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INSTRUCCIONES DEL GRAL. AGUILAR A LIC. ARREDONDÓ, PARA HACER ENTREGA A LANSING PROYECTO DE CONVENIO

 

 

Instrucciones del Gral. Cándido Aguilar giradas al Lic. Elíseo Arredondo, en Washington, D. C., para hacer entrega a Mr. Robert Lansing, Secretario de Estado de los EE.UU., del proyecto de convenio que le adjunta, reglamentando el paso reciproco de la línea divisoria por tropas de ambos Gobiernos comprendida entre el río Colorado y Piedras Negras, Coah. [F9-72-19. A.I.F.]

Telegrama.

Querétaro, 25 de marzo de 1916.

Eliseo Arredondo.

Mexican Embassy.

Washington, D. C.

Por acuerdo del C. Primer Jefe del Ejército Constitucionalista sírvase usted entregar personalmente al Secretario de Estado el proyecto adjunto de convenio, que contiene algunas reformas al enviado por usted de parte del Gobierno de los Estados Unidos a este Gobierno, y cuyo texto quedará en los siguientes términos:

"Convenio celebrado en representación de sus respectivos Gobiernos por el Secretario de Estado de los Estados Unidos de América Robert Lansing y el licenciado Eliseo Arredondo, Embajador del Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos, reglamentando el paso recíproco de la línea divisoria por tropas de sus respectivos Gobiernos en persecución de bandas armadas de bandoleros bajo las condiciones que enseguida se estipulan:

Art. 1o. Se conviene en que las tropas regulares de las dos Repúblicas pueden cruzar recíprocamente la parte de la línea divisoria comprendida entre el río Colorado y Piedras Negras, dentro de una zona de sesenta kilómetros en uno y otro país a contar de la misma línea con objeto de hacer la persecución de partidas de bandidos o de partidas armadas que hayan entrado de un país al otro y que habiendo cometido atropellos en suelo extranjero escapen de nuevo por la línea divisoria.

Art. 2o. El paso recíproco que se conviene en el artículo primero tendrá lugar solamente en los parajes comparativamente deshabitados o no protegidos del territorio de uno y otro lado de la línea divisoria, y en ningún caso a una distancia menor de diez kilómetros de cualquier acantonamiento o ciudad en el territorio en que se haga la persecución, a no ser que el acantonamiento o ciudad estén situados en un distrito montañoso respecto del cual sea difícil la comunicación.

Art. 3o. El comandante de las tropas que crucen la frontera según los términos de este convenio, en el momento de emprender su marcha o antes si fuere posible dará al comandante más cercano o a las autoridades civiles del otro país a cuyo territorio va a entrar, una noticia en cuanto al número de tropas que lleve bajo su mando, en el concepto de que sólo se permitirá el paso de caballerías y nunca en número mayor de mil hombres pudiendo llevar ametralladoras en su equipo.

Art. 4o. El Gobierno del país en el cual se haga la persecución, si lo considerare necesario, podrá solicitar el auxilio de las tropas del otro país que la hubieren comenzado, y en ese caso se conviene en que dicho Gobierno cooperará por todos los medios posibles con la fuerza perseguidora a fin de que las partidas de bandoleros queden prontamente exterminadas.

Art. 5o. La fuerza perseguidora se retirará a su propio territorio tan pronto como haya alcanzado y batido dentro de la zona la partida de que se trate, o se haya puesto en contacto con las fuerzas del otro país, las que se encargarán de continuar la persecución. En ningún caso las fuerzas perseguidoras se establecerán o permanecerán en territorio extranjero por más de ocho días, a menos que se solicitare su auxilio en términos del artículo anterior.

Art. 6o. Ninguna persecución podrá emprenderse en territorio del otro país después de tres días de cometerse el atropello a menos que la partida de malhechores haya permanecido en el mismo territorio y las fuerzas respectivas emprendieren su persecución en éste, teniendo que continuarla en territorio extranjero por haber huido los malhechores al país de su procedencia.

Art. 7o. Bajo ningún pretexto ni consideración alguna las fuerzas perseguidoras de uno u otro país ocuparán ciudades o acantonamientos situados en el país en el que se está haciendo la persecución de acuerdo con los términos de este convenio.

Art. 8o. Todos los abusos que se cometan por las fuerzas perseguidoras se castigarán por el Gobierno a que pertenezcan según la gravedad de la ofensa y de acuerdo con sus leyes, como si los abusos se hubiesen cometido en su propio territorio. Los individuos directamente responsables serán retirados de la frontera y se hará una pronta indemnización a todas aquellas personas que hayan sufrido daño.

Art. 9o. Se estipula terminantemente que los actos personales cometidos por los comandantes de fuerzas y las unidades de éstas, por confusión o cualquiera otra causas, así como los actos de los habitantes de uno y otro país en su caso, no serán motivo de responsabilidad para los Gobiernos respectivos ni de rompimiento o alteración de las buenas relaciones existentes entre uno y otro país. En caso de que los habitantes de un país cometieran abusos contra las fuerzas perseguidoras del otro, el Gobierno del país en donde se hayan cometido dichos abusos será responsable para con el Gobierno del otro país tan sólo en caso de denegación de justicia y castigo de los responsables.

Art. 10o. Este convenio tendrá fuerza y vigor desde la fecha en que queda firmado y continuará vigente hasta que en una u otra de las partes se haya dado aviso con dos meses de anticipación.

En testimonio de lo cual queda firmado este convenio hoy [...] de [...] de 1916".

Manifieste usted al Secretario de Estado que el Gobierno mexicano insiste en la necesidad de que queden consignadas en el convenio las estipulaciones referentes a la limitación de la zona dentro de la cual deben operar las tropas que comiencen la persecución, en cuanto a su permanencia dentro de esa zona, en cuanto al arma a que pertenezcan y en cuanto al máximo número de tropas cuya entrada se permitirá a uno u otro país. Las razones que el Gobierno mexicano tiene para insistir sobre estos capítulos del convenio son las siguientes:

En primer lugar, no considera que en puntos situados del Río Colorado al occidente de Piedras Negras al oriente pueda haber necesidad de uso del convenio pues las partidas de malhechores que están tratando de perturbar el orden y de poner en conflicto a los dos países, sólo operan en los Estados de Sonora y Chihuahua, principalmente, siendo bien sabido que Villa y su partida no han salido de los límites de uno y otro Estados, y se considera remoto el caso de que puedan pasar de esa zona de operaciones para que sea necesario extender los efectos del convenio a toda la línea divisoria.

En segundo lugar, el mismo Gobierno estima de todo punto necesario que la zona de acción para las tropas que emprenden una batida tenga un límite del cual no puedan pasar, y como ese límite, según el artículo 1o. del proyecto reformado, es de sesenta kilómetros en uno y otro país a contar de la línea divisoria, debe tomarse en consideración que basta ese territorio para emprender la persecución y para que la fuerza perseguidora pueda ponerse en contacto con las fuerzas propias del país a donde el enemigo se ha refugiado, las que indudablemente son las que tienen perfecto derecho, obligación e interés en continuar la persecución.

En tercer lugar, para combatir a un enemigo que trata de escapar la persecución, como la partida de Villa que anda montada y cuyos movimientos son rápidos, no se necesita que la columna perseguidora se componga de otra arma que la misma arma de caballería, pues las infanterías y artillerías por su propia naturaleza son armas de movimientos lentos y además son estorbosas en su marcha para una acción inmediata. A este respecto el Gobierno mexicano considera que el uso de artillería e infantería en una columna no tiene por objeto exclusivo la persecución, sino que puede dar lugar a interpretaciones torcidas, y hasta a verdaderos conflictos ocasionados por los residentes de uno y otro país al presenciar la entrada de tropas extranjeras de todas sus armas, cuya entrada de tropas con equipo semejante no podrían explicársela sino como una verdadera invasión, o como un motivo de desconfianza hacia las fuerzas del otro país.

En cuarto lugar, el Gobierno mexicano estima que desde el momento en que las fuerzas perseguidoras se han puesto en contacto con las fuerzas del país a donde se ha ido a hacer la persecución, resulta del todo innecesaria ésta por parte de las que la comenzaron, a menos que por la importancia del enemigo o por otras causas que en cada caso hayan de tomarse en cuenta por los comandantes de ellas, uno u otro Gobierno recíprocamente solicitare el auxilio de las fuerzas que han comenzado la batida. De aquí la necesidad de limitar en territorio extranjero, a ocho días, la permanencia de las fuerzas que han emprendido la persecución, pues ese tiempo se considera bastante para entrar y salir con toda amplitud de la zona a que se refiere el artículo primero y para que pueda haber contacto con las fuerzas del propio país adonde el enemigo se ha refugiado, y pueden ser relevadas las perseguidoras por éstas.

Por último, la limitación relativa al número de tropas cuyo paso se permita es un punto de importancia, pues debe suponerse que las partidas de bandoleros no son numerosas, y que en todo caso bastará para su persecución una fuerza de caballería no mayor de mil hombres que en milicia es el número máximo de las fuerzas volantes ligeras. Si se permitiera el paso de un número mayor de tropas, podría siempre darse lugar a torcidas interpretaciones, que es de todo punto necesario evitar en bien de la conservación e inalterabilidad de las buenas relaciones entre uno y otro país.

Dentro de este orden de ideas queda usted en libertad para poder ampliar sus razonamientos como lo estime prudente al tratar de este asunto con el Departamento de Estado, sirviéndose comunicar oportunamente a esta Secretaría lo que el Gobierno de Estados Unidos resuelva.

Salúdolo afectuosamente.

C. Aguilar

OBSERVACIONES SOBRE EL PROYECTO DE CONVENIO

PRESENTADO POR LOS ESTADOS UNIDOS

El proyecto puede aceptarse en principio en la parte que contiene. Las principales observaciones que deben hacerse se refieren a los puntos omitidos del proyecto que nosotros enviamos.

Art. 1o. En mi concepto no hay ningún inconveniente en que quede en la forma en que está.

Art. 2o. Puede quedar como se encuentra, y el número en blanco, veinte kilómetros.

Art. 3o. Podrá quedar como se encuentra, agregando al final: ...una noticia en cuanto al número de tropas que crucen la frontera, lugar donde la han cruzado y objeto del cruce.

Art. 4o. No es posible determinar que en todo caso debe existir una cooperación entre unas fuerzas y otras. Solamente los hechos podrán demostrar en cada caso concreto si conviene la cooperación, y para ese efecto debería decirse en el artículo cuarto que los comandantes de las fuerzas serán los encargados de determinar si conviene y en qué forma puede efectuarse la cooperación.

Art. 5o. El punto verdaderamente importante de este artículo es el que pueda determinarse cuándo ha llegado el caso de abandonar la persecución por falta de éxito. Este es uno de los puntos en que más vigorosamente debe insistirse con Washington para que se llegue a una conclusión sobre él, pues es el que podría prestarse a la permanencia indefinida de tropas de una nación en territorio de la otra. En mi concepto debería esclarecerse la primera parte del artículo diciendo que la fuerza perseguidora se retirará a su propio territorio tan pronto como haya alcanzado el objeto que se propone, o cuando los hechos demuestren que la continuación de la persecución sería infructuosa, o inconveniente.

Debe considerarse que la persecución es infructuosa cuando para efectuarla se tuvieran que organizar trabajos de exploración y operaciones militares tales que pasaran de los límites de una verdadera persecución, tomando los caracteres de verdaderas operaciones militares. Debe también considerarse innecesaria la persecución, cuando la banda perseguida entre en contacto o se empeñe en una lucha con tropas del país donde se efectúe la persecución, o cuando estas fuerzas se encuentren efectuando la persecución de la misma banda, pues en todos estos casos es innecesario que se continúe la persecución por tropas extranjeras. La persecución debe abandonarse por inconveniente, cuando para que tuviera éxito debiera internarse considerablemente en el territorio del país donde se efectúa, o cuando por diversas circunstancias o por hechos que hayan surgido, pudieran provocarse dificultades entre las poblaciones o las fuerzas del país donde se efectúe la persecución y las fuerzas perseguidoras extranjeras.

La segunda parte del artículo quinto debería quedar como está, diciéndose solamente: "por el tiempo estrictamente necesario para lograr el objeto concreto que se propone la persecución".

Art. 6o. Puede quedar como se encuentra.

Art. 7o. Puede quedar como se encuentra, pero debe insistirse en que los hechos aislados cometidos por soldados o nacionales, de uno u otro país, contra los del otro, por confusión, error o resentimiento, no comprometerán a los países, sino que se considerarán siempre como hechos delictuosos aislados, que cada uno debe castigar.

Art. 8o. Este debe quedar como se encuentra, como una consecuencia de la observación hecha antes.

Entre los puntos omitidos en el proyecto americano están todas las limitaciones propuestas por el Gobierno mexicano, respecto del número de tropas, calidad del arma, duración de la persecución y distancia de la línea fronteriza.

Siendo este convenio una especie de tolerancia excepcional contra la soberanía de uno y otro país, debe limitarse estrictamente a los términos de una verdadera necesidad de defensa de una y otra nación, y especialmente es la nación de menos recursos militares la que debe procurar limitar el alcance del convenio a los términos de la más absoluta necesidad.

Al discutir este convenio siempre debe tomarse en cuenta que las bandas de malhechores contra las cuales se pretende efectuar la persecución, por regla general, bandas armadas y montadas, de una rapidísima movilización y que en la mayor parte de los casos procuran atacar lugares distantes de los acantonamientos militares o de los puestos de tropas, y que, por lo tanto, la persecución que contra ellas se efectúe debe ser una persecución rápida y efectiva para que ésta sea una persecución efectiva.

En este sentido es como deben tenerse en cuenta las siguientes limitaciones:

Limitación de distancia. Es indispensable que nuestro Embajador en Washington insista muy decididamente en que se fije una zona, a uno y otro lado de la línea divisoria, dentro de la cual pueda únicamente permitirse la persecución por tropas extranjeras. La falta de determinación en la distancia sería siempre motivo de conflictos. La distancia que el proyecto mexicano había fijado, de sesenta kilómetros, está indicada como la más acertada, y es una distancia que puede recorrerse por las bandas perseguidas con mucha facilidad en un día de camino. La extensión podría ampliarse, en caso de insistencia de parte de los Estados Unidos, en mi opinión, hasta un máximo de cien millas, que puede considerarse la distancia máxima que podría cubrir una fuerza ligera de caballería en dos días.

Limitación de tiempo. La permanencia de tropas extranjeras en territorio de otro país debe ser también limitada en tiempo, por razones de prudencia. Teniendo en cuenta la prohibición, ya admitida por Estados Unidos, respecto de ocupación de poblaciones o establecimiento de puestos militares en territorio extranjero, no se concibe la necesidad de la permanencia de la fuerza perseguidora por más del tiempo necesario para cubrir desahogadamente la ida y vuelta de la fuerza perseguidora hasta el límite de la distancia que se concede.

Podría, por ejemplo, fijarse un término de cinco días, como el más racional; pero en caso de necesidad podría concederse hasta un máximo de diez días. Aun suponiendo una batida que requiriera minuciosas exploraciones, diez días serían suficientes para la persecución que pudiera hacerse partiendo de un punto de la frontera; hasta cien millas hacia adentro; por otra parte es casi seguro que en el término de diez días y a la distancia de cien millas, la fuerza perseguidora puede ser relevada por tropas del país donde se efectúe la persecución, quedando entonces innecesaria la continuación de ésta. Nuestro Embajador en Washington debe procurar, por todos los medios, hacer aceptar una limitación en tiempo.

Otra limitación de tiempo que debe imponerse, es el del que transcurra entre el momento en que se hace sentir la presencia de una banda de malhechores en el lugar, y el momento en que se comience la persecución. No se concebiría por ejemplo, que un mes después del asalto a un poblado fronterizo se organizara la persecución con propósito manifiesto de atrapar la banda que había causado depredaciones un mes antes. Creo que a este respecto deben ser tres días los que se deben considerar como límite máximo, teniendo, sin embargo, en consideración, que podrá suceder que la persecución se comenzara en territorio de un país, que ahí durara varios días y que solamente después de algún tiempo cruzara la frontera y se hiciera necesaria una internación en territorio de otro país.

Número de soldados. El Gobierno mexicano había propuesto la limitación a mil hombres, del número de soldados que deben efectuar la persecución. Teniendo en cuenta la rapidez de movilización de las bandas de malhechores y la circunstancia de que éstas en la mayor parte de los casos no excederían de un máximo de trescientos a quinientos hombres, una fuerza de mil es siempre suficiente para efectuar la persecución, y es también el número de que puede prácticamente disponerse para una persecución rápida inmediata. Un gran número de tropas extranjeras efectuando una persecución, podría provocar demasiada alarma entre los habitantes del otro país.

Limitación en cuanto a la clase de arma. Teniendo siempre en consideración la ligereza de las bandas de malhechores, su persecución no se concibe sino efectuada por una fuerza de caballería verdaderamente ligera. Esta fuerza de caballería puede, sin embargo, necesitar hacer uso de ametralladoras.

En una persecución rápida no se concibe el uso ni la necesidad de fuerza de infantería, que requeriría medios de transporte rápido y que ninguna utilidad efectiva podría prestar para efectuar la persecución.

El uso de la artillería en la persecución de una banda de malhechores, absolutamente no se explica.

Hay un inconveniente en el empleo de infantería, y especialmente en el empleo de artillería en una persecución de este género, que es necesario que nuestro embajador haga conocer al Departamento de Estado de Washington con toda franqueza, aun cuando pudiera parecer delicada su exposición. Me refiero a que el uso de infantería y de artillería, acompañando a una columna volante de caballería, siendo enteramente innecesario, no se explica en el criterio de las poblaciones del país donde se efectúe la persecución, sino como el empleo de esa arma en previsión de dificultades que pudieran surgir con las fuerzas del otro país o con nacionales de las poblaciones del otro país. En este sentido, el uso de infantería y de artillería implica siempre, en el criterio de las fuerzas y de los habitantes de las poblaciones del lugar donde se efectúe la persecución, un principio de desconfianza, y siempre se interpreta como un arma destinada a ser empleada eventualmente contra los nacionales del país donde se efectúa la persecución.

Siendo éste un motivo de los más serios de conflicto, debe de eliminarse cuidadosamente, y en ese sentido el Gobierno mexicano debe insistir como condición sine qua non, en que en el convenio se estipule que las fuerzas perseguidoras nunca pueden consistir de otra arma que la de caballería con facultad de usar ametralladoras.

La razón sobre la cual debe insistirse más vigorosamente, es la absoluta inutilidad de la artillería y de la infantería para una persecución rápida, y el sentimiento de sospecha que esa misma inutilidad tiene que provocar entre los habitantes del país donde se efectúe la persecución.

Fuente: Documentos Históricos de la Revolución Mexicana. XX. Fundador: Isidro Fabela. Las Relaciones Internacionales en la Revolución y Régimen Constitucionalista y la Cuestión Petrolera. 1913-1919. Tomo I. Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de Josefina E. de Fabela. Coordinador: Roberto Ramos V. Investigadores: Luis G. Ceballos, Miguel Saldaña, Baldomero Segura Garcia, Humberto Tejera. Editorial Jus, S. A. México, 1970. pp.291-299. Foto: Mediateca INAH.

 
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