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MI SEGUNDA ENTREVISTA CON EL SEÑOR CARRANZA

 

ENTREVISTA CON EL SEÑOR CARRANZA

POR FORTUNA aquella primera impresión deplorable muy pronto la desvanecí en mi espíritu.

Como huéspedes de honor del señor Maytorena, tanto el señor Carranza con su Estado Mayor, el Secretario de Gobierno Sánchez Azcona y yo, convivíamos diariamente. Fue ahí donde lentamente fui conociendo el alma de aquel grande hombre que rigió durante varios años los destinos del México revolucionario. Día a día, íbamos compenetrando nuestros espíritus, hasta que en fecha venturosa, cuando hube comprendido que la primera entrevista fue un caso excepcional de sequedad y premura, me atreví a pedir su venia para hablar con él confidencialmente.

Con mucho gusto, Lic., me respondió. Vamos arriba, y me condujo a su cuarto donde quedamos frente a frente, esperando el Primer Jefe que yo iniciara la conversación.

Fue entonces cuando le expuse:

Cuando salí de México para Nueva York y después a Piedras Negras, mi exclusivo propósito era el de ponerme a sus órdenes. No lo encontré a usted ahí ni tampoco en Coahuila. Ya había salido usted de Monclova a su larga campaña que emprendió por los Estados de Durango y Sinaloa hasta llegar a Sonora. El destino me da la oportunidad de realizar mis deseos, que -como le he dicho- no son otros, señor, que ponerme bajo las órdenes directas de usted como Primer Jefe de la Revolución. Yo no vine a quedarme en este Estado, para servir a una Entidad federativa; mis propósitos son los de incorporarme a la Revolución y desempeñar los trabajos que usted determine, cualesquiera que ellos sean. Así, pues, usted me dirá lo que debo hacer.

Don Venustiano, con una sonrisa paternal, me contestó:

Lo felicito, Lic., por la resolución que ha tomado. Aprovecharé sus servicios cerca de mi persona, pero, primeramente, tiene usted que renunciar el cargo que ocupa en el Gobierno del Estado. A lo que contesté:

Hoy mismo, señor, presento mi renuncia del puesto de Oficial Mayor que tuvo a bien otorgarme Don Pepe; de manera que desde mañana se servirá usted decirme en qué trabajos me va a ocupar.

Con verdadera ufanía, redacté inmediatamente mi renuncia, que presenté al señor Gobernador Maytorena, dándole las gracias por el tiempo que había ocupado mis servicios. Y cuál no sería mi sorpresa desagradabilísima al no encontrar la comprensión debida en el señor Maytorena, quien, profundamente disgustado, me dijo:

Todos me dejan; haga usted lo que quiera. Puede usted retirarse inmediatamente. Y me volvió la espalda.

Esta conducta grosera me obligó, por dignidad, a no acudir más a la mesa del señor Gobernador Maytorena, lo que lamentaba de todo corazón, pues mi alejamiento de aquella casa significaba en el fondo, no seguir tratando de cerca al Primer Jefe, y tener que instalarme inmediatamente en una casa de huéspedes, donde encontré personas que no eran de mi amistad. Así se lo manifesté al día siguiente al señor Carranza, quien contestó que había hecho bien, porque muy pronto saldríamos de Sonora para dirigirnos a Chihuahua. Lo que sucedió, en efecto, poco después. Notificado el señor Carranza de mi dimisión en el Gobierno sonorense, me instruyó para que desde el día siguiente me presentara al señor Lic. Don Francisco Escudero, Secretario de Hacienda y Relaciones en su primer Gabinete, donde quedaría yo comisionado por lo pronto como jefe del Departamento Diplomático de nuestra Cancillería en ciernes.

Relato lo anterior, porque al presentarme ante el expresado Secretario, éste me manifestó estar ya enterado por el propio señor Carranza de mi nombramiento, de lo cual se congratulaba cordialmente, ya que tendría como colaborador cercano a un antiguo compañero "Renovador" de la histórica XXVI Legislatura del Congreso de la Unión.

Fuente: Mis Memorias de la Revolución. Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de Josefina E. de Fabela. Coordinador: Roberto Ramos V. Investigadores: Luis G. Ceballos, Miguel Saldaña, Baldomero Segura García. Editorial Jus, S. A. México, 1977. Pp.146-148.

 
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