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PORFIRIO DÍAZ

 

GENERAL PORFIRIO DÍAZ MORI (1830-1915)

Nació en Oaxaca en 1830, el 15 de septiembre, hijo legítimo de José de la Cruz Díaz y Petrona Mori; sus abuelos paternos Manuel José Díaz y María Catarina Orozco; Maternos Mariano Morí y Teda Cortés.

Aprendió las letras en la escuela pública en 1843, desde muy joven sintió una enorme admiración por Benito Juárez, de quien sería firme partidario durante muchos años. Estudió en el seminario como alumno externo, pero por influencia de Juárez abandonó la carrera eclesiástica.

Desempeñó los oficios de carpintero, zapatero y herrero. Por consejo del liberal Marcos Pérez, ingresó en el Instituto de Ciencias y Artes a la carrera de Leyes, y sostuvo dichos estudios trabajando como bibliotecario en el Instituto de la Ciudad, pero no terminaría esta carrera.

Posteriormente se enlistó en la vida militar. Tenía entonces Porfirio Díaz 16 años y como escuchara de labios de uno de sus profesores, que era deber de los mexicanos defender el territorio invadido, tomó este sentimiento en el estudiante la misma forma activa y enérgica con que en su corazón se han revelado todos en el curso de su vida. Así, pues, congregó a algunos de sus condiscípulos y poniéndose resueltamente a la cabeza de ellos, se dirigió al Gobernador del Estado para ofrecerle sus servicios y los de sus compañeros, como una ofrenda a la Patria; desde que fue aceptado en el colegio se sujetó al duro régimen militar.

Destacó en sus estudios y a los 19 años era ya auxiliar de la cátedra de latín; en esa época sostuvo a su familia y se pagó los estudios con el dinero que conseguía dando conferencias. Una vez en el ejército, luchó primero contra los Estados Unidos (en la intervención donde México perdió más de la mitad de su territorio); la Guerra de Reforma; y luego contra los franceses y el emperador Maximiliano I, tres guerras en las que tuvo ocasión de dar pruebas de enorme arrojo y valentía, de modo que con poco más de treinta años ya se había convertido en un glorioso general.

La mujer a la que más amó se llamó Juana Catarina Romero. Según una leyenda, Don Porfirio Díaz logró en esos años, (1857 aproximadamente) que la empresa del Ferrocarril Transítsmico, que trabajaba en esa zona, desviara el trazo de la vía hasta hacerla pasar a dos metros del chalet estilo francés que construyó para Juana Catarina. Le había regalado el progreso. El 22 de diciembre de 1859 el Presidente de la República recomienda especialmente al Gobernador de Oaxaca, dé el ascenso inmediato al Teniente Coronel Porfirio Díaz, por su brillante comportamiento en el ataque de Tehuantepec, el 25 de noviembre del mismo año.

El 23 de enero de 1860 el General Díaz y sus fuerzas constitucionalistas sufrieron una derrota por parte de las fuerzas reaccionarias que obedecían a Cobos en el pueblo de Mitla. El 30 de enero de 1860 se le nombra Jefe de la Brigada de la Sierra, de la División de operaciones del Estado de Oaxaca. El 19 de abril del mismo año se recibe una mención honorífica por el asalto y toma de la manzana inmediata al Convento de la Concepción en Oaxaca. El 5 de agosto de 1860 se vive una acción de guerra dada en Oaxaca por la División del Estado, en cuya jornada salió herrado el coronel Porfirio Díaz.

El 14 de julio de 1861 se le otorga una mención honorífica por su arrojo en la jornada de Jalatlaco y por lo cual se le da el grado de General de Brigada. El 28 de abril de 1863 recibe una mención honorífica por el combate del 25 de abril en puebla. El mismo año es nombrado General en Jefe del Ejército de Operaciones.

Durante la guerra de Reforma Don Porfirio Díaz libró 12 batallas, fue herido de gravedad, creó una policía secreta, sufrió peritonitis, instaló una fábrica de municiones, se volvió experto en ataques súbitos y emboscadas. Pero sobre todo en manejar hombres, adivinar pasiones y ambiciones, y aprovecharlas. "Hubo un tiempo en que no recibí ni instrucciones ni ayuda de mi gobierno, por lo que me vi obligado a pensar por mí y convertirme en gobierno", aseguró Díaz. Los frutos vendrían más tarde, en 1866, cuando su estrella militar comenzase a brillar por encima de todas, sus triunfos de Jalatlaco, Miahuatlán y La Carbonera resonarían en los campos liberales. El 2 de abril de 1867 lograba en Puebla su victoria más importante: la puntilla del Imperio.

El 20 de enero de 1868, el presidente Juárez y el General Porfirio Díaz, se cruzan telegramas de felicitación al inaugurar la comunicación con la Ciudad de Oaxaca. Al finalizar el siglo XIX las líneas telegráficas comunicaban a casi toda la República Mexicana. Ya para esta época, Guillermo Marconi había inventado el telégrafo sin hilos. La primera línea de teléfono que existió en la República Mexicana, fue la que se tendió entre el Castillo de Chapultepec y Palacio Nacional el 16 de febrero de 1878.

En 1867 se había casado con Delfina Ortega Díaz, su sobrina carnal, la hija de su hermana Manuela, en ese matrimonio procrea a sus hijos Porfirio y Luz. Al morir su primera esposa se retractó por escrito aunque privadamente de haber apoyado las Leyes de Reforma. Con las mujeres de su familia su esposa y sus hijas Luz y Amada, ésta nacida de una madre juchiteca en los años sesenta, se mostraba tierno y respetuoso. Con los hombres, sobre todo con su hijo "Porfirito", a quien apodaban "el Chas" por su desagradable costumbre de estornudar en público, se comportaba durísimo; a los doce años lo mandó al Colegio Militar, donde fue tratado con severidad.

En 1871 formó el Partido Porfirista para denunciar el abuso de poder de Juárez, dando un nuevo giro a su ambición personal y orientándola hacia la obtención del poder político. No obstante, fue Sebastián Lerdo de Tejada el que accedió a la presidencia cuando Juárez falleció de un ataque al corazón el año siguiente. Porfirio Díaz secundó su estrategia y rindió servicios como diputado por Oaxaca durante algún tiempo y luego se retiró a la vida privada, pero cuando supo que Lerdo pretendía presentarse a la reelección, lo combatió. Anteriormente, en plena Revolución de Tuxtepec, Don Porfirio, al verse perdido en el pueblo norteño de Icamole, prorrumpió en llanto. Le dirían "El llorón de Icamole", pero a la postre los vencería a todos y ocupó él mismo la presidencia el 26 de noviembre de 1876. La legalidad se restableció cuando salió elegido por el Congreso como presidente constitucional el 5 de mayo de 1877.

Fue presidente Constitucional de la República para el periodo de 1877 a 1880. Según la Constitución Mexicana, Díaz no podía permanecer en la presidencia durante dos mandatos consecutivos por lo que tuvo que renunciar en 1880 aunque continuó en el gobierno como Secretario de Fomento. En 1881, su amigo, el Padre Eulogio Gillow daría la bendición matrimonial a Don Porfirio Díaz (viudo de 51 años) y a Carmelita Romero Rubio (17 años). Fue reelegido en 1884 y consiguió la aprobación de una enmienda a la Constitución que permitía la sucesión de mandatos presidenciales.

En 1884 se encontró con una situación caótica ya que no había dinero en las arcas nacionales y la tranquilidad pública se había alterado. Al tomar posesión se restableció la paz, se regularizaron inmediatamente los pagos y el comercio volvió a dar señales de vida.

Durante su primer mandato reformó la Constitución para imponer, según había defendido siempre, la no-reelección de los presidentes, y congruente con sus ideas, en 1880 cedió el gobierno de la nación al general Manuel González, quien ocupó el poder hasta 1884, pero Porfirio Díaz volvió para quedarse hasta ¡1911! Unido a Juárez, participó destacadamente en la revuelta de Ayutla (1858-1860) y la lucha contra la invasión francesa (1862-1867).

El 2 de octubre de 1886, el gobierno anunció la publicación del reglamento para establecer una Escuela Normal para Profesores. En la segunda reelección de Díaz (1888-1892), inició reformas legislativas importantes como permitir el acceso a la mujer en las carreras profesionales.

Recibió del Ministro de Francia en México las insignias de la Legión de Honor que le confirió el gobierno francés. Don Porfirio Díaz se reelegiría por 3ª ocasión para el periodo de 1892-1896. En la 4ª reelección cubrió el periodo de 1896-1900 y en la 5ª el periodo de 1900-1904. En 1903 se reformó una vez más la Constitución, prolongando el periodo presidencial a seis años y se creó la vicepresidencia. El 1º de diciembre de 1904 inició su sexto periodo de reelección.

Figura autoritaria que impuso la paz a sangre y fuego en México durante décadas. El general Profirió Díaz permaneció al ala militarista del Partido Liberal y nadie como él mismo, supo dar cuenta de las vanas esperanzas y de la miseria efectiva de su ejército al frente de la nación; cuando lo definió como una política patriarcal, guiando y restringiendo las tendencias populares, en el convencimiento de que una paz forzosa permitirá fomentar la educación, la industria y el comercio. Este despotismo ilustrado, que sólo satisfizo la parte más autoritaria y represiva del programa, fue llevado a cabo por un hombre a quien sus más insidiosos enemigos negaban la más mínima ilustración. Aunque otros datos parezcan confirmar su evidente formación intelectual y una sincera y más enfocada preocupación por el desarrollo de su país.

En cualquier caso, la contradicción más flagrante de la trayectoria biográfica de Profirió Díaz consiste en la paradoja que ingresó en la vida política, tras una brillante carrera militar, enfrentándose a Benito Juárez y defendiendo el principio de no reelección presidencial, pero él mismo, cuarenta años después, exasperó a los más pacientes y desató una revolución en su país al intentar ser reelecto por séptima vez.

Los defensores de esta figura histórica, de este hombre voluminoso y ojos altivos, hablan de la paz y el progreso, en las comunicaciones, por ejemplo: ¿Qué trajo a su país? Señalan que mantuvo espléndidas relaciones diplomáticas con Francia y reanudó las de Austria. Incluso recuerdan admirados el hecho notable de que sobre su marcial guerrera luciese condecoraciones de casi todos los países de Europa. Pero otros muchos, su política se caracterizó por la violenta y sanguinaria represión de los descontentos, por reducir las instituciones liberales a puro formulismo y por la instauración de una férrea dictadura que, aparte de satisfacer a los sectores más privilegiados de la sociedad mexicana, beneficiaba mayormente a los inversionistas extranjeros, pues pagó religiosamente la deuda externa y permitió que los capitales foráneos, principalmente estadounidenses, se hicieran con el petróleo y con la red ferroviaria, que alcanzaba una extensión de 24,000 kilómetros.

Así mismo, despojó sistemáticamente de sus tierras a los campesinos indígenas a favor de los grandes latifundios, desarrolló la industria textil con capital francés y español y favoreció el establecimiento de poderosas instituciones financieras francesas.

Esta actitud suponía volver la espalda a la burguesía nacional, en situación angustiosa a la pequeña burguesía y a la población campesina. Naturalmente, los brotes de indignación social iban en aumento y la mano dura se convirtió en la primera y última razón. Aquel sable que tan notablemente se había puesto al servicio de la patria, acabó asiendo molinetes patéticos, dando crueles palos de ciego; como cuando un tal Arnaulfo Arroyo atentó contra la vida del presidente en 1898: fracasado su intento, Arroyo fue detenido y asesinado por la policía aquella misma noche.

Porfirio Díaz gobernó México despóticamente durante 44 años hasta que lo derrocó la Revolución. En los primeros años del siglo XX el gobierno de Porfirio Díaz se fue debilitando, tenía poca credibilidad y muchos opositores; se recrudecieron los actos de represalia contra campesinos y trabajadores, como las matanzas de Río Blanco (1905) y Cananea (1906) y poco después el Partido Liberal Mexicano, bajo el liderazgo de los hermanos Flores Magón, publicaba un manifiesto de 28 puntos considerado como el antecedente inmediato del levantamiento popular de 1910.

Por último, la sublevación de Francisco I. Madero, a quien se unió Emiliano Zapata, motivó que Porfirio Díaz eligiera el exilio y se trasladara a París donde murió en 1915, el 3 de febrero, sus restos descansan en el cementerio de Montparnasse en París.

Fuentes: Historia, Biografía y Geografía de México (3 Tomos). Biografía del Poder, Enrique Krauze, Tusquets Editores, México 1997.

 
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