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LA APREHENSIÓN DEL SENADOR DON BELISARIO DOMÍNGUEZ

 

EL TIRANO HUERTA, considerando la actitud del Dr. Belisario Domínguez como un reto peligroso para su autoridad, decidió suprimirlo, cometiendo así una trágica felonía.

El 7 de octubre de 1913 agentes de la policía "secreta" se presentaron en el Hotel Jardín pasadas las doce de la noche, preguntando por el Dr. Domínguez y requiriendo al velador José María Avila para que les mostrara el cuarto en que se hospedaba.

Ávila les indicó cuál era. Tocaron los esbirros; les abrió la víctima y después de esperar a que se vistiera salieron con él para asesinarlo.

El Dr. Domínguez, al salir, le dijo al velador:

"Hágame favor de avisarle a mi hijo, por la mañana, que venga, que voy con la reservada."

Después, uno de los polizontes, llamando al portero Avila, le dijo:

"Cuidado va usted a decir que estuvimos aquí anoche, pues si lo hace la 'mano negra' no descansará."

Como todos los días, al siguiente de la aprehensión se presentó Ricardo, el hijo de Don Belisario, a ver a su padre, habiendo sido informado que éste había salido en la noche y todavía no regresaba.

Conocidos los anteriores hechos en la Cámara de Diputados, ésta se constituyó en sesión permanente el 9 de octubre de 1913, con el fin de dar a conocer a la Cámara de Senadores y a la República entera la desaparición y muy probable homicidio perpetrado por Huerta en la persona del Senador por Chiapas.

El Lic. Don Armando Ostos, en vista de los informes presentados a la Representación Nacional, sometió a la Cámara la siguiente proposición, que fue aceptada con ligeras modificaciones:

"1a. Nómbrese una comisión, compuesta de tres Diputados, para que haga todas las investigaciones que sean necesarias a fin de averiguar el paradero del Senador Belisario Domínguez y con todas las facultades que a juicio de la misma comisión, sean del caso.

2a. Invítese al Senado para que nombre una comisión de su seno para el mismo objeto.

3a. La comisión de esta Cámara propondrá lo que corresponda, en vista del resultado de la investigación.

4a. Comuníquese al Ejecutivo este acuerdo, para que se sirva impartir el auxilio que sea necesario a la comisión, o comisiones, en su caso; haciéndole saber que la Representación Nacional pone las vidas de los Diputados y Senadores bajo la salvaguarda del propio Ejecutivo, que es el que dispone de los elementos necesarios para hacer respetar los fueros que la Constitución otorga a dichos funcionarios.

5a. Hágase saber al mismo Ejecutivo que, en caso de que acontezca una nueva desaparición de algún Diputado o Senador sin que la Representación Nacional tenga la explicación del caso, esta misma Representación se verá obligada a celebrar sus sesiones donde encuentre garantías.

Salón de sesiones de la Cámara de Diputados. México, D. F. 9 de octubre de 1913. Eduardo Neri, Miguel Hernández, Luis G. Guzmán, Marcos López Jiménez, Joaquín Ramos Roa, Manuel E. Méndez, Macario González, Emilio López, Silvestre Anaya, Pedro Galicia Rodríguez, Armando Z. Ostos, Manuel Orijel, Antonio Ancona Albertos, Alfredo Ortega, Angel Rivero Caloca, Isaac Barrera, Enrique Bordes Mangel, Enrique Luna y Román, Jesús Munguía Santoyo, Jerónimo López de Llergo, Ricardo Ramírez, Carlos Aldeco."

Al día siguiente se desarrolló la sesión ordinaria en dicha Cámara, en la forma que relata el Ing. Palavicini en su interesante y bien documentada obra Los Diputados.

Fuente: Mis Memorias de la Revolución. Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de Josefina E. de Fabela. Coordinador: Roberto Ramos V. Investigadores: Luis G. Ceballos, Miguel Saldaña, Baldomero Segura García. Editorial Jus, S. A. México, 1977. Pp.175-176.

 
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