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CARTA DEL INGENIERO FÉLIX F. PALAVICINI DIRIGIDA A DON VENUSTIANO CARRANZA, PIDIÉNDOLE CLEMENCIA

 

Carta del Ingeniero Félix F. Palavicini, Gerente del periódico "El Universal", dirigida a don Venustiano Carranza, pidiéndole clemencia para un sentenciado a muerte, lo cual "consagraría un principio político indispensable en nuestro adelanto cultural: no más sangre de vencidos". [F9-52-29. A.I.F.]

El Universal

Diario político de la mañana

Apartado Postal. 909

1a. de Iturbide, 16.

México, D. F. a 21 de abril de 1919.

Gerencia

Sr. don Venustiano Carranza,

Presidente de la República Mexicana,

Presente.

Sr. Presidente:

La clemencia es prueba de fortaleza: El 24 de julio de 1914, cuando abandonaba yo las mazmorras de Huerta, cuando todavía cabalgaba Ud. en el corcel de guerra pero que ya lo esperaba con las alas abiertas el águila de victoria, le dirigí la siguiente exhortación:

"Señor, no más sangre". La calumnia y el odio han lustrado a usted las botas, y la pasión y el miedo han forjado una leyenda para adornarlo con implacable ferocidad, que no ha existido sino en las imaginaciones enfermas por el miedo y en las conciencias torturadas por el remordimiento."

"Es el momento de que usted diga en voz alta, para que hasta los sordos lo oigan, que su espada está en manos de la justicia, que su acero, templado en las virtudes ciudadanas, en nada se asemeja al puñal de los asesinos."

En aquella fecha no teníamos sino relaciones políticas y personalmente apenas si habíamos cruzado en lejana época palabras banales; más tarde, tuve el honor de marchar al lado de usted y fui testigo de su admirable serenidad ante los fracasos, de su tranquilidad estoica ante la tortura y la muerte de su hermano; yo he visto a usted duro y frío, sereno e inconmovible en muchos trances difíciles y en grandes días de prueba. Cuando puse mi pluma insignificante y mi palabra modesta al servicio de la política que usted dirigía, llevaba la convicción de que su nombre representaba en México la encarnación de la justicia implacable y recta, y cuando me separe de su lado para hacer una política de propia responsabilidad personal, he conservado con valeroso orgullo la memoria de los días en que serví a sus ordenes.

Ninguna discrepancia posterior y ninguna divergencia política en el presente o en el futuro me privaran de la intensa satisfacción que experimento al haber colaborado con un gran patriota y de haber servido a la noble causa, encabezada por tan eminente ciudadano.

Conozco en usted al caudillo nacional de más equilibrado temperamento, de mayor energía y de excepcional probidad, y gozando de mi privilegio de periodista libre, le dirijo estas líneas.

Es necesario combatir incansablemente a los enemigos de la paz hasta reducirlos a la impotencia.

Pero es también urgente abrir amplias, liberales y generosas las fronteras de la patria, a todos los emigrados políticos que deseen regresar al territorio de la República para consagrarse honestamente al trabajo respetando las leyes del país.

Es necesario y es urgente recibir sin ulterior castigo a todos los hombres armados que entreguen sus fusiles y se rindan sin condiciones al Gobierno.

Es necesario y es urgente no fusilar a ningún prisionero.

No ignoro que la sociedad indignada protesta contra aquellos malhechores que han resuelto la voladura de trenes de pasajeros donde forzosamente perecen mujeres y niños.

No ignoro que hijos de Huitzilopoxtli, nuestros compatriotas suelen respetar únicamente a los bebedores de sangre.

No ignoro que la benevolencia para los espíritus pervertidos se confunde con la debilidad o la cobardía; pero usted, señor Presidente sabe, y yo se que usted lo sabe, que la clemencia es prueba de fortaleza y a despecho de temblorosas vacilaciones en uno y a pesar de melosas adulaciones de otros, usted procede siempre por los impulsos de su corazón que es bueno y porque es sano y obedece a las inspiraciones de su cerebro nunca ofuscado por el odio.

Señor Presidente, la esposa y el hijo de un prisionero sentenciado a muerte solicitan de mí que interceda ante usted por la vida de este.

No quiero saber como se llama el reo; quiero ignorar sus faltas o sus crímenes; se solamente que es la vida de un hombre y yo la pido a usted.

Señor, nunca fui a usted para solicitar una concesión ventajosa, un contrato lucrativo, una granjería excepcional, una canonjía tranquila; ni al Primer Jefe antes ni al Presidente de la República después, pedí a titulo de amigo, facilidades que me produjeran dinero ni favores que me hicieran rico.

Usted sabe, señor Presidente, que cuantas veces he tenido el honor de estrecharle la mano ha sido con propósitos elevados y con fines de noble interés nacional. Es seguramente por estas razones por lo que disfruto el alto honor de saberme conceptuado por usted como un amigo personal digno de serlo.

No le pido a usted ahora solamente la salvación de una vida humana, sino la consagración de un principio político indispensable en nuestro adelanto cultural: 'no más sangre de vencidos'.

Se que su magnanimidad se adelanta a todas las previsiones y espero quizá que cuando este mensaje llegue a sus manos ya el reo habrá merecido su indulto; pero es para hoy como para mañana y para siempre que grito: No más sangre, e invocando las frases de Victor Hugo concluyo:

"¡En nombre de todos los muertos y en el de todos los mártires nada de venganzas! La vida es sagrada. El Águila de hoy, cerniéndose en el espacio deja que la sangre enmohezca el pico de viejo buitre. El pueblo debe crecer, ser amo cuando le toque: que la grandeza se prueba con la dulzura. El derecho no tiene necesidad de enfurecerse".

Señor Presidente, yo confío, la patria espera.

Félix F. Palavicini

Fuente: Documentos Históricos de la Revolución Mexicana XVIII. Fundador: Isidro Fabela. Revolución y Régimen Constitucionalista Volumen 6° del Tomo I. Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de Josefina E. de Fabela. Coordinador: Roberto Ramos V. Investigadores: Luis G. Ceballos, Miguel Saldaña, Baldomero Segura Garcia, Humberto Tejera. Editorial Jus, S. A. México, 1970. pp.241-243.

 
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