

En el ínterin, no se movía para nada el obstinado y viejo indio que ocupaba el Gobierno de México. Aunque O'Shaughenessy informó el 3 de noviembre que Huerta "había decidido prácticamente renunciar a la Presidencia", y aunque Wilson esperaba un acto semejante, el dictador en realidad estaba atrincherándose e imponiendo préstamos para comprar armas y aumentar su ejército...

Clausura completa de la Embajada

Wilson empezó entonces a examinar varios métodos, fuera de la intervención armada, como por ejemplo, la clausura completa de la Embajada norteamericana en México, el reconocimiento de la beligerancia de los constitucionalistas o cuando menos, la revocación del decreto que prohibía la exportación de armas a México, a fin de proporcionar a Carranza y Villa una provisión más amplia de pertrechos norteamericanos.

El 13 de noviembre, el Presidente recibió al comisionado inglés, Sir William Tyrrell, a quien su Gobierno había allanado el camino al decidirse a apoyar la política de Wilson.

Dos días antes, el embajador Page había informado que Grey había declarado sin vacilaciones que la Gran Bretaña no ayudaría a Huerta contra los Estados Unidos. El 13 cablegrafió lo siguiente el mismo embajador:

"Los sentimientos generales contra Huerta han cambiado del todo aquí, y su eliminación es mirada como cosa cierta, inminente y deseable, pero piensan que ésta es una tarea que compete a los Estados Unidos."

Por lo tanto, Wilson recibió a Sir William con la mayor cordialidad.

Cuando la entrevista estaba a punto de terminar, Tyrrell dijo a Wilson:

"Cuando regrese yo a Inglaterra, se me pedirá que explique vuestra política hacia México. ¿Podéis decirme cuál es?

Wilson lo miró fijamente y respondió:

"Voy a enseñar a las repúblicas sudamericanas a elegir buenos hombres."

Carranza, Huerta y Villa, semejantes

Sir William observó que los ingleses no podían encontrar gran diferencia entre Huerta, Carranza y Villa, a lo cual dijo Wilson que Carranza era el mejor de los tres y que Villa no era tan malo como lo habían pintado.

Tyrrell quedó encantado de la entrevista e hizo observar que nunca había sostenido una conversación tan franca sobre asuntos de tanta importancia.

"Si nos hubiera oído algún veterano de la diplomacia -dijo-, se habría desmayado."

Wilson, por su parte, quedó complacido de la conferencia y escribió a Page:

"Fue muy ventajoso el viaje de Sir William Tyrrell. Tuve con él conversaciones absolutamente francas y estoy seguro de que será buen conducto para trasmitir a Sir Edward Grey las impresiones de su conversación conmigo. Mientras tanto, habéis preparado el terreno precisamente en los mismos términos que yo habría empleado. Es excelente la manera con que estáis inculcándoles la doctrina elemental. Quizá después de poco tiempo crean que somos demócratas verdaderamente convencidos."

Sir Edward Grey obró prontamente y el 14 de noviembre el ministro inglés en México, Sir Lionel Carden, tuvo el antipático deber de presidir una procesión de diplomáticos ante el general Huerta, para aconsejarle que cediera a las demandas de Wilson. Se insinuó que los gobiernos de Europa estaban apoyando la política del Presidente norteamericano, y que no era posible que Huerta retuviese el poder.

Animado por los resultados Page continuó sus gestiones, aprovechando en cuanto se le presentaba la oportunidad el apoyo de los ingleses que disfrutaban de influencia. Su carta de 26 de noviembre de 1913 a Wilson es transcrita así en la biografía de Hendrick:

"Lord Cowdray ha estado a verme en cuatro días consecutivos. Tengo la sospecha que en vez de dirigir al Gobierno, éste ha cambiado los papeles y lo está dirigiendo a él. Su contrato con el Gobierno está convirtiéndose en caso que quita el sueño. Me dijo esta mañana que había retirado la demanda para que se le otorgara una concesión en Colombia. ¡Dios mío! ¡Cuánto ha cambiado! Hace varios días, cuando lo hallé en la calle, se veía festivo, casi cínico. Ahora está muy serio...

"No sabéis cuán fácil es todo con nuestro amigo y jefe al frente de nosotros. Casi me he hecho audaz. Se siente el terreno firme bajo los pies. Y ellos se están refugiando en sus tiendas."

Wilson expuso más claramente que nunca su resolución de obligar a Huerta a marcharse en una carta a Sir William Tyrrell escrita para que la viera Sir Edward Grey, el cual comenzaba a inquietarse:

"Os ruego que aseguréis a Sir Edward Grey que el Gobierno de los Estados Unidos se propone no solamente expulsar a Huerta del poder, sino también ejercer toda influencia de que es capaz a fin de asegurar en México la formación de un Gobierno mejor bajo el cual los contratos, negocios y concesiones sean más seguros que antes.

"También ha dado todos los pasos posibles para que la propiedad sea protegida. Repetidas veces se han mandado órdenes a los cónsules de los Estados Unidos y México para que prevengan a las autoridades acerca de esto, ya sea en la ciudad de México o en el Norte, y repetidas veces también ha recibido seguridades de que la propiedad de todos los extranjeros será garantizada hasta donde lo permitan las operaciones militares."

Wilson retiró su determinación en su mensaje anual al Congreso Federal, leído el 2 de diciembre y en el cual decía:

"El Gobierno de los Estados Unidos no tratará ni apoyará a esos pretendidos gobiernos..." y agregaba estas palabras tranquilizadoras: "pero día por día su poder y prestigio se hunden y no está lejano el desastre". Pensaba que "no debemos ser obligados a alterar nuestra táctica de vigilante espera".

Frank L. Cobb, uno de los más cordiales comentadores de la política de Wilson, escribía en el New York World: `Exactamente a los noventa años de que James Monroe en su mensaje al Congreso definió la doctrina Monroe, Woodrow Wilson, en otro mensaje al Congreso, ha definido la doctrina Wilson.

"Aquélla tenía por objeto defender a las repúblicas latinoamericanas contra la colonización europea; esta última tiende a salvarlas de la renovada anarquía."

Se respeta ortografía de origen.

Fuente: Documentos Históricos de la Revolución Mexicana. Revolución y Régimen Constitucionalista I. Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de Isidro Fabela. Fondo de Cultura Económica. Primera edición, 1960. pp.429-440.

Y también en: Documentos Históricos de la Revolución Mexicana. Revolución y Régimen Constitucionalista. Volumen 1° del Tomo I. Fundador: Isidro Fabela. Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de Josefina E. De Fabela. Coordinador: Roberto Ramos V. Investigadores: Luis G. Ceballos, Miguel Saldaña, Baldomero Segura Garcia, Humberto Tejera. Editorial Jus, S. A. México, 1968.

 
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