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EL ORGULLO DE SER DE COAHUILA

 

Los movimientos sociales son los que le han dado rostro a México, y han respondido no sólo a la existencia de problemas nacionales, sino a la exigente necesidad de definir una nacionalidad, una identidad, de buscar ser una nación igual entre iguales pero a la vez diferente a las demás. Ser mexicanos es el resultado del esfuerzo de muchos hombres que forjaron a nuestra nacionalidad; hoy nos sentimos orgullosos, como orgullosos estamos de nuestro estado, Coahuila, que dio a la patria una pléyade de hombres que forjaron a esta nación. De esos hombres quise escribir algunas anécdotas que sirvan de ejemplo para nuestras vidas porque nosotros sí tenemos historia.

UNA MINA DE ORO

En una tarde de tantas, se encontraban reunidos en amena plática varios de los jefes militares del triunfante Ejército constitucionalista, cuando se le acerca un humilde indio que cargaba un morral con bastante peso y con un aire de bastante misterio se dirigió a uno de aquellos jefes, a quien le comunicó que él era un pobre indio que vivía en las serranías y que era un gambusino y que se había encontrado una veta bastante rica en oro y que al momento del morral aquel sacó una roca de algunos kilos de peso, la que efectivamente mostraba signos del preciado metal.

"Pero usted tiene pinta de zapatista amigo”, sí mi jefe, así parece, pero no, yo soy un viejo minero y pos la verdad mire nomás lo que me encontré. Aquellos generales intercambiaron miradas y abandonando el café donde departían se dirigieron a entrevistarse con el primer jefe don Venustiano, a quien le informaron del hallazgo de aquel hombre y que pues le vendría bien una minita de oro. Al indio aquel se le trató desde ese momento como a un potentado minero, con buen hotel, buenas comidas, mientras se organizaba la expedición.

Don Venustiano, taimado y previsor les entrega un sobre cerrado con las instrucciones de abrirlo hasta que estuvieran en la famosa mina.

Sale la caravana y a la tercera jornada aquel indio se separa del grueso de la columna y hace señas con una bandera roja, iniciándose una verdadera balacera contra los soldados revolucionarios metidos a mineros, más de una hora duró aquel reñido combate, siendo retenido aquel indio al que se le interrogó, confesando que no había tal mina que había sido una orden de sus jefes sacarlos a terreno para eliminarlos, siendo inmediatamente colgado para que pagara según ellos por su traición. Ya serenos se acuerdan del sobre que les dio don Venustiano, proceden a abrirlo encontrando la siguiente carta:

 "Como sé que todo lo de la mina es una mentira, les pido me traigan vivo a ese hombre si es que logran aprehenderlo y recuerden que no hay que buscar minas donde no las hay. Si ustedes quieren hacerse ricos, tengan presente que no hay más riqueza en esta vida que una labor ejemplar y un trabajo honrado.”

YO SOLO TOMÉ LA PLAZA DE CANDELA

Candela, Coahuila. Las fuerzas de la Revolución estaban posesionadas de la población, pero sabían que ya los federales estaban organizándose cerca de Lampazos, Nuevo León al mando del general Rubio Navarrete y José Alessio Robles, los que con todas las precauciones se fueron acercándose a la población de Candela. Cerca del punto conocido como Valladares se inició el combate escuchando los rebeldes el canto de las "coconas”, como así se les decía a las ametralladoras federales.

Una batalla desigual en número y armamento, sin embargo don Jesús Carranza esperó que la población civil fuera evacuada, y luchando palmo a palmo ordenó la retirada de Candela, sólo para establecer el campamento muy cerca de la población. En ese lugar esperaron tranquilamente para buscar la revancha.

Fue el jueves 5 de julio de 1913, cuando personalmente don Venustiano dio la orden de reconquistar Candela, ordenando a Pablo González la dirección de la operación del asalto.

Todo se hizo de acuerdo con lo establecido acercándose hasta cerca de un kilómetro de la población, fue entonces cuando el teniente Primitivo González, de las fuerzas de don Pablo se separó de la columna extraviándose en la oscuridad, siguió caminando por su cuenta, llegando hasta cerca de un jacal donde una mujer se afanaba en preparar la cena, el teniente González le pide a la buena mujer le diera algo de comer, y ella lo hizo de buena gana. Después de haber comido a llenar, sacó un cigarrillo de hoja, lo lió ceremoniosamente y con toda tranquilidad se lo fumó, viendo las formas caprichosas que formaba el humo de su cigarro, terminando de fumar le pregunta que cómo se llama el pueblo, contestando aquella mujer Candela. Al escuchar el nombre se levanta rápidamente, saca unas monedas de su bolsa le paga a aquella mujer y se regresa por donde llegó.

Al incorporarse a su destacamento se ufanaba de decir dónde había cenado y decía "yo solito fui y tomé el pueblo de Candela, ay ustedes saben si quieren ir”.  Al día siguiente el combate se iniciaría y los federales sufrirían una vergonzosa derrota.

SOLDADOS VETERANOS

Panchito tenía once años de edad y ya era un soldado, con su rifle, demasiado pesado para él, y un caballo al que tenían que subirlo para poder montarlo. Victoriano era su compadre, un veterano de catorce años. Otros siete de la tropa tenían menos de diecisiete. También iba una mujer, de cara indígena, adusta; montaba una silla de mujer, llevando dos cananas y dormía junto a ellos en los cuarteles.

"¿Por qué estás peleando? le interrogué  "hizo un movimiento de cabeza hacia la torva figura de Julián Reyes y respondió: "porque él lo hace. El que a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija.

"El que es buen gallo en cualquier gallinero canta remató Isidro”.

"El que es perico dondequiera es verde” concurrió algún otro. "Caras vemos, corazones no sabemos” dijo José con sentimiento.

"Al mediodía lazamos un novillo y lo matamos. Como no había tiempo para hacer fuego, le sacamos tiras de carne y nos la comimos cruda”. "Es buena para los hombres en campaña, no tenemos tiempo para otra cosa sino para comer carne cruda. Nos hace más valientes”.

VILLISTA POR CORTO TIEMPO Y NECESIDAD

El general Francisco Murguía, como casi siempre lo hacía, valiente y decidido en una batalla contra las fuerzas de Villa, avanzó sobre las posiciones enemigas haciéndolo con tal ímpetu que rebasando a sus propias tropas se revolvió entre las fuerzas de Villa sólo acompañado de dos ayudantes y tres asistentes, al darse cuenta de lo comprometido de su situación y encontrándose frente a un regimiento enemigo y sabiendo que sólo la serenidad podría salvarle la vida, ordena con voz de trueno a un general villista que con sus tropas flanqueara a las fuerzas que venían en su apoyo.

El general villista, algo desconcertado por no reconocer a quién le daba las órdenes, le pregunta "a qué fuerzas pertenece”, a lo que Murguía contesta sereno que "a las mismas qué no ve”, a lo que el general villista obedece dando oportunidad a que el general Murguía pueda incorporarse con sus tropas. Al darse cuenta los villistas del engaño realizan algunas descargas sin efecto alguno.

Es nuestra historia patria, llena de anécdotas de los hombres que en los diferentes movimientos sociales se han entregado por las causas populares, pero pues como decía un buen amigo: "Así es esto”.

Fuente: Articulo autoría de Heriberto Robles Rosales.  Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla .

 
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